Programa muy completo, todo con obras del siglo XX (y una del XXI) y con una mezcla de ganchos para atraer a distintos públicos: el que busca obras conocidas (El pájaro de fuego), el que quiere intérpretes-estrella (Zimmermann) y el que busca compositores menos frecuentes (Honegger, Martin); con el añadido de una obra de autor vivo (Uncut de Dusapin).
Pacific 231 tal vez sea la obra más difundida de su autor, y aún así nos parece que debiera aparecer con más frecuencia en las programaciones: su carácter descriptivo atrae siempre al espectador. Pero la música de Honegger va mucho más allá de una mera descripción. Es también un condensado de invenciones rítmicas y armónicas en un gran crescendo. Un disfrute para el oyente y una demostración de buena salud para una orquesta. La Filarmónica de Radio Francia probó en efecto que goza de una envidiable salud musical, capitaneada por un Alain Altinoglu que siempre privilegia la claridad, permitiendo oír a los distintos pupitres y conduciendo la obra con tranquila (e implacable) seguridad.
Le siguió el Concierto para violín de Frank Martin, suizo como Honegger y nacido dos años antes, uno de los compositores más interesantes de su generación (aunque no el más conocido), siempre inquieto, siempre atento a nuevas sugerencias. Tal vez este Concierto peque por momentos de falta de concisión, pero abundan los momentos de gran lirismo y de auténtica originalidad. Y para el violinista es muy lucido por sus constantes dificultades y las grandes posibilidades expresivas.
Frank Peter Zimmermann se luce como el que más: las dificultades parecen pan comido, el sonido suena siempre redondo, incluso en los pianissimi, incluso en los agudos, y Zimmermann conmueve.
Para agradecer los aplausos, Zimmermann nos regala una Obertura francesa de J.S. Bach. ¡Uf! Qué fluidez, qué sabiduría en el manejo de los tiempos, qué fraseo. Gracias don Francisco Pedro … y gracias don Juan Sebastián, por supuesto.
Y vamos con la obra de autor vivo. Uncut – solo nº7 para gran orquesta de Pascal Dusapin comparte con la citada Pacific 231 una gran intensidad en un corto espacio de tiempo. Sólo que si la obra de Honegger está estructurada como una suerte de crescendo, la de Dusapin empieza, continúa y acaba como un gran tutti. Basada en lo que podríamos calificar como breve fórmula temática que va adornándose y mutando, la obra es a la vez potente y sorprendente. Un disfrute de 11 minutos (aprox.) que la Filarmónica y Altinoglu nos brindan con convicción.
Y para terminar, la suite de 1919 de El pájaro de fuego, una de esas obras de ámbito francés que las grandes orquestas francesas conocen al dedillo. De nuevo Altinoglu se distingue por la claridad, permitiendo al espectador apreciar esa disfrutable combinación entre la herencia de Rimski-Korsakov, la influencia del impresionismo francés y la fuerza rítmica del propio Stravinsky que con este ballet conquistará París. Entre evocación y amenaza, los distintos solistas de la Filarmónica se lucen, Olivier Doise al oboe (y qué fiato), Julien Hardy al fagot, Javier Rossetto a la trompeta, o Nicolas Tulliez al arpa.
Público entusiasta al final, como ya ustedes habían sin duda colegido.
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