La ‘gran ópera padana’ de Ponchielli resiste, pero en pocos lugares reaparece tan seguido como en Barcelona (donde sigue siendo bien aceptada, pero por las dudas, los silencios o los pocos aplausos del público -en contraste con las ovaciones finales, como viene siendo ya una costumbre- demuestran que ya no es tan conocida). Cuando fue realmente popular y su reposición podía tener sentido había un solo reparto. Ahora hay dos: las dos funciones a las que asistí tenían buena entrada de público, pero no a rebosar.
Las dos o tres últimas veces (al menos desde 2005)
habíamos tenido la buena producción de Pier Luigi Pizzi, que no descubría la
pólvora, pero era muy satisfactoria. Ahora hemos cambiado por una coproducción
con Nápoles (se estrenó en el San Carlo con Netrebko, Kaufmann y Tézier en los
papeles principales) debida a Romain Gilbert,…
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