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Nuestra experiencia vital

Joseph Haydn
Joseph Haydn © Creative Commons
Londres, lunes, 13 de abril de 2026.
Wigmore Hall. Quatuor Arod: Julien Szulman, violín; Alexandre Vu, violín; Tanguy Parisot, viola; y Jérémy Garbarg, violoncello. Joseph Haydn, Cuarteto en sol mayor op 76 nº 1. Piotr Ilich Chaicovski, Cuarteto nº 1 en re mayor op 11. Ciclo 'Wigmore Hall/BBC Lunchtime Concerts'
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Los lunes a mediodía son uno de los momentos en que el Wigmore Hall presenta a jóvenes artistas en programas cortos (una hora escasa de duración), a veces pertenecientes al grupo de los BBC New Generation Artists, si bien el Cuarteto Arod perteneció a este programa en el pasado, entre 2017 y 2019 (y casi simultáneamente fueron ECHO Rising Star). 

Fundado en 2013, el Cuarteto Arod ha desarrollado una carrera muy rápida, ya cargada de premios, cinco grabaciones en Erato/Warner, y residencias en algunas salas importantes. De hecho, actualmente son artistas residentes de la Mendelssohnhaus de Leipzig y de La Belle Saison del Théâtre des Bouffes du Nord de París. En otoño de 2025 sacaron al mercado su último disco, que precisamente recoge el Opus 76 de Haydn completo.

La muy amplia programación del Wigmore Hall presta gran atención a los cuartetos de cuerda, manteniendo así viva una de las tradiciones de esta sala desde su fundación. La arquitectura y la acústica parecen haber sido concebidas para el disfrute de los cuartetos de cuerda y no es casual que la mención al Wigmore Hall sea una rúbrica de valor en los curriculums de los grandes cuartetos desde hace más de un siglo. En los últimos años hemos descubierto jóvenes agrupaciones de excelencia como el Leonkoro o este Arod, que han sido cultivadas y potenciadas por el Wigmore Hall con la colaboración de sociedades filarmónicas de todo el mundo, que gustan de buscar sus artistas y programas entre los presentados en esta sala. 

El Quatuor Arod nos ofreció un programa finamente diseñado: tras un Haydn tardío, un producto juvenil de Chaicovski, el más mozartiano de los compositores de la Belle Époque. Ambos cuartetos comparten elegancia retórica, fluidez narrativa y empatía hacia los ejecutantes y su público. 

La juventud de los componentes del Arod se trasluce a través de un compensado trabajo en equipo que promueve los momentos de expansión individuales de sus miembros, especialmente de Tanguy Parisot (viola) y Jérémy Garbarg (violoncello). Sus versiones muestran un buen conocimiento de las tradiciones interpretativas que combinan libremente y sin prejuicios, y su forma de entender estas dos obras siguen la perspectiva actual: como dos piezas del museo de la música que merecen ser contempladas como monumentos del pasado e incorporados a nuestra experiencia vital como presentes. 

En sus propias palabras, cuando comentan su grabación de los Seis cuartetos op 76 de Haydn,: 

Haydn, el padre fundador del cuarteto de cuerda, compuso los cuartetos del op. 76 con más de sesenta años. Representan a Haydn en la plenitud de su madurez, hallazgos y maestría, mientras explota una amplia paleta expresiva, constituyendo un giro en la historia del cuarteto como género musical.

Y añaden unas interesantes consideraciones prácticas sobre el uso del arco, mostrando su flexibilidad respecto a las tradiciones interpretativas, porque quieren ser "Fieles al espíritu y a la letra de estas obras". Para ello antes de realizar la grabación de los cuartetos op. 76 (2025) encargaron un nuevo juego de arcos, basado en modelos fabricados en la década de 1770 por los célebres hermanos Tourte, mientras sus propios instrumentos, aunque datan de los siglos XVII y XVIII, siguen manteniéndose configurados para la práctica moderna

El arco moderno, inventado después de la época de Haydn, no nos proporcionaba la flexibilidad y la ligereza necesarias, características que definen su escritura [...] El impacto de los arcos clásicos fue inmediato: la articulación se volvió más natural, las respuestas más flexibles, el sonido más transparente. Los arcos transformaron nuestra interpretación, que se volvió más ligera, abierta y libre [...] En definitiva, esta grabación de los cuartetos op. 76 de Haydn constituye un hito importante en nuestra trayectoria, abriendo un nuevo capítulo en nuestra forma de abordar el cuarteto.”

Su interpretación del Cuarteto en sol mayor op 76 nº 1 de Haydn es la mejor prueba de la validez de sus argumentos. Los arcos son parte del instrumento y un medio para alcanzar sus objetivos interpretativos, pero los utilizan con sus instrumentos modificados al gusto actual porque no son reliquias a las que rendir culto. Lo que sonó en el Wigmore Hall fue música viva dirigida a nuestra sensiblidad y una prueba de que Haydn es arte actual, al tiempo que un testimonio intenso de su deslumbrante musicalidad. 

Del mismo modo que el Cuarteto Arod nos ofreció una interpretación de Haydn fiel a las mejores tradiciones interpretativas a la vez que despojada del polvo acumulado, su aproximación a Chaicovski también fue fresca y empática. Chaicovski, como corresponde a su periodo vital, era un artista sentimental sin dejar en ningún momento de ser una persona racional y pragmática, como demuestra su abundantísima correspondencia, que -al igual que Haydn- se rodeó de un círculo incondicional de amigos y familiares que ejercieron de confidentes y consejeros. 

Su Cuarteto nº 1 en re mayor op 11 (1871) se escucha poco. Sus ballets, sus sinfonías, sus óperas son 'tan de repertorio' que su música de cámara parece marginal (y tampoco es habitual su música para piano, excepto Las estaciones del año, porque siempre se considera 'música de salón sin interés' a pesar de que entre ellas, un centenar aproximadamente, hay mucha variedad). Como compositor 'doméstico' Chaicovski escribía libre de los condicionantes implícitos en su producción sinfónica y teatral, en la cual tenía la obligación profesional de gustar al público. Por lo tanto la interpretación de su música de cámara no debe estar condicionada por los estilos y retóricas requeridas por su música pública, tal como demostraron en un espacio no por público menos doméstico, como es el Wigmore Hall. La intensidad de la comunicación visual entre los músicos pareció contagiarse al público que percibió la interpretación de este cuarteto como un paisaje visual al servicio del intenso universo sonoro que se estaba desarrollando. 

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