Buena parte de las creaciones de Pina Bausch semejan estar confeccionadas como una colcha de patchwork. Superficialmente parecen manufacturas fragmentarias, retales, cuya composición sólo puede ser entendida considerando su origen común, que son los recuerdos en el caso de Pina Bausch. Recuerdos concitados a reunirse por su portentoso talento teatral, capaz de crear sólidos territorios novedosos con paisajes y geografías tan vívidos que nos deslumbran.
La nueva producción de Kontakhof es un desafío que riza el rizo de la mirada bauschiana, un ejercicio que aspira a sumar nueve memorias individuales de un recuerdo colectivo: el estreno de Kontakthof el 12 de septiembre de 1978 en la Opernhaus de Wuppertal. Cuarenta y siete años después, la segunda querida residencia de la compañía, el Sadler's Wells Theater de Londres, invitó a nueve 1 de los veinte bailarines originales a danzar con sus propios fantasmas -proyectados en transparencias gigantes en blanco y negro- en el escenario.
La nueva coreografía de Meryl Tankard, una de las bailarinas del reparto original, se presentó con el título de Kontakthof – Echoes of ’78, siguiendo una idea que por lo visto Pina Bausch mantuvo a lo largo del tiempo: repetir Kontakthof con los mismos bailarines cuando fueran más viejos (aunque quizá no tanto, porque bastantes de los bailarines rondan ya los 80 años).
A la vista de los espectadores se superponen dos territorios de la memoria: el de la imagen 'de lo que fue' y la representación actoral de cómo lo recuerdan los protagonistas, intentando superar sus propias limitaciones físicas actuales y dejando fluir libremente sus emociones, que los espectadores percibimos más intensas que en el día del estreno, como acostumbra a suceder con los recuerdos.
Por una vez, ha errado el sarcástico consejo de Mark Twain: "Nunca regreses a donde fuiste feliz". La nueva producción de Kontakthof nos pareció una bellísima expresión de la dulzura de vivir, y del paso del tiempo. De hecho, aunque se presentan imágenes de todos los bailarines originales de 1978, sólo nueve de ellos pudieron participar en esta nueva versión. El momento en que, sentados en el escenario, nos contaron brevemente su vida actual y cómo se definen a sí mismos, qué mantienen y qué han cambiado (que no perdido) a lo largo de su vida, fue uno de los momentos más emocionantes de la velada.
Pina Bausch explicaba Kontakthof como
"Kontakthof es un lugar donde se encuentran personas que están buscando contacto. Para mostrarse a sí mismos, para negarse a sí mismos. Con miedos. Deseos. Decepciones. Desesperación. Primeras experiencias. Primeros intentos. La ternura y lo que surge de ella fue un tema importante en la obra. Otro, por ejemplo, fue el circo. Mostrar una parte de uno mismo, superarse a uno mismo".
En Kontakthof – Echoes of ’78 la perspectiva cambia. Ya no son jóvenes buscando relacionarse, contruir su vida, con muchas dudas. En 2026 ya han vivido y mucho, pero tampoco quieren mostrarse como personas 'deterioradas' o en decadencia. Es cierto que las dificultades físicas están siempre presentes, no es fácil bailar con más de 70 años, pero al mismo se presentaban con más seguridad en sí mismos: por retomar la idea de Bausch, se 'mostraban' más de lo que se 'negaban', y la 'ternura' que en 1978 era tímida y desaparecía con rapidez, ahora está mucho más presente, son muy conscientes de que no son individuos aislados, sino una compañía de bailarines que sólo pueden bailar si se ayudan unos a otros, si se suplen en los momentos más exigentes, si se cuidan mutuamente. Por eso, a pesar de todo, Kontakthof – Echoes of ’78 es tan optimista. Y si quieren contagiarse de este optimismo, habrá algunas funciones más de este espectáculo en Saarbrücken (Alemania, 25 de mayo), la Opernhaus Wuppertal (4-6 de junio) donde todo empezó y Lugano (10-11 de junio).
Ana Belén y Víctor Manuel sacaron hace ya muchos años un disco titulado "Para la ternura siempre hay tiempo". Parafraseándoles se puede decir que "para la nostalgia siempre hay tiempo". Y hubo bastante nostalgia en nuestros dos primeros eventos en Londres. Para eso habíamos viajado en realidad, para ver Kontakthof (1978) después de tantos años y para celebrar el cincuentenario del Concierto de Colonia (1975) de Keith Jarrett.
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