Francia

Contemporáneo con mucho sirope

Francisco Leonarte
Glass, Satyagraha. Regie de Smith y Schraiber
Glass, Satyagraha. Regie de Smith y Schraiber © 2026 by Yonathan Kellerman / OnP
París, martes, 14 de abril de 2026.
Opéra National de Paris. Salle Garnier. Satyagraha, ópera en tres actos. Música, Philip Glass. Libreto, Constance de Jong. Puesta en escena y coreografía, Bobbi Jene Smith y Or Schraiber. Escenografía, Christian Friedländer. Trajes, Wojciech Dziedzic. Luces, John Torres. Con Anthony Roth Costanzo (contratenor), Ilanah Lobel-Torres (soprano), Davóne Tines (barítono), Adriana Bignani Lesca (contralto), Oliva Boen (soprano), Deepa Johnny (mezzosoprano), Amin Ahangaran (barítono), Nicky Spence (tenor), Nicola Cavallier (bajo). Orquesta y Coro de la Ópera de París (directora del coro, Ching-Lien Wu). Dirección musical, Ingo Merzmacher.
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De los varios compositores que, a la sombra de Cage, crearon en los años setenta del pasado siglo la llamada música minimalista, tal vez sea Philip Glass el más popular. Entre sus numerosas creaciones hay músicas cinematográficas, composiciones sinfónicas y una buena cantidad de obras líricas que parecen haber entrado ya en el repertorio. No sólo eso, sino que su estilo ha triunfado y hoy son legión quienes, de cerca o de lejos, beben de la música de Philip Glass, dentro y fuera de la denominada música new age.

Quien esto escribe sin embargo ha de confesar que, comparado a otros compositores minimal más o menos de su generación (Phill Niblock, La Monte Young, Tom Johnson, John Adams o Steve Reich), Philip Glass siempre le ha parecido menos inventivo, menos tajante, menos rompedor, más acomodaticio... menos interesante, en suma, con armonías que siempre suenan bien, con procedimientos que adulan el gusto del oyente medio.... Todo en la música de Glass me sabe demasiado dulzón, hasta el punto de empalagarme. Las repeticiones de un corto motivo típicas por ejemplo de Steve Reich, me conmueven. Las repeticiones de melodías de Philip Glass, que demasiado me recuerdan las incesantes repeticiones de un mismo tema tan presentes en la comedia musical americana, tienden a hastiarme... Pero, insisto, fuerza es reconocer que Glass ha marcado su época y que ha generado toda una subcorriente de la música. Y además, «sobre gustos no hay nada escrito».

La Ópera de París presentaba una de sus óperas, Satyagraha. Pero, ¿es realmente Satyagraha una ópera? ¿Puede hablarse aquí de música teatral?

Si entendemos el teatro como género que ha de tener un argumento, es decir contar una historia (compuesta por principio, fin y los acontecimientos que enlazan el primero con el segundo), no, Satyagraha no es teatro ni ópera, es más bien una suerte de oratorio laico. Si por el contrario consideramos como teatro toda acción que tiene lugar en escena ante un público, incluso de forma inconexa o sin sucesión de acontecimientos, como teatro abstracto, bien podría decirse que en Satyagraha estamos ante una forma de teatro musical 1

Glass, Satyagraha. Dirección musical, Ingo Metzmacher. Puesta en escena y coreografía, Bobbi Jene Smith y Or Schraiber. Opéra National de Paris, abril de 2026. © 2026 by Yonathan Kellerman / OnP.Glass, Satyagraha. Dirección musical, Ingo Metzmacher. Puesta en escena y coreografía, Bobbi Jene Smith y Or Schraiber. Opéra National de Paris, abril de 2026. © 2026 by Yonathan Kellerman / OnP.

En efecto, en sus indicaciones escénicas el libreto prevé una serie de acciones, como un recorrido por la vida de Mahatma Gandhi, el apóstol de la no-violencia. Pero en lo que escuchamos, ni el texto ni la música parecen corresponder a diálogos, intercambio de sentimientos o expresión de emociones. Aquello se asemeja más bien a una serie de textos religiosos cantados, entreverados de fragmentos instrumentales durante los cuales se baila.

A la escucha, no parece que los cantantes correspondan a personajes (contrariamente a lo que parecería sugerir el libreto original). De hecho, en el elenco facilitado por la Ópera de París no se habla de personajes concretos, sino de «contratenor», «sopranos», «barítonos», «mezzo-soprano»... Los únicos personajes concretos son personajes mudos. Tampoco parecen evidentes, a la escucha musical, los cambios de emoción o de situación...

En la presente producción, el vestuario previsto por Wojciech Dziedzic es para todos más o menos el mismo, dejando aparte ciertos toques para algunos momentos (verbigracia unos abrigos rojos que aparecen en el segundo acto), cosa que tampoco ayuda mucho a entender que haya una acción concreta ni una época determinada.

Glass, Satyagraha. Dirección musical, Ingo Metzmacher. Puesta en escena y coreografía, Bobbi Jene Smith y Or Schraiber. Opéra National de Paris, abril de 2026. © 2026 by Yonathan Kellerman / OnP.Glass, Satyagraha. Dirección musical, Ingo Metzmacher. Puesta en escena y coreografía, Bobbi Jene Smith y Or Schraiber. Opéra National de Paris, abril de 2026. © 2026 by Yonathan Kellerman / OnP.

Ídem para la coreografía, a cargo de los propios directores de escena Bobbi Jene Smith y Or Schraiber, una coreografía con movimientos en efecto típicos de los años 80 del siglo pasado 2. Es notable no obstante la coordinación de bailarines, cantantes y coro en algunos pasajes: la coreografía puede gustar más o menos, pero fuerza es reconocer que está bien ejecutada.

Otro tanto puede decirse de la dirección musical. Independientemente de los gustos de cada uno, hay que reconocer que Ingo Metzmacher desde el podio consigue llevar a buen puerto una obra en la que la concentración de cada ejecutante es primordial. En su haber, así mismo, la prioridad concedida a las voces cuando éstas intervienen. Después, que en ciertos puntos las flautas puedan a veces sonar un pelín imprecisas en sus arpegios o que el ritmo total de la obra parezca decaer en puntos determinados, tal vez no sea todo culpa del director.

El coro también hace gala de concentración, y puede que intente establecer variaciones de expresión entre los distintos pasajes según las situaciones, pero la partitura no se lo pone fácil.

Un plantel de cantantes notables se ocupa de los papeles principales. Comenzando por el protagonista, Anthony Rolfe Johnson, de voz grande (sobre todo para su cuerda), de timbre a menudo ingrato, que muestra una sorprendente resistencia. Bonito timbre y buena expresividad la del barítono Davóne Tines; bonita voz también la de la soprano Oliva Boen; y gran fuerza expresiva (en uno de los pocos roles que parecen tener garra dramática, ¿o es sólo mérito de la cantante?) la de la contralto Adriana Bignani Lesca. 

Cumplen sobradamente el siempre inteligente y experimentado bajo Nicolas Cavallier, la mezzosoprano Deepa Johnny, el barítono Amin Ahangaran y el tenor Nick Spence. Pero quien de verdad se lleva el gato al agua es Ilona Lobel-Torres por su timbre cristalino, sus agudos segurísimos, y su musicalidad sin tacha.

La sala, llena hasta los topes -será sin duda mérito de compositores como Philip Glass o John Adams el volver a llenar las salas de ópera con obras contemporáneas-. Y grandes ovaciones al finalizar la obra. Servidor de ustedes se aburrió ante tanto motivo blandito, ante tanta palabrería digna de sermón laico, ante tantos movimientos coregráficos vistos y revistos, ante tal despliegue de buenas intenciones ..., pero, insisto, «sobre gustos no hay nada escrito».  

Notas

1. Quedaría entonces el interrogante de si otras formas como la danza, incluso cuando no es sostenida por un argumento, o las procesiones, las misas o los desfiles, serían entonces también otras formas de teatro...

2. Los movimientos previstos por los coreógrafos, Bobbi Jene Smith y Or Schraiber, en efecto, son tan típicos de los años 80, que en ocasiones las danzas recuerdan a las parodias de danzas en centros sociales.

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