Monasterio de Uclés © 2026 by Rafa Esteve / Wikipedia
El Festival Lux in Tenebris, ya en su quinta edición, está organizado por el propio Monasterio de Uclés, la Fundación Fernando Núñez y su laboratorio de creación cultural, el llamado LaLAB, y se celebra al atardecer del Sábado Santo, cuando en las iglesias cristianas tiene lugar la Vigilia Pascual, las celebración litúrgica más importante del calendario de la Semana Santa, aunque en las tierras castellanas, como en Andalucía, parezcan ser las procesiones el centro neurálgico.
No es este un festival fácil de organizar. Su propia definición indica que es un "Festival de Música Mística, Tradición y Vanguardia" con lo que pone en primer plano el problema básico de qué es 'música religiosa' en la España del año 2026, a qué público debe dirigirse, y cómo hacerlo. Es necesario un equilibrio entre lo propiamente religioso, lo espiritual, lo meramente sensible y así progresivamente hasta llegar incluso a una música para agnósticos cuyo interés por lo espiritual es muy variable y variado ... pero a menudo existe.
Y así cada año, en torno a un gran espectáculo o concierto celebrado al atardecer (que este año consistió en la interpretación de las llamadas Super Lamentaciones de Cristóbal de Morales a cargo del grupo Capella de Ministrers dirigido por Carles Magraner, ya comentado en Mundoclasico.com) LaLAB diseñó una serie de conciertos y experiencias más sensoriales que propiamente espirituales que en su conjunto crearon una 'noche de vigilia' sui generis.
Si escuchando a Morales sentimos la mezcla de una música bellísima, unos textos religiosos conmovedores y emocionantes (se echó en falta que hubiera subtítulos con la traducción del latín o un programa de concierto que incluyera los textos), un entorno artístico impresionante, la iglesia principal del Monasterio de Uclés, e incluso un ambiente frío que contribuía a mantenernos despiertos y ligeramente incómodos, el resto de la noche fue una experiencia más sencilla.
El rico caldo de gallina que nos ofrecieron en el claustro al salir de este primer concierto fue el comienzo de lo que iba a ser una noche distinta. No se trataba sólo de ayudarnos a entrar en calor, sino también de comenzar a crear unos lazos entre desconocidos que se unen convocados por la comida y el calor, algo tan básico que a veces se nos olvida lo necesario que es y cómo conforta.
Con más ánimos entramos en el Presbiterio (a lo largo de la noche se fue recorriendo buena parte del monasterio) para escuchar otro concierto que no fue un mero pasatiempo, sino igualmente significativo. Paloma Gutiérrez del Arroyo y Christos Kanellos Malamas nos ofrecieron una mezcla apasionante entre canto gregoriano (de los siglos IX al XI, principalmente) y canto bizantino que, como ha estado en uso, con un respeto a la tradición que se perdió en Europa Occidental, abarcaba desde el siglo XI al XIX, sin que hubiera gran diferencia entre los cantos más antiguos y más recientes. Por momentos resultaba mágico el modo en que ambos tipos de música se mezclaban con completa naturalidad, demostrando sin palabras que todos venimos del mismo sitio, que lo que resulta religioso y conmovedor en un territorio -independientemente de fronteras- lo es igualmente en otro.
Antes de la 'Cena comunitaria' se nos convocó a una 'Experiencia de los Sentidos', centrada en el olfato, un sentido que a veces parece anquilosado en nuestro mundo casi siempre bien perfumado. Sin embargo muchos psicólogos insisten en que precisamente ese 'primitivismo' del olfato es lo que lo hace especialmente evocador y potente. Personalmente mesultó un poco caótico e incluso desasosegante, porque mientras la comida y la música tienen unos rituales muy bien definidos y que conocemos, un recorrido olfativo es raro: ir destapando el tarro de las esencias o avivar el fuego para que arda mejor el incienso son actividades que parecen más literarias que reales, poner en marcha la imaginación oliendo la mirra que le llevaron al Niño Jesús, las mezclas de 'incienso del Vaticano' o de 'Incienso de los gitanos de Sevilla' comparándolos, o el perfume de nardos que usaba María Magdalena, se convierten en algo curiosamente exótico.
La 'Cena Comunitaria' fue en cambio una ocasión festiva y nuevamente cómoda. Cierto que partir y compartir el pan con desconocidos es algo cada vez menos frecuente -el pan siempre viene cortado a la mesa- y enfrentarse a productos que no sabes a qué saben tiene un cierto aire de aventura, pero fue el momento más sencillo de la noche: mis compañeros de mesa eran interesantes, decidir qué cuentas y qué no de ti mismo es divertido, el descubrimiento del otro es siempre intrigante, y nuevamente la imaginación se pone en marcha. El menú se basaba teóricamente en "las prácticas alimentarias del siglo I, investigadas por Daniel Peña y reinterpretadas por el chef Domingo Sánchez" pero en la práctica era una comida bastante normal, con más elementos árabes actuales que propiamente grecorromanos (probé en una ocasión un 'garum' romano supuestamente auténtico y me alegro mucho de que en esta ocasión nos ofrecieran "Falso garum") y algunos platos de nombre sugestivo como los "Cuernos de gacela" que sólo son un dulce similar a otros que todavía perviven en muchos lugares de España (y que afortunadamente aún no han llegado a los supermercados).
La cena y la charla en la mesa fueron cortadas demasiado pronto para convocarnos a la Sacristía donde la artista japonesa afincada en Londres Hatis Noit comenzó el segundo bloque musical de la noche, centrado en la vanguardia y no en la tradición, como habían sido los dos conciertos anteriores. Noit se presentó descalza y con algunos micrófonos y altavoces que activaba directamente realizando un juego sonoro interesante centrado en la voz, sus recursos y su manipulación. O sea, con cosas en la tradición de Cathy Berberian, Yoko Ono, Björk, o Laurie Anderson, junto a tradiciones orientales -Noit habla especialmente de su experiencia en Nepal- y unos toques posmodernos que para mí restaban fuerza a su espectáculo.
Este fue para mí el final de Lux in Tenebris. Pasaba ya de la 1 de la madrugada y mi día había comenzado bastante temprano. Los que se quedaron tuvieron dos conciertos más, en el Refectorio y nuevamente en la Sacristía, con música que se presentaba como ambiental, electrónica y experimental, antes de -aquellos que habían optado por el programa completo- retirarse a sus "camarillas" y desayunar en las cocinas del Monasterio.
El programa de la edición 2024 de Lux in Tenebris hablaba de que:
Lux in Tenebris se dirige a un público adulto, con bagaje cultural o interés por la cultura, [...] que busca experiencias integrales que aúnen turismo, arte, patrimonio, gastronomía y ocio. Para disfrutar de Lux in Tenebris no hace falta conocer el texto bíblico, ni tener unas creencias concretas. Solo hace falta estar abierto a descubrir innovadoras maneras de vivir la tradición y el arte. [...]
Es una manera diferente de entender la tradición, una lectura contemporánea de las celebraciones litúrgicas de la Semana Santa y una recreación de una atmósfera única que invita a conectar con uno mismo [...]. Durante las horas que dura Lux in Tenebris se ofrecen varias propuestas artísticas que conjugan la tradición y el patrimonio con la narrativa del siglo XXI, la tecnología y la poética digital para ofrecer espectáculos inéditos que apelan a todos los sentidos.
¿Consiguieron estos objetivos en la edición de 2026? Pues yo creo que sí
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