Reino Unido

Parecía una fiesta

Mark Rogers
Roberto González-Monjas
Roberto González-Monjas © OSG
Londres, miércoles, 15 de abril de 2026.
Cadogan Hall, Fernando Buide del Real, Ruada. Manuel de Falla, El sombrero de tres picos. Joaquín Rodrigo, Concierto de Aranjuez. Maurice Ravel, Mi madre la oca; Bolero. Joaquín Turina, Sinfonía sevillana. Thibaut García, guitarrista. Orquesta Sinfónica de Galicia. Roberto González-Monjas, director. Aforo: 1000 personas. Completo: 100%
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En el Cadogan Hall, una de las salas de concierto de zona “bien” de Londres (¡Sloane Square, ni más ni menos!), recibió a la Orquesta Sinfónica de Galicia (OSG) con su programa de clásicos españoles o de inspiración española (menos una pieza). Si bien fue esta una de sus últimas actuaciones en su gira de siete ciudades de Reino Unido, la orquesta no mostró signos de cansancio o falta de entusiasmo. Al contrario, el concierto pareció una fiesta. 

El programa se abrió con un encargo de la orquesta, la Ruada del compositor gallego Fernando Buide del Real. Por difícil que resulte admitirlo, lo más curioso de los estrenos contemporáneos es tener deseo alguno al final de escuchar de nuevo la pieza. Pasa poco. Buide del Real escribió Ruada a propósito para esta gira y se ve que lo hizo con la OSG en mente puesto que le permite lucir sus virtudes, especialmente con la virtuosística escritura de la cuerda aguda y con múltiples oportunidades de lucimiento para el resto del grupo. La pieza se basa en una melodía folclórica central que fue pasada de familia en familia de manera emocionante y camino a un acelerón final que llegó al clímax. El lenguaje armónico es tonal, pero no restrictivo y se permite ciertas licencias y libertades. La obra de Buide Del Real se cuenta entre lo mejor del programa y definitivamente me gustaría volver a escucharla. Se integró, además, bien con el resto de las obras en programa, de las que Buide del Real nos parece deudor y digno sucesor. 

No faltaron oportunidades para el lucimiento del virtuosismo de la orquesta. En ese sentido, El sombrero de tres picos de Manuel de Falla fue el vehículo ideal. La orquesta lo dio todo y los solistas brillaron con luz propia, especialmente el corno inglés de Carolina Rodriguez Canosa. La belleza de su tono y su lirismo se lucieron especialmente con Falla y también después con Joaquín Rodrigo, si bien resultó notable en todo el programa. 

Centrándonos en Rodrigo, el guitarrista Thibaut García interpretó un Concierto de Aranjuez refinado, encontrando el balance justo entre la brillante virtuosidad de la pieza y un sentido introspectivo, extrayendo colores de la guitarra como he oído pocas veces. La cadenza fue particularmente acertada, pues la tocó con libertad y respeto al lenguaje de Rodrigo, dando una oportunidad al público de disfrutar de graduaciones dinámicas que se escuchan pocas veces. Había una clara comunión entre la orquesta, el director y el guitarrista, como se vio en las breves palabras que García dirigió al público cuando iba a tocar su propina, un tango. Dijo entonces que dedicaba la pieza a algunos músicos de la orquesta a los que les gusta mucho bailar. 

Me interesó particularmente escuchar Mi madre la oca de Ravel puesto que se trataba de la única obra del programa que no es ni española ni está inspirada por melodías o ritmos de España. La orquesta sonó excelente en los pasajes más brillantes, como las ‘pagodas’ del tercer movimiento, pero eché de menos más carne en el asador de las cuerdas. Lirismo sí, pero con insuficiente intensidad y peso, lo que restó potencia dramática en algunos momentos, por ejemplo el principio del coral del último movimiento. Dada la calidad de la interpretación, puede que se tratase de algo deliberado, pero eché de menos un sonido más oscuro. 

Es raro que se toque música orquestal de Joaquín Turina, cuyas canciones sí son más conocidas entre el repertorio de lieder internacional. La Sinfonía Sevillana estuvo excelentemente interpretada: destacó que la obra permitió a la orquesta lucir su color. Me resulta memorable el segundo movimiento con sus armonías en la cuerda, así como el largo cuarteto de chelos. El tercer movimiento (Fiesta en San Juan de Aznalfarache) acierta en representar el material folclórico para dibujar la escena de un carnaval. Aquí destacó especialmente el metal. 

Es un clásico acabar un concierto con el Bolero de Ravel, si bien se trata de una obra agotadora. La orquesta llegó al final del programa llena de energía y con un rendimiento excepcional. Fue uno de los más controlados 15 minutos de crescendo que he escuchado, y quizás el mayor triunfo del director González-Monjas, que tiene una relación fluida, natural, no forzada con la orquesta, algo claro durante toda la velada y particularmente durante el Bolero. Un triunfo sin duda. 

Ante el entusiasmo del público, la OSG nos regaló una propina, Negra sombra, de José Trigueros, inspirada por el famoso poema de la escritora gallega Rosalía de Castro. Un final brillante a un excelente programa

González-Monjas no puede sino estar satisfecho. Tiene talento y da la sensación de ser uno de esos directores que saca lo mejor de sus músicos con ánimo y estímulo. Logró así dar una sensación de gran sintonía con la OSG de la que extrajo colores y ritmos variados haciendo que todo sonase distinto y seductor. Parecía una fiesta. 

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