Helmuth Rilling © 2025 by Opus 3 Artist
Esta serie comenzó con él.
El 11 de febrero de 2026 falleció Helmuth , director fundador y primer titular de la Real Filharmonía de Galicia. Su voz abrió el Artículo 1 de este recorrido por tres décadas compartidas.
Hoy, al llegar al mes del aniversario, su recuerdo nos devuelve al primer compás.
Treinta años en voz plural
Querido lector, hoy es este día especial, que tanto hemos esperado: el aniversario real de la RFG….
Todo empezó con una fecha poco habitual: el 29 de febrero de 1996, una fecha que solo existe cada cuatro años, pero que marcó el nacimiento de la Filharmonía. Durante estos meses desde cuando empezó la temporada de conciertos, hemos celebrado cada día 29 como gesto simbólico de aquel origen. Este año, sin embargo, febrero no nos regala es día. El calendario se detiene en el 28…
Pero el aniversario está ahí. Y esta vez no llega con una sola voz, sino con muchas —treinta, para ser precisa.
Veinticinco nacen del atril.
Las demás llegan desde otros lugares de estos treinta años.
Desde la memoria.
Desde la responsabildad institucional.
Y una de ellas…desde el silencio.
Algunas, inesperadas.
Hay dos palabras que se repiten con insistencia en las respuestas: ilusión y responsabilidad. Ilusión por comenzar algo nuevo. Responsabilidad por estar a la altura desde la primera nota.
Los recuerdos vuelven con una mezcla de respeto y vértigo. Era el inicio de algo que todavía no tenía tradición, pero sí una exigencia clara desde el primer ensayo.
“Sentía mucho respeto y ganas de aprender”, escribe uno de los músicos. Otro habla de la llegada desde otra tierra y el proceso de ir “sentíndome galego pouco a pouco”.
En los primeros meses, en las pausas, se escuchaba más inglés o alemán que castellano. Se aprendía a convivir mientras se aprendía a escuchar. La orquesta se estaba formando, y con ella, quienes la integraban.
“Primer ensayo con solo 2 primeros violines y 2 segundos, una viola y 4 chelos”, recuerda alguien. Una imagen casi fundacional: el sonido todavía en germen, la estructura mínima, la sensación de que todo estaba por construirse y cada atril sostenía algo más que una partitura.
Y estaba el público. Una certeza aparece una y otra vez en los recuerdos:
Tener consciencia del contacto con el público y de que podía transmitirle una parte de mi propio entusiasmo y alegría por tocar.
Tal vez nadie era plenamente consciente entonces de lo que estaba comenzando. Pero todos intuían que aquello no era solo un trabajo: era el inicio de algo que iba a acompañarles durante décadas. Treinta años después, muchos coinciden en que aquella primera temporada no fue solo el inicio de una orquesta. Fue el inicio de una identidad.
Había tantos…
Muchísimos más de los que caben aquí.
Treinta años no caben en una sola respuesta. Y, aun así, ciertos nombres regresan con naturalidad, como puntos de referencia en la memoria colectiva.
En la dirección, quienes marcaron etapas y estilos: Helmuth Rilling, Antoni , Rudolf , Aldo , , Manuel , , , Franz , , Maximino . Cada uno dejó una forma distinta de respirar la orquesta.
En el ámbito solista, la lista dibuja una conversación sostenida con el máximo nivel internacional: Frank Peter , Natalia , Steven , Aldo , , Rudolf . Jeffrey —al piano y desde la dirección—. Johannes , Baiba , Alicia de . El Chopin de Nicholas , que muchos recuerdan como uno de los conciertos más intensos. Lars . . . y en el Auditorio Nacional.
Siempre estuve más motivado trabajando con maestros y solistas que hacían sonar mejor a mi orquesta.
No es una enumeración. Es una constelación artística que definió un nivel de exigencia.
Entre los proyectos que dejaron huella aparecen Fidelio en el Liceu, la Tercera de Brahms con , Don Giovanni en Bilbao, La Creación en el Palau, las sinfonías de Schubert grabadas, el ciclo , , Santander, la Expo de Hannover con , La Roque d’Anthéron, Salzburgo y las giras internacionales.
Y también aquellos programas en los que los propios compañeros asumían el papel de solistas o la música de cámara se convertía en un espacio de identidad interna.
Más allá de los nombres y los escenarios, lo que permanece es la huella: la sensación de haber formado parte de algo que aspiraba a sonar siempre un poco mejor.
Cuando se les pide una palabra, una imagen o un sonido, las respuestas no construyen una definición cerrada. Construyen un paisaje.
Aparecen palabras sencillas y rotundas: orgullo, respeto, entusiasmo, compromiso, camino. También nombres propios convertidos en símbolo: Bach.
Algunos responden con imágenes o filosofía:
Un contrabaixo baixo a nube de Compostela.
La Berenguela.
Aprender qué significa: SER.
Otros eligen una expresión casi interna, casi técnica: “Da Capo.” Volver a empezar.
Hay quien resume todo en una luz, o en una nota musical que brilla: “Sol.”
Entre palabras y silencios se dibuja algo más que un recuerdo concreto. Se dibuja una atmósfera.
Las respuestas dibujan primero una identidad sonora muy definida. Se habla de un sonido propio. De una formación ágil, casi de cámara ampliada.
De una plantilla clásica —“ventos a dous, corda reducida”— que permite transparencia, definición, elegancia.
Alguien recordó una frase de Jesús : la Real Filharmonía “es como un Ferrari en un circuito”, capaz de rendir al máximo cuando quien la dirige sabe comprender su naturaleza.
Pero no todo es estructura o acústica. También aparece una identidad humana.
Buen ambiente. Camaradería. Juventud y frescura en sus primeros años. La implicación de todos para alcanzar el máximo nivel en cada concierto.
Cincuenta personas capaces de ilusionarse con un gran director y transformar esa energía en algo que trascendía el papel.
Hasta ahora, las voces de esta serie miraban la historia ya convertida en memoria. En esta ocasión, quienes responden siguen —o han seguido hasta hace poco— sentados en el atril. Forman parte del pasado que celebramos y del presente que se está escribiendo. Esa doble condición hace inevitable que en algunas respuestas se entrelazan memoria y actualidad. Una orquesta no es una fotografía fija. Es un organismo vivo. Y lo vivo siempre contiene luces y sombras.
Respetar una celebración también es respetar las voces que la habitan. Esta es, por tanto, una parte de la voz de la orquesta. No pretende abarcarla en su totalidad, sino recoger las miradas de quienes han querido compartir su experiencia en este momento.
Y en ese cruce entre pasado y presente aparecen matices.
Algunos expresan la sensación de que parte de aquella cohesión inicial se ha debilitado. Hablan de un ambiente distinto, de una identidad menos clara, de una ilusión que se ha transformado en los últimos años. Surgen palabras como tristeza, decepción o desconexión. Para algunos, hay un antes y un después. El presente no es uniforme. Pero forma parte de una historia que continúa escribiéndose.
Si el pasado aparece con matices, el futuro se formula en clave de deseo.
Las respuestas son breves, directas, casi telegráficas:
Esperanza y sentido común.
Buena energía y calidad.
Respeto y confianza en los músicos.
Varios hablan de recuperar algo que sienten como propio: volver a brillar, reencontrar las raíces del principio con la experiencia acumulada en estos treinta años, rescatar el buen ambiente, volver a sentirse parte de lo que consideran “nuestra orquesta”.
El deseo artístico aparece con claridad: Programación de nivel. Solistas de calidad. Protagonismo musical. Excelencia sin etiquetas ni dogmatismos. Uno de los músicos escribe:
La música no es buena o mala por su época, sino por su contenido.
Otros lo expresan con palabras más directas:
Conseguir de nuevo la grandeza de la Real Filharmonía de Galicia.
Hacer siempre buenos conciertos y ver la sala llena.
También hay miradas más amplias:
Un mundo mejor donde la cultura sea una necesidad y una prioridad.
La música y las orquestas, como la vida, están en continua evolución.
O futuro é mañá. Será bo se hoxe traballamos ben.
Entre deseos de excelencia, de armonía y de respeto, se repite una idea que atraviesa varias respuestas: seguir sirviendo a la música.
Las respuestas no dibujan un único tono.
Larga vida a la Real Filharmonía de Galicia.
¡Por otros 30 años más!
Muchas felicidades musicales.
Parabéns compañeirXs.
Que vengan mejores tiempos.
Que este aniversario marque un antes y un después.
Es un orgullo formar parte de esta orquesta.
Está creciendo cada vez mejor, es como una familia grande.
Que vuelva la armonía a la filharmonía… en todos los sentidos.
Solo deseo que superemos la grave crisis artística actual.
Es el más triste aniversario.
Brindis. Deseos. Matices.
Treinta años después, la orquesta sigue siendo un lugar donde conviven emociones distintas.
Y donde la música continúa siendo el lugar al que volver.
Entre los ecos que regresan a este aniversario está también la voz de quien ocupó por primera vez de manera estable el atril de concertino en la historia de la orquesta.
formó parte de la Real Filharmonía de Galicia entre 1999 y 2002, siendo el primer concertino titular tras una etapa inicial con concertinos invitados.
Llegué a Galicia después de terminar mis estudios en Holanda y me enamoré de su gente, de su cultura.
Recuerda aquellos años bajo la dirección del maestro Rilling, con la colaboración de Maximino Zumalave, como un proyecto especialmente atractivo por su naturaleza casi camerística:
Lo más bonito para mí era poder tocar en orquesta como si estuviéramos haciendo música de cámara, con gran flexibilidad entre estilos.
Y añade algo que atraviesa muchas de las respuestas recogidas en este artículo: el valor de lo compartido.
Guardo recuerdos maravillosos de trabajar con Rilling, de tocar grandes conciertos con mis queridos compañeros… y de quedarnos después para tomar unos buenos vinos.
Aquellos primeros años estuvieron marcados por la complicidad artística y humana. Pero toda historia musical necesita también una estructura que la sostenga.
La Real Filharmonía de Galicia forma parte del Consorcio de Santiago de Compostela, en el que participan distintas administraciones públicas. Su particularidad, poco habitual en el panorama orquestal español, es que mientras las formaciones vinculadas a la Administración General del Estado lo hacen habitualmente a través del Ministerio de Cultura, la RFG se integra en la estructura del Ministerio de Hacienda en el ámbito estatal.
Esta singularidad administrativa le otorga una posición única dentro del sistema institucional español y amplía el horizonte desde el que puede proyectarse una orquesta pública.
En este aniversario, también la dimensión institucional de la que forma parte la orquesta ha querido estar presente en esta celebración. A continuación, el mensaje de la ministra con motivo de esta efeméride.
Para cualquier organización celebrar 30 años de vida supone un acontecimiento muy especial. Porque es una efeméride que permite reflexionar sobre la trayectoria emprendida, los logros alcanzados o las dificultades encontradas en el camino, desde la visión privilegiada que otorgan la madurez y la experiencia.
Esto es lo que ocurre con la Real Filharmonía de Galicia, que en esta temporada 25/26 va a conmemorar su trigésimo aniversario. Un aniversario que, me consta, afronta con toda la ilusión y con energías renovadas. Con nuevos planes para seguir acercando la música a la gente, a los barrios, a las calles, a las nuevas generaciones de gallegos y gallegas y de otras partes de España o del mundo, porque la música es el lenguaje universal de la humanidad. O incluso abriendo caminos tan interesantes como la colaboración con la ciencia para estudiar el impacto de la música en nuestros genes.
Desde el Ministerio de Hacienda participamos en el Consorcio de la ciudad de Santiago de Compostela, que gestiona y financia a la Real Filharmonía de Galicia desde 2001. Este Consorcio constituye una magnífica experiencia de colaboración entre las distintas administraciones públicas que formamos parte de él, con la finalidad de contribuir a la fijación de población en el casco histórico a través de la rehabilitación del patrimonio o la dinamización turística y cultural.
Contar con una magnífica orquesta, como lo es la Real Filharmonía, no sólo es un evidente atractivo para Santiago de Compostela y para toda Galicia, contribuyendo así a la generación de riqueza y empleos en este territorio. Está demostrado que la música nos permite expresar sentimientos, nos alivia en situaciones de estrés o dolor, favorece el desarrollo personal, la autoestima y nos ayuda a fomentar los vínculos y las conexiones entre las personas. Es decir, la música nos fortalece como personas y como sociedad.
Por ello, a través de estas líneas, quiero transmitir mi enhorabuena a la Real Filharmonía de Galicia por todos estos años de éxitos y, en especial, a todas las personas que hacéis posible este proyecto todos los días porque amáis la música, a un lado y al otro de los escenarios. (María Jesús Montero. Vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Hacienda)
La historia artística se escribe en el escenario. La institucional, en los marcos que la sostienen.
Ambas forman parte de estos treinta años.
Brindamos, una vez más, por nuestra orquesta —y por las tres etapas que han marcado su historia, junto a quienes asumieron la dirección musical en cada una de ellas.
¡Treinta años cumplidos, treinta años jóvenes! Deseo a todos mis queridos colegas y amigos de la Real Filharmonía, y a su público, toda la energía y la ilusión al comenzar juntos los próximos treinta años. ¡Haced música, vivid la música, amad la música!
Nos felicitamos del 30 aniversario de la Real Filharmonía de Galicia con una gran sonrisa como apuesta al futuro.
¡En tu aniversario, querida Real Filharmonía, te deseo alegría y entusiasmo constantes, salas llenas y buenos directores! (mensaje compartido el día de su entrevista para esta serie)
Esta celebración vuelve, inevitablemente, a quien la inició.
El primer compás sigue resonando.
Y la serie continuará…Todavía quedan muchas voces que desean acompañarnos en esta celebración que compartimos cada 29.
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