Reino Unido

Nostalgia (I): 51 años no son nada

Xoán M. Carreira
Portada de 'The Köln Concert'
Portada de 'The Köln Concert' © 2025 by ECM
Londres, sábado, 11 de abril de 2026.
Barbican Hall. Keith Jarrett: The Köln Concert. Maki Namekawa, piano (transcripción) y Thomas Enhco, piano (improvisación jazz). Barbican Center Cinema: Keith Jarrett: The Art of Improvisation.
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El 24 de enero de 1975 a las 23.30, tras finalizar la ópera de esa noche, la Kölner Opernhaus recibió a un nuevo público dispuesto a escuchar a un pianista de jazz norteamericano -Keith Jarrett (Allentown, Pensilvania, 1945)- relativamente poco conocido, salvo por su espléndido trabajo desde 1970 tocando los teclados electrónicos en el grupo de Miles Davis

Muchos gourmets del jazz, entre los que se incluía Miles Davis, profesaban una gran admiración por las grabaciones de Jarrett para piano solo, que tuvieron escasa difusión pero que lo animaron a ofrecer, desde 1973, conciertos de improvisación en solitario, origen de su debut en la Ópera de Colonia que parecía haber comprado todos los boletos para garantizar una catástrofe: el piano era un trasto inservible, Jarrett tenía fiebre, la hora era muy inapropiada, la organizadora tenía 17 años y dependía del dinero de las entradas para pagar el alquiler de la sala, que nunca había ofrecido conciertos de jazz.  

La discográfica de Jarrett, ECM, animada por el éxito del disco Solo Concerts: Bremen/Lausanne (1973), había programado la grabación de la actuación en Colonia, de la cual realizaron una exquisita edición, conscientes de la extrema singularidad del evento. 

El disco salió a la venta el 30 de noviembre de ese año 1975, inmediatamente se distribuyó por Europa, España incluida, a tiempo para la campaña de Navidad, y llegó a mis manos para que lo comentara en Ritmo junto a las habituales publicaciones fonográficas de 'series B' de gran repertorio. El disco me entusiasmó, mi valoración fue extraordinariamente positiva, y algunos compañeros de Ritmo y aficionados a la música clásica y al jazz me reprocharon esa recomendación que consideraban exagerada sobre un producto que entendían como "flor de un día", producto de moda. 

Me mantuve firme en mi posición con las bendiciones de mis mentores Ángel Mayo y Nonito Pereira, y en pocos meses quedó claro que mi punto de vista no tenía nada de excéntrico: The Köln Concert es -pasado medio siglo- el disco de piano a solo más vendido de la historia de la fonografía. 

Pero a mí me interesa aún más mi consideración de que The Köln Concert no es una fugaz improvisación sino una obra autónoma que ha tenido una enorme influencia sobre la creación musical y las perspectivas estéticas posteriores a la desaparición de la URSS. La publicación de la transcripción del Concierto de Colonia (Mainz: Schott, 1991), con una introducción de Jarrett en la que recomienda a los potenciales intérpretes que no se limiten a seguir la partitura, sino que tengan en cuenta la grabación fonográfica como fuente primera sólo sirvió para consolidar aún más mi concepción autónoma del Concierto de Colonia y desde entonces cada vez que he vuelto a reflexionar sobre él lo he visto aún más claro en confluencia con los numerosos estudios publicados en los últimos treinta años. 

Obviamente cuando me llegó la noticia de que el Barbican iba a programar The Köln Concert me apresuré a reservar las entradas y comprar el vuelo a Londres, convencido de que el evento iba a generar una peregrinación de fans de Jarrett. Tuve la satisfacción de comprobar que a las numerosas personas de edad provecta en la sala se nos unía un amplio grupo multiétnico de jóvenes para quienes Jarrett ya forma parte del canon. 

Antes del concierto, la sala 3 de los cines del Barbican Center programó la proyección de la espléndida película Keith Jarrett: The Art of Improvisation (2005), con presencia de su director, Mike Dibb, quien se explayó sobre algunas circunstancias de la filmación, su trato con Jarrett y su perspectiva sobre él como músico, muy condicionada por opinión de Miles Davis, quien afirmaba que en Jarrett la música fluía con tal naturalidad que es imposible distinguir la persona y la música. 

Mientras aguardábamos el comienzo del concierto abrumé a Maruxa Baliñas con una reflexión sobre los paralelismos entre las carreras y personalidades de Keith Jarrett y Grigori Sokolov (Leningrado, 1950), casi coetáneos: dos músicos extraordinarios, frágiles, con escasas habilidades sociales y que parecen estar a medio camino entre lo humano y lo feérico. 

De nuevo suena el Concierto de Colonia

Los dos pianistas, Maki Namekawa y Thomas Enhco, acordaron repartirse The Köln Concert. Namekawa haría las partes uno y tres, y Enhco la segunda parte, desde perspectivas radicalmente distintas: Namekawa con la partitura de la transcripción en el atril del piano, Enhco retirando incluso el atril y ofreciéndonos su propia improvisación sobre lo que Jarrett tocó hace más de cincuenta años en Colonia. 

Inmediatamente antes de comenzar el concierto, Namekawa compartió con el público su inseguridad dado que ella "es una pianista clásica que no toca jazz" y se siente desconcertada ante la potentísima propuesta de Jarrett. Enhco no dirigió la palabra al público pero, tras escucharlo tocar, deduje que su posición es la inversa de Namekawa: le puede resultar desconcertante la fidelidad extrema a la partitura que Namekawa llevó al grado de incorporar incluso las patadas en el suelo que aparecen en el disco de Jarrett (ignoro si la omisión de los murmullos y sonidos guturales de Jarrett fue una consecuencia de la timidez de Namekawa o simplemente una decisión surgida de su "desconcierto"). 

Sea como fuere, la timidez de Namekawa desapareció tras unos minutos y nos ofreció una ejecución modélica de la primera parte del Köln Concert contando con la ventaja que le proporcionaba disponer de un piano espléndido, lo cual le permitió una plena libertad a la hora de abordar los condicionantes acústicos y armónicos que tuvo que superar Jarrett en la Ópera de Colonia. Creo que es de justicia resaltar esta muestra de generosidad y empatía de Namekawa respecto a Jarrett, fruto de un estudio y reflexión profundas sobre The Köln Concert. Cuando se levantó para saludar, su emoción ante los aplausos no fue suficiente para disimular los signos de cansancio de esta primera media hora de concierto. 

A continuación Enhco nos ofreció un paisaje sonoro y visual totalmente distinto como si el áspero y oscuro camino por el que nos guió Namekawa hubiese desembocado en un oasis bien iluminado en el que se percibían olores de todo tipo. Obviamente el estudio y reflexión de The Köln Concert llevó a Enhco a conclusiones no por distintas menos coherentes que las de Namekawa. 

Tras el intervalo impuesto por la instalación del atril, la tapa superior y la tablet para la tercera parte, Namekawa -descansada y relajada- nos pareció una pianista distinta, más cercana al jazz y con una aproximación muy empática a The Köln Concert en la cual dejó fluir la emoción y una sensibilidad poética que quizás confluya con su propia identidad japonesa. Tuve la sensación totalmente subjetiva de que Namekawa interpretaba los estilemas debussystas de la tercera parte de The Köln Concert de un modo similar al que Toru Takemitsu usó para recrear el simbolismo sonoro identitario de Debussy. Mientras Namekawa continuaba con su tercera parte, Enhco entró en el escenario casi subrepticiamente y acabó por sentarse al lado de Namekawa alternándose con ella -completándose mutuamente las frases- en la sección final de The Köln Concert. 

El encore, lógico y previsible, sorprendió y emocionó a buena parte del público. La excepcional improvisación sobre Somewhere over the rainbow, la canción con la que Jarrett cerró su mítico recital en el Teatro alla Scala de Milán (1995) -hay una versión anterior de Tokio, 1984, algo distinta- y que posteriormente transcribió y fijó en partitura. 

Los asistentes, puestos en pie, braveamos y ovacionamos largo tiempo. Un reconocimiento justo y necesario a una generosa ofrenda musical por parte de dos intérpretes muy distintos reunidos por la admiración hacia un creador excepcional, ahora condenado al silencio debido a un ACV, y por el amor al piano, a la música y, desde luego, por los mundos mágicos que nos hacen trascender. Como casi todos los que estábamos allí, no pude asistir al Concierto de Colonia, pero al menos rendí homenaje. 

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