Larga es la lista de las óperas que se ocupan del caballero de la triste figura y, sin embargo, ninguna ha conseguido acercarlo al repertorio actual. El Don Quixote de Wilhelm Kienzl, obra estrenada en 1898 en la Hofoper de Berlín, tampoco es una excepción.Tras algunas puestas en escena y una pausa que se prolongó durante más de 60 años, Gustav Kuhn, acompañado por el Coro y la Orquesta Sinfónica de la Radiotelevisión Berlinesa, se atrevió en 1998, un siglo después de su estreno, con esta singular rareza operística. Lo hizo, sin embargo, en una representación en forma de concierto pero al mismo tiempo sin cortes.No obstante, la pieza no alcanza nunca tal viveza. Es cierto que de vez en cuando se canta con considerable maestría, pero al compositor (y no pocas veces atropellado letrista) se le va la mano mucho más con el barniz…
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