Francia

Las pequeñas cosas de la alta política

Francisco Leonarte
Adams, Nixon in China. Regie de Carrasco
Adams, Nixon in China. Regie de Carrasco © 2026 by Vincent Pontet / OnP
París, miércoles, 11 de marzo de 2026.
Théâtre National de l'Opéra de Paris. Salle Bastille. Nixon in China. Música de John Adams. Libreto de Alice Goodman sobre una propuesta de Peter Sellars. Directora de escena, Valentina Carrasco. Escenografía, Carles Berga, Peter Van Praet. Trajes, Silvia Aymonino. Luces, Peter Van Praet. Creación sonora, Mark Grey. Con Thomas Hampson (Richard Nixon), Renée Fleming (Pat Nixon), Xiaomeng Zhang (Chou En-lai), Joshua Bloom (Henry Kissinger), John Matthew Myers (Mao Tse-tung), Caroline Wettergreen (Chiang Ch'ing, Mao's wife), Aeth Kelly (Nancy T'ang, primera secretaria de Mao), Ning Liang (segunda secretaria), Emmanuela Pascu (tercera secretaria). Choeurs et Orchestre de l'Opéra de Paris. Director de coro, Alessandro di Stefano. Dirección musical, Kent Nagano.
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Vuelve a la Ópera de París Nixon in China, de John Adams, una de las (pocas) óperas de compositor vivo que no sólo se representan con regularidad (ésta es la segunda vez en la Ópera de París) sino que además obtienen la adhesión del público (la sala estaba prácticamente llena, siendo como era un día ‘entre semana’).

El montaje vuelve a ser el de Valentina Carrasco. Con sus defectos y sus aciertos. Entre los defectos el largo documental (once minutos) que cansa al espectador y resulta redundante con respecto a todo lo que se ha visto en la puesta en escena; o el situar toda la larga y compleja escena de la conversación diplomática a cuatro (Nixon Kissinger, Chou En-lai y Mao) en un estrado que aleja a los cantantes del espectador con la consiguiente pérdida de intimidad y de volumen (los cantantes pierden el tono de la conversación y aquello se convierte en un «intentemos que no nos cubra la orquesta»); o aun el problema de la ideíta: Carrasco quiere centrarlo todo sobre los torneos de ping-pong, y así tenemos mesas de ping-pong, y bolas de ping-pong por todas partes y muchos espectadores se pasan la obra preguntándose «por qué ese ping-pong aquí y ahora».

Entre sus indudables aciertos, el juego con siluetas (de niños, de cerdos, de adultos...), su gran sentido del humor, las referencias concretas a las imágenes de propaganda difundidas en su día por el gobierno chino, o la visualización del dragón chino y del águila americana, o aun la ternura del dragón chino con Missis Nixon, amén de una buena dirección de actores, de movimientos de masas fluidos y de un buen sentido del espectáculo, con brillantes finales también desde un punto de vista visual

La compleja partitura de Adams es servida por un buen elenco de cantantes. John Matthew Myers interpreta a Mao con una bonita voz y una buena implicación actoral, aunque vocalmente en su gran escena del primer acto haya de bregar. También se encuentra bastante más cómodo en el tercer acto Xiaomeng Zhang como el primer ministro chino, el enigmático Chou En-lai. En ese tercer acto más lírico Zhang puede hacer gala de su muy bonita voz de barítono lírico.

Adams, Nixon in China. Dirección musical, Kent Nagano. Dirección de escena, Valentina Carrasco. París, Théâtre National de l'Opéra, marzo de 2026. © 2026 by Vincent Pontet / OnP.Adams, Nixon in China. Dirección musical, Kent Nagano. Dirección de escena, Valentina Carrasco. París, Théâtre National de l'Opéra, marzo de 2026. © 2026 by Vincent Pontet / OnP.

Joshua Bloom como Kissinger tiene la baza de una voz rotunda y bien conducida, así como actoralmente un buen sentido del humor. En cuanto al veterano Thomas Hampson como Nixon, parece mentira que a sus setenta años (según las redes) su voz siga tan limpia, sin rastro del vibrato que la vejez suele acarrear.

Otro tanto podría decirse de Renée Fleming, quien hace una preciosa interpretación de Pat Nixon. Con ese extraordinario timbre aterciopelado, ese «double cream» con que los aficionados americanos la bautizaron, Fleming compone un conmovedor retrato de señora mayor.

Adams, Nixon in China. Dirección musical, Kent Nagano. Dirección de escena, Valentina Carrasco. París, Théâtre National de l'Opéra, marzo de 2026. © 2026 by Vincent Pontet / OnP.Adams, Nixon in China. Dirección musical, Kent Nagano. Dirección de escena, Valentina Carrasco. París, Théâtre National de l'Opéra, marzo de 2026. © 2026 by Vincent Pontet / OnP.

Por lo que respecta al rol más exigente de la partitura, el de señora de Mao Tse-Tung, Caroline Wettergreen en el ya famoso monólogo «Soy la mujer de Mao-Tsé-Tung» da bastante potencia y afirmación pero sus agudos son un tanto secos y reduciendo el volumen, un punto estrangulados. Le corresponde mejor el tercer acto donde muestra delicadeza, buena capacidad de expresión y de ternura, y un bonito fraseo.

Aeth Kelly, Ning Liang y Emmanuela Pascu como las tres secretarias, una suerte de tres gracias de la Revolución Cultural China, cumplen estupendamente su cometido

Adams, Nixon in China. Dirección musical, Kent Nagano. Dirección de escena, Valentina Carrasco. París, Théâtre National de l'Opéra, marzo de 2026. © 2026 by Vincent Pontet / OnP.Adams, Nixon in China. Dirección musical, Kent Nagano. Dirección de escena, Valentina Carrasco. París, Théâtre National de l'Opéra, marzo de 2026. © 2026 by Vincent Pontet / OnP.

El coro, que tiene un muy importante papel, no sólo muestra que está muy bien preparado sino que ofrece también entrega escénica y buena disciplina musical (indispensable en este tipo de obras), así como capacidad de matizar y mucha brillantez.

Al podio, Kent Nagano está atentísimo a una compleja partitura y no saca la cabeza para mirar a sus huestes ni en el foso ni en la escena: en ese sentido no parece el mismo Nagano del Sigfrido la temporada pasada, y sólo en los saludos vuelve a mostrar la simpatía que le conocemos. Y es que, insistimos, la partitura de Adams es de gran complejidad y Nagano prefiere asegurarse de que es restituida con exactitud. Pero no olvida Nagano las sutilezas de la orquestación (se escuchan todos los detalles), dando todas las entradas. Lástima que la orquesta parezca un punto pasada de volumen en el primer acto, durante el cuadro de la conversación diplomática...

Entre el público, aquéllos que vuelven a disfrutar de una obra que ya conocen, y aquéllos que constatan «con sorpresa» que hay otras vías para la modernidad musical que no necesariamente pasan por las disonancias. Nixon in China vuelve a encantar, a interrogar o simplemente a abrir el horizonte musical de muchos aficionados. 

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