Maria Stuarda no tuvo una fortuna fácil. En su origen, fue zarandeada por la censura. Fue después rehecha, alterada por versiones adulteradas y, durante mucho tiempo, fue cantada en versiones incompletas. En la actualidad, su difusión se resiente porque exige dos protagonistas femeninas capaces de sostener una tensión vocal y escénica que resulta poco habitual debido quizá a que Donizetti no es representado todas las veces que debiera.
El compositor no reserva todo el peso del drama a una sola reina: lo reparte entre dos centros de gravedad que deben equilibrarse sin llegar a anularse mutuamente. No es solo una máquina de lucimiento belcantista ni una simple galería de agravios dinásticos, sino un drama sobre el poder personificado por dos mujeres implacables y construido, por tanto, sobre la fricción entre dos autoridades incompatibles.
Comentarios