Francia

Envejecer sin elegancia

Francisco Leonarte
Jonas Kaufmann
Jonas Kaufmann © 2026 by Gregor Hohenberg / Sony Music
París, lunes, 20 de abril de 2026.
Teatro de los Campos Eliseos. Jonas Kaufmann (tenor) y Malin Byström (soprano). Orquesta Filarmónica de Baden-Baden. Dirección musical, Jochen Rieder. Kálmán: Ouverture, “Wenn es Abend wird (Grüß mir mein Wien)” fragmento de Gräfin Mariza; Lehár: “Hör‘ ich Cymbalklänge” fragmento de Zigeunerliebe, “Es steht ein Soldat am Wolgastrand (Wolgalied)” fragmento de Der Zarewitsch; Kálmán: “So verliebt kann ein nur Ungar sein (Tief wie der Bergsee)” fragmento de Der Teufelsreiter; J. Strauss: “Einzugsmarsch” fragmento de Der Zigeunerbaron; Kálmán: “Komm mit nach Varasdin!” y “Komm, Zigány” fragmentos de Gräfin Mariza; Erkel “Mint számuzött ki vándorol ... Hazám, hazám”, fragmento de Bánk Bán; Lehár: Ouverture, “Immer nur lächeln” y “Wer hat die Liebe uns ins Herz gisent” fragmentos de Land des Lächelns , “O Mädchen, mein Mädchen...” fragmento de Friederike; Goldmark: “Nacht- und Festmusik” y “Magische Töne, berauschender Duft” fragmentos de Die Königin von Saba; Kálmán: “Heia, in den Bergen ist mein Heimatland” y “Tanzen möcht‘ ich ... Tausend kleine Engel singen” fragmentos de Die Csardasfürstin.
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Si me permiten ustedes el perogrullo, crecer, crecemos todos; y envejecer, envejecemos todos también … salvo quienes no tienen suerte y dejan de existir antes. Esta ley universal también se aplica al canto. Eso sí, se puede envejecer con más o menos elegancia. A ese respecto, recuerdo haber escuchado, al salir apenas de la adolescencia, a Victoria de los Angeles en recital. Ya era una señora de cierta edad que había abandonado el mundo de la ópera para concentrarse en los recitales con piano, así que su programa estaba compuesto por obras sin grandes dificultades (recuerdo las canciones de Lorca, por ejemplo), pero De los Angeles conservaba su arte del fraseo y su timbre tan característico. Me consideré un privilegiado por poder escuchar en directo a un mito del canto aunque ya no estuviera en plena gloria...

Y ahora, a posteriori, me doy cuenta de que eso es envejecer con elegancia. Victoria de los Ángeles no pretendía engañar a nadie, y abordaba lo que le era abordable en ese momento de su carrera.

Por contraste, lleguemos al concierto que nos ocupa, el del lunes 20 de abril del 2026 en el parisino Teatro de los Campos Elíseos, Jonas Kaufmann ha sido un notable intérprete -qué duda cabe-, con unos medios imponentes de los que a veces ha hecho incluso ostentación. Recuerdo, por ejemplo un Fidelio en versión de concierto en esta misma sala en que Kaufmann empezaba su actuación exibiendo una espectacular messa di voce.

Ley de vida (y algunos dirán sin duda también «consecuencia de ciertas elecciones de repertorio»), Kaufmann ya no posee los medios de hace diez años (ni los de hace cinco tampoco). Se entiende perfectamente que opte, en el presente recital, por un repertorio más ligero, menos comprometido, como es el de la opereta vienesa de influencia húngara. ¿Por qué no? Máxime cuando es un repertorio poco programado en la capital gala y que posee indudables joyas. Hasta ahí todo bien.

¿Pero por qué optar por sonorizarlo? ¿Por qué esos altavoces que distorsionan el equilibrio voz-orquesta y que añaden ese barniz metálico tan desagradable cuando se trata de un espectáculo en vivo con instrumentos acústicos en un teatro cerrado de 1913 con una acústica estupenda? ¿Por qué tratar el repertorio lírico de los años 1910, 1920 y 1930 como si se tratase de canzonzuelas pop de ahora mismo? ¿Por no tratarse de ópera puede uno permitirse tal desacato con la lírica popular 1? ¿Se imaginan ustedes un recital de zarzuela en un teatro en que los cantantes estuvieran sonorizados? (no, no contesten ustedes a esta última pregunta, que tengo miedo de que ya esté pasando también es España).

Yo le hubiese perdonado a Kaufmann sus pianos completamente destimbrados, le hubiera perdonado sus agudos que se quiebran, le hubiese perdonado su voz que ya no está para lo que antes estaba. Lo que no puedo perdonar es que, para tapar el natural deterioro de su voz, lo microfone todo, con la excusa de que se trata de un repertorio menor.

No, señor Kaufmann, las cosas se hacen bien o no se hacen, pero inflingirnos el desagradable sonido de los altavoces en el concierto más caro de la temporada (porque usted tampoco ha bajado su caché) no es de recibo.

Le acompañaba en este desconcierto Malin Byström, cantante sueca que ha hecho una carrera importante 2. Microfonada también, aunque ella se acercara al micrófono menos que él. Fraseo regulín regulán. Agudos bien lanzados.

Y la orquesta de Baden-Baden. Correcta. Con un director correcto que en el momento de los saludos parecía mendigar un lugar entre los dos divos... Con todo y con eso, al no estar la orquesta sonorizada, las intervenciones instrumentales fueron lo menos desagradable de este recital.

El público, que de antemano venía a jalear a su ídolo, le rió las gracias (que no tenían ninguna gracia), las muecas, los bailecitos tontos que se suelen marcar los cantantes en estos casos y todo el abanico de memeces que uno hace para granjearse la simpatía y el éxito cuando ya no dispone de otra forma de hacerlo.

Los divos se dieron prisa en acabar el arsenal de bises que habían preparado, por miedo sin duda a que nadie se los reclamara. Y el público se fue a su casa contento, que para eso había pagado más que en ningún otro concierto de la temporada... 

Notas

1. Dos arias hermosísimas, la una de Erkel y la otra de Goldmark, a pesar de no pertenecer a operetas sino a dos bellas óperas, también recibieron el tratamiento sonorizado del resto. Y es que, en particular en el aria de Goldmark, el sistema de altavoces venía claramente a intentar suplir las deficiencias vocales del tenor.

2. Servidor de ustedes ha de reconocer que no ha tenido nunca suerte con Malin Byström. La primera vez la escuchó en Thaïs, pero Byström estaba embarazada y aquello fue patético. La segunda vez cantaba Guillaume Tell, pero una torpísima puesta en escena la obligaba a moverse constantemente sin poder concentrarse en el canto y aquello fue un desperdicio. La tercera vez, ya ni recuerdo qué pasó. Y esta cuarta vez, va y resulta que viene sonorizada... En fin, cosas más graves hay.

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