Vox nostra resonat

Manual para espantar candidatos 2.0

Vicente Salvá
Audiciones de viola Audiciones de viola © 2026 by Vicente Salvá
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El Boletín Oficial del Estado, número 234, de lunes 29 de septiembre de 2025, sección II.B, página 124860, publicó las bases de las audiciones para cubrir la plaza de viola principal de la Real Filharmonía de Galicia. Hasta ahí, todo muy limpio, muy reglamentario, muy administrativo.

Las plazas de principal de sección en una orquesta sinfónica han sido siempre pieza codiciada: un hueso fino para músicos de talento, formación, experiencia y mando en plaza. Ser viola principal viene a ser, para quien abraza ese instrumento de voz grave y sutil melancólica, lo más alto a lo que puede aspirarse dentro del escalafón orquestal. Y a tales puestos suelen acudir aspirantes de medio planeta, porque el hambre de oficio y prestigio no entiende de fronteras. A veces son tantos que no basta una jornada para despacharlos.

Pero en la Real Filharmonía de Galicia parece que soplan otros aires. Ya se vio en las audiciones para violonchelo principal del pasado enero, donde comparecieron apenas cinco aspirantes, cifra más propia de partida de mus que de convocatoria internacional. De esos cinco, salvo uno, ninguno pasó siquiera la primera fase. Y el único que logró alzar la cabeza no consiguió franquear la segunda. Resultado: desolación, escusas administrativas y cara de circunstancias.

Con la viola principal ha ocurrido más o menos lo mismo, con el mismo perfume de fracaso y el mismo regusto de papeleo. Se presentaron diez candidatos. A la segunda fase llegaron solamente tres. Y de esos tres no sobrevivió ninguno a la tercera. La plaza quedó desierta, como queda desierto el sentido común cuando se empeña uno en organizar procesos selectivos que parecen concebidos no para atraer a los mejores, sino para probar cuánto aguanta un músico antes de darse media vuelta y largarse.

Tal vez convendría preguntarse, sin tanto miedo reverencial a la solemnidad del expediente, si las condiciones tan singulares recogidas en las bases no sirven, sobre todo, para espantar candidatos. Hablo de visitas a consulados para poder inscribirse, de trabas en materia de homologación, de pruebas de lengua exigidas de manera discutible y de unas «facilidades» que, vistas de cerca, tienen la misma hospitalidad que un portazo. A eso se suma un repertorio tan original como controvertido, de esa originalidad rebuscada que se refleja también en el repertorio de la RFG y que no seduce: ahuyenta.

Porque la excelencia, si de verdad se la busca, no se invoca como si fuera una estampita ni se la escribe con mayúscula en los discursos. La excelencia se trabaja con rigor, con inteligencia y con unas bases excelentes de verdad, no con ocurrencias, rigideces y obstáculos colocados como alambres de espino. Muchos músicos de la RFG empiezan a mostrar una preocupación bien fundada por estos resultados. Y no es para menos. No solo la plantilla queda huérfana de puestos decisivos, sino que se consumen recursos humanos, tiempo institucional y aparato organizativo en audiciones a las que concurren pocos aspirantes y de las que, para mayor desdicha, tampoco sale eso tan pomposamente llamado excelencia.

A lo mejor habría que sentarse, leer otra vez lo que se ha escrito, pensar dos veces lo que se exige y rectificar mientras aún haya margen. Mientras el navío de la excelencia no empiece a hacer agua por todos los costados y termine en el fondo de un océano de incertidumbre, rodeado de papeles oficiales, actas, firmas y buenas intenciones ahogadas.

Cuando un planteamiento, por muy institucional que se presente, no da resultados, lo sensato es corregirlo. Y quien haya diseñado estas audiciones y redactado estas bases haría bien en darles una vuelta seria, no de adorno, sino de fondo. Reconocer los errores, rectificar y no atrincherarse detrás del paraguas de plomo de la administración.

Yo aquí lo dejo. A ver si suena la flauta, el chelo, la viola o lo que haga falta. Pero que suene ya algo, porque hasta el silencio, cuando se prolonga demasiado, acaba pareciendo una forma de incompetencia.

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