Entrevistas

Marina Rebeka: la fuerza vital de una gran intérprete

Francisco Leonarte
Marina Rebeka con su estatuilla del Opera Award Marina Rebeka con su estatuilla del Opera Award © Maestranza
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A la espera de Marina Rebeka, una de las sopranos más admirables de nuestro tiempo, tengo una sensación vagamente similar a la de mi primera cita amorosa. En cuanto llega buscamos un lugar de la cafetería en que no haya música de fondo. Difícil. Al final salimos a las mesas de la terraza aunque sea febrero.

Me he permitido regalarle un tarrito de cancaillote, el estadio previo al queso. «Es un presente muy barato, pero muy francés, y pensé que mejor que flores o bombones... »

-«A menudo las cosas baratas son las más sabrosas»- me responde con una sonrisa entusiasta. Y añade: «La voy a probar ahora mismo» Y ni corta ni perezosa abre el tarrito y lo degusta con fruición: «Me encanta»

Cuando me permito decirle que es igual de guapa que en las fotos y en escena, pero de aspecto más joven y muchísimo más sonriente. Rebeka contesta «Detesto las actitudes de diva».

La conversación empieza con risas. Marina Rebeka tiene el don de contactar inmediatamente con las personas, es tan entusiasta como amable y franca. Responde como torrente, pero siempre a la escucha del otro, siempre pendiente de las sugestiones o de las respuestas de quien le escucha. Sí, se asemeja más a una conversación entre amigos que a una entrevista.

Empieza contando del concierto de ayer. «Diez días de grabación a cinco horas de grabación por día. El mismo día del concierto habíamos tenido antes dos horas de grabación». Sin embargo en el concierto mismo estuvo incandescente, magnífica: « Hoy no he podido dormir más de tres horas. Tenía demasiada adrenalina en el cuerpo». Cuenta sobre los recitativos («eran un estreno mundial. Son muy bellos pero terriblemente difíciles»), sobre el equipo («hemos sido todos una piña, tanto el llamado equipo de producción como el equipo artístico») y cuando a lo largo de la entrevista sale a la conversación esta o aquel compañeros, siempre son palabras elogiosísimas («magnífico», «estupenda», «muy buena»); y sigue contando sobre el traje que llevaba en la segunda parte («Lo ví y pensé que era el ideal para Médée. El problema es que era todo con plumas, y las plumas negras destiñen. Así que al terminar el concierto llevaba brazos de carbonera»), sobre los instrumentos de época («Me encantan, el equilibrio de fuerzas es más natural, la voz suena más dulce, gracias al buen diapasón el cantante se siente más cómodo...»), sobre el pacto entre los cantantes para que cada uno estuviera en escena aunque no cantase si el libreto requería su presencia, sobre algún incidente jocoso (al inicio del segundo acto, la tablet con la partitura de Rebeka no funcionaba y hubo un momento de confusión que suscitó las risas de intérpretes y público) ...

Habla de todo con una mezcla de entusiasmo y ponderación, mezclando, sin confundirlos, lo humano y lo divino, lo trágico y lo cómico.

Por desgracia no hablo letón, ni ruso, pero Marina habla además francés, inglés, italiano, algo de español, así que saltamos de un idioma a otro casi sin darnos cuenta. «¿Y con tu marido, que es argentino de ascendencia armenia, en qué habláis?». Y Marina responde no muy contenta de sí misma «En inglés, y cuando estoy harta del inglés, en italiano». Y acto seguido me cuenta lo mucho que disfruta en Argentina, y el cariño que le tiene a los coloneros «Tengo un recital en Agosto, y me hace mucha ilusión», añade.

Intento hacerle un test rápido (compositor preferido, país preferido, libro preferido...) pero el entusiasmo de Marina no sabe de tests, y a cada respuesta añade otros libros, otros compositores, razona, comenta... Lo dicho, no es una entrevista, es una conversación entre amigos. Porque aunque acabemos de conocernos, Marina consigue hacernos sentir como amigos de toda la vida. No todo el mundo sabe combinar así interés, simpatía y sensación de confianza.

Por ejemplo, cuando le pregunto por un país preferido, me dice tres. Primero Francia, por la lengua, por la cultura, por esa música del francés (que Marina imita cariñosamente burlona como si fuera un sketch de Tip y Coll), por la cocina... Pero me dice que España no le va a la zaga, que adora el sentido de la dignidad español, sus ciudades, su público, y tiene palabras de auténtico cariño para Sevilla («la adoro, aunque no en verano»), Valencia, Madrid, Barcelona («el público del Liceu es maravilloso»). Y claro, Italia, Roma, donde estuvo estudiando antes de empezar su carrera («creo que conozco todos los rincones de Roma»), me cita varios lugares que en efecto no son de los más conocidos, Ostia, Piramide... «Eso sí, creo que la belleza es universal. La belleza no pertenece a tal o cual país. Las restricciones que en un momento se impusieron a la música rusa, por ejemplo, me parecen ridículas. Chaikovsky ya no es ruso, es universal».

FL: Coincido contigo. Las cosas hermosas no son patrimonio de ningún país, todas pertenecen a todo aquel que las ame.

MR: Totalmente de acuerdo.

FL: Hablando de tu repertorio, con ese gran sentido del humor que tienes, con esa vitalidad y esa actitud tan positiva, ¿cómo es eso que no cantas más opera bufa?

MR: Pues tengo Norina y Adina en mi repertorio, pero siempre me llaman para grandes roles trágicos: Abigail {con el que ha tenido un éxito clamoroso en Nápoles}, Médée, Anna Bolena...

FL: Estuviste magnífica hace dos temporadas en versión de concierto en París como Anna Bolena...

MR: Me gustaría abordar las otras dos Tudor, Elisabetta en Robert Devereux, y Maria Stuarda, Maria me haría mucha ilusión

FL: ¿Hay roles con los que sueñas ?

MR: En realidad soy bastante pragmática. Espero que me propongan un rol, veo quién lo ha cantado en el pasado, escucho grabaciones, leo la partitura, olvido las grabaciones y ahí sí, ahí empiezo a soñar con el rol.

FL: Oye, ¿y cómo es posible que en Letonia haya tantos grandes intérpretes cuando no llegáis a los dos millones de habitantes?

MR: Sí, lo sé, Elina (Garança), Maris Jansons, Gidon Kremer, Andris Nelsons, Opolais, Antonenko... Pero ¿has estado en el Festival de Riga?

FL: Eh... no.

MR: Si hubieras estado lo entenderías. Todo el país se moviliza para participar. La música es un asunto nacional. Está presente en todas las familias. Y es que la música, la música en directo nos sienta a todos muy bien

FL: Cierto

MR: No, pero … bueno, esto tal vez no esté probado cien por cien, pero como dicen los italianos, «se non è vero, è ben trovato». Ya sabes que el cuerpo humano está compuesto fundamentalmente de agua, y que el agua puede organizarse en cristales, y no sólo cuando se congela. Pues bien, según un científico japonés {sin duda Masaru Emoto}, cuando escuchamos música en directo también se forman cristales en nuestro cuerpo, unos cristales que se organizan de forma armónica, como la música que escuchamos... Es decir, que la música es directamente positiva para nuestra salud. Sería bueno que lo tuviéramos en cuenta. Cuando se difunda esa teoría, los teatros de ópera y las salas de concierto se llenarán.

FL: Esperémoslo

FL: Un compositor

MR: Rachmaninov (y hace un gesto de deleite, y habla de su pasión por todo Rachmaninov, cita sus Disonancias, su Preludio 13) «pero también adoro la música de cámara francesa, Franck, Fauré... y Verdi, que es en estos momentos mi caballo de batalla...»

FL: Un escritor

MR: Dostoyevski (no lo ha dudado un segundo) «es duro, pero es tan real, tan profundo...» y añade «también está Molière. Pero es otra cosa»

FL: Un pintor

MR: Bouguereau (tampoco lo ha dudado, pero luego van saliendo otros) «y de los contemporáneos, Andreis Krasnikovs» (y me enseña fotos, una pintura muy colorida con inspiraciones naïf y del Bosco), «que es también un científico de alto nivel. Por él me he convertido en editora, para poder publicar un libro con sus ilustraciones».

FL: Un país

MR: Tres. Francia, España e Italia.

FL: Una comida

MR: Agneau de sept heures (cordero de siete horas, una especialidad francesa), bœuf bourguignon (otra), foie-gras chaud (otro), tarta tatin, pasteles (y ahí la tengo que parar poque si no seguiría todavía citándome platos)

FL: ¿Qué música escucha cuando no está preparando una obra ?

MR: «Depende. Escucho todo tipo de música, pero mientras estaba preparando Médée, la obra es de tal intensidad que necesitaba músicas completamente intranscendentes» Y me cita La oreja de Van Gogh, Andrés Calamaro, Luis Miguel, Gigi Finizio, Edit Piaf, Aznavour, Queen...

FL: Un pecado confesable

MR: Los dulces. Y rara, muy raramente, cigarrillos y whisky. Pero eso es muy muy poco frecuente, porque no es bueno para mi voz.

FL: Un lugar para ir de vacaciones

MR: No tengo vacaciones. Si quiero o necesito vacaciones (en Milán tuve que cancelar porque me era in-dis-pen-sable descansar) las tengo que planificar antes.

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