Reino Unido

Un doble aniversario

Maruxa Baliñas
Jean-Guihen Queyras
Jean-Guihen Queyras © Sociedad de Conciertos de Alicante
Londres, domingo, 12 de abril de 2026.
Wigmore Hall. Jean-Guihen Queyras, violoncello. Alexandre Tharaud, piano. Francis Poulenc, Suite française. Kurt Weill, Youkali (arreglo de Jean-Guihen Queyras y Alexandre Tharaud). Jean Wiéner, Sonata para cello y piano. Alban Berg, Vier Stücke Op. 5 (arreglo de Jean-Guihen Queyras). Franz Schubert, Sonata Arpeggione en la menor D821: II. Adagio. Benjamin Britten, Cello Sonata en do Op. 65: I. Dialogo. Allegro; y V. Moto perpetuo. Presto. Marin Marais, Suite nº 1 en re menor (Deuxième livre de pièces de viole): I. Prélude (arreglo de Jean-Guihen Queyras y Alexandre Tharaud). Claude Debussy, Cello Sonata: I. Prologue. Gabriel Fauré, Sicilienne Op. 78; y Papillon Op. 77. Johannes Brahms, Tres danzas de las Danzas húngaras WoO. 1 (arreglo de Jean-Guihen Queyras y Alexandre Tharaud): Danza húngara nº 1 en sol menor; Danza húngara nº 7 en La mayor; y Danza húngara nº 5 en fa sostenido menor
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Un programa un poco desconcertante, a priori, por esa mezcla de obras y fragmentos, hasta que Jean-Guihen Queyras (Montreal, 1967) explicó que en 2026, además de celebrarse el 125 aniversario del Wigmore Hall, es también el 30 aniversario de su debut y -aunque no lo comentó específicamente- han pasado diez años desde su temporada como artista residente del Wigmore (la de 2015-16). Por lo que comentó, sin dar detalles, todas las obras del programa reflejan algo de su biografía y su carrera artística o tienen algún nexo entre sí. 

El primer bloque de obras fue claramente francés, porque incluso Youkali (1934) de Kurt Weill fue escrita en la época en que Weill estaba exiliado en París (marzo de 1933 - septiembre de 1935) intentando, como tantos otros artistas judíos del área germánica, recrear allí algo del mundo artístico del que provenían, aunque ante las dificultades económicas y la evidencia de que el régimen nazi se iba a prolongar mucho optó -como casi todos- por irse a EEUU y en concreto a la Costa Oeste, donde Hollywood era una fuente de riqueza y proyectos por más que poco interesado en las 'revoluciones artísticas'. 

La primera obra del concierto fue la Suite française (1935) de Francis Poulenc, una de las pocas piezas que sonó completa, y casi coetánea de YoukaliQueyras y Alexandre Tharaud (París, 1968) optaron por una versión desenfadada, casi humorística, como lo es en buena medida la propia obra de Poulenc en estos años previos a la 2ª Guerra Mundial. Ellos disfrutaron y nos hicieron disfrutar con esa aproximación a la tradición musical francesa de los siglos XVI y XVII desde un punto de vista muy distinto al de la búsqueda de la pureza histórica en la década de 1960. 

La tercera obra, aunque escrita por un compositor de la misma edad que Poulenc y Weill, fue totalmente distinta. La Sonata para cello y piano de Jean Wiéner (1896-1982), escrita en 1968, es una curiosa mezcla entre diversos lenguajes de vanguardia del siglo XX: Wiener estrenó obras de Stravinsky en la década de 1920, de sus compañeros y amigos Milhaud y Poulenc, y por supuesto del grupo de Les Six, fue un destacado pianista de jazz y música de cabaret durante el período de entreguerras, sin abandonar su interés por las vanguardias incluso dodecafónicas germanas que introdujo en Francia, y así sucesivamente a lo largo de su vida. Un compositor muy interesante y muy olvidado, dado que gran parte de su música sigue sin estar publicada, lo que dió doble interés a esta Sonata para cello y piano donde suenan mezclados con naturalidad recursos ampliados de las décadas de 1950-60, melodismo Belle Époque y disonancias schoenbergianas.

Tras el descanso, una nueva mezcla de obras, ahora ya con predominio claro de los fragmentos. Las Vier Stücke Op. 5 de Alban Berg, en un arreglo de Jean-Guihen Queyras, sonaron con la expresividad que cada vez más intérpretes se atreven a usar con las obras de la Segunda Escuela de Viena que no dejan de corresponderse pictóricamente con el expresionismo (mucho más que con el arte abstracto). Especialmente atractiva fue la primera pieza, Mässig, que podría definirse como una 'cucada', aunque no sea ese un calificativo que se suela aplicar a este tipo de música. 

Sin interrupción, como si fuera la continuación natural, Queyras y Tharaud interpretaron el Adagio de la Sonata Arpeggione en la menor D821 de Franz Schubert, romanticismo puro y la mejor demostración de cuánto hay de tradición vienesa en Schoenberg, Webern y Berg. Como en las piezas anteriores de Berg, el protagonismo fue para Queyras, limitándose Tharaud a un papel de discreto acompañante, labor que desarrolla magníficamente. 

Un poco más brusco fue el paso, nuevamente sin silencio intermedio, a dos movimientos, el primero y el último, de la Sonata para violonchelo en do Op. 65 de Benjamin Britten, la primera de las cinco grandes obras que escribió para Rostropovich y con una parte pianística más desarrollada puesto que fue el propio Britten quien la estrenó en su Festival de Aldeburgh de 1961 junto a Rostropovich. Aún hay una tercera persona en esta Sonata para violochelo, puesto que Britten incluye el famoso tema de Shostakovich en el quinto movimiento. La interpretación de Queyras y Tharaud fue magistral, para mí lo mejor del recital. 

El siguiente bloque volvió a la música francesa, ahora centrándose en movimientos sueltos de obras mayores, empezando por el breve 'Preludio' que abre la Suite nº 1 en re menor (Deuxième livre de pièces de viole) de Marin Marais, nuevamente en un arreglo de Queyras y Tharaud, quienes mantuvieron una ornamentación netamente barroca dentro de una versión moderna plenamente pianística. El 'Prólogo' de la Sonata para violonchelo (1915) de Debussy sonó muy poco 'impresionista' y hasta con poca personalidad, algo que sobró en cambio en las dos pequeñas piezas de Fauré, la Sicilienne op 78 combinó control sonoro y musicalidad, mientras de Papillon op 77 destacaría que más que una mariposa, lo que presenta Fauré es un moscardón al estilo de Rimski-Korsakov. Dos obras menores que fueron un auténtico placer. 

Para cerrar el concierto Queyras y Tharaud optaron nuevamente por unos arreglos propios de tres de las Danzas húngaras de Brahms. Obras de lucimiento, muy apropiadas para cerrar un concierto por su popularidad, fuerza melódica y capacidad de atracción, que ambos intérpretes aprovecharon sin reparos, incluso haciendo un poco el payaso: afinación 'tensa' en la Danza nº 7 y aparentes desajustes entre ambos en la Danza nº 5, la que cerró el concierto. El público agradeció este relax final y reclamaron un bis (creo que fue el Après un rêve de Fauré para chelo y piano), aunque personalmente creo que hubiera disfrutado más de una obra más seria, como la Sonata para violín de Franck que había cerrado el concierto matinal de Zorman y Golka. Pero era una fiesta y las buenas fiestas suelen terminar así, un poco 'desmadradas'.   

Jean-Guihen Queyras volverá al Wigmore Hall el próximo 12 de septiembre para interpretar el ciclo completo -en un sólo concierto de más de 160 minutos de duración- de las Suites para cello de Bach. 

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