Sabela, la música y el pollo © 2026 by Vicente Salvá
Michael Thallium entrevistó a Sabela la directora técnica de la Real Filharmonía de Galicia. Entre otras cosas, le preguntó si cree que es posible que se haga música sin amor. (44 Sapere aude - Sabela García Fonte - La gestión de una orquesta, publicado el 25 de julio de 2023)
La respuesta de la directora fue esa:
Sí que es posible, pero funcionará mal y no llegará. A veces las cosas se hacen con amor y a veces sin amor, ¿eh? Y de la misma manera puedes cortar un filete de pollo con amor, o sin amor. No creo que hacer música se tenga que hacer con amor; se puede hacer sin amor y funcionar, pero no llega de la misma manera. No está bien hecha.
Tengo la impresión de que Sabela García se sitúa en la vanguardia de las analogías. No termino de comprender la relación entre un filete de pollo y el amor en el contexto de la interpretación musical.
Su observación, lejos de esclarecer el misterio de la música, viene más bien a engrosar ese venerable archivo español de las analogías insolentes, donde el pensamiento, en vez de avanzar, se arremanga, se extravía y acaba dándose una vuelta por la carnicería. Porque comparar la ejecución musical con el modo, amoroso o desamorado, de seccionar un filete de pollo no es ya una figura retórica: es una romería semántica.
Uno, que todavía conservaba la idea de que la música pertenecía al orden del arte, de la emoción, de la forma y aun del espíritu, descubre de pronto que acaso todo se reduzca a una cuestión de cuchillo, pechuga y ternura bien administrada. No es poca revelación. Después de siglos de estética, de tratados, de conservatorios, de pobres diablos devanándose los sesos con Bach, con Mozart o con Falla, resulta que la clave estaba en la pollería. Habrá que rehacer la crítica musical desde la tabla de cortar.
La cosa, además, tiene ese aire tan nuestro de razonamiento que no se sabe si nace de la profundidad o del tropiezo, y que por eso mismo recuerda a Rajoy cuando hacía de la sintaxis una barraca de feria: el vecino era el alcalde y el alcalde quería ser vecino, o cosa pareja; aquí la música se hace con amor o sin amor, como el filete se corta con eros o con oficio. Y del juego de semejantes evidencias se desprende, al parecer, una metafísica doméstica y avícola. Todo encaja y nada se entiende, que es una de las formas superiores del prestigio verbal.
No niego que haya en ello una cierta poesía involuntaria, incluso un desparpajo con gracia; pero convendrá admitir que entre la emoción estética y el despiece de un ave se abre una distancia que ni la buena voluntad ni el sentimentalismo logran abolir. Cortar un filete con amor podrá ennoblecer a quien empuña el cuchillo; lo que no parece tan claro es que tal operación sirva como llave maestra para distinguir la música lograda, de la que nace ya difunta, tibia y sin alma. A este paso, acabaremos clasificando las sinfonías en empanadas, los cuartetos de cuerdas en escabeches y la ópera en guiso de segunda cocción.
En fin, hay frases que iluminan y frases que ahúman. La de Sabela Fonte García pertenece a esta segunda estirpe: no alumbra, pero deja olor. Y no sabría decir si a orquesta, a cocina o a corral.
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