Vuelta al estreno mundial en la temporada actual. La Monnaie sigue queriendo mantener viva la creación lírica por todos los medios. Loable como intento, no tanto como resultados. Esta vez se trata de un producto íntegramente belga con la consiguiente intensidad de los focos en los medios de comunicación, en el marco del festival de música contemporánea anual que lleva por título Ars Musica. Hubo sí mucho público, al menos en las primeras representaciones, pero es legítimo formularse una serie de preguntas o reflexiones. No se quiere que un teatro lírico sea un museo: muy bien, pero hay un repertorio que no conviene tirar por la borda (y las lagunas o las obsesiones con títulos reiterados o “malditos” son vistosas en La Monnaie, tal vez menos en la gestión actual que en la de Mortier, pero de todos modos existen). Si los espectáculos son…
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