Francia

Uno de los mejores conciertos de la temporada

Francisco Leonarte
Clémence de Grandval
Clémence de Grandval © 2026 by Wikipedia / CC
París, viernes, 24 de abril de 2026.
Maison de la Radio et de la Musique. Camille Saint-Saëns: Fantaisie pour orgue nº1 en mi bémol majeur; Clémence de Grandval: Stabat Mater. Con Gabrielle Philiponet (soprano), Aude Extrémo (mezzosoprano), Julien Henric (tenor), Nikolay Borchev (barítono), Anne Le Bozec (piano), y Sarah Kim (órgano y armonio). Coro de Radio Francia. Director musical, Lionel Sow.
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Sala llena al sesenta por cien. En París son la vacaciones escolares de primavera y muchas familias aprovechan para viajar o pasar unos días en el campo. Y ni las obras ni los intérpretes del concierto tienen tirón popular. Sin embargo, habrá sido este, sin ninguna duda, uno de los mejores conciertos de toda la temporada parisina, tanto por la hermosura de la obra interpretada como por la enorme calidad de la interpretación.

Obra muy hermosa, este Stabat Mater de Clémence de Grandval, en que la compositora demostró que poseía una auténtica personalidad. Las melodías siempre sorprenden, nunca van hacia donde uno creía, y numerosos son los pasajes en que se difumina la frontera entre el recitativo y el cantabile. Cierto, está ahí la herencia lejana de Rossini y su Pequeña Misa Solemne (con una instrumentación muy similar), pero Grandval se desmarca totalmente de su precursor, y son numerosos los momentos que nos sorprenden, con combinaciones muy particulares como esa aria del tenor con acompañamiento de coro femenino, o la inteligencia y la sobriedad con la que utiliza las intervenciones de piano y armonio.

Una obra que sabe recoger la herencia de la música sacra de los siglos precedentes propulsándola hacia los nuevos horizontes que se abrían a la música en 1870. Una obra que, por la amplitud de la línea vocal, por la variedad de ambientes, recuerda por ejemplo al Requiem de Verdi -sólo que es anterior a la obra del italiano- y que nos hace recordar, una vez más, que el siglo XIX está cuajado de grandes oratorios, cantatas sacras y otras obras religiosas de Liszt, de Franck, de Gounod, de Grandval y de tantos otros que merecieran ser ejecutadas mucho más a menudo.

Los intérpretes son de ‘truc y retruc’

A comenzar por su director, Lionel Sow (que dicho sea de paso es uno de los directores más elegantes de los que pisan los podios), director titular del Coro de Radio Francia. Sow no sólo da todas las entradas y mima a sus intérpretes, es que sobre todo imprime a la intepretación una hondura, una dimensión dolorosa, profundamente religiosa. Y cuando hay que dar espectacularidad, la da también.

En ese sentido es secundado por un Coro de Radio Francia en estado de gracia, magníficamente preparado por el propio Sow (y con la dificultad añadida de poner acento francés en el latín, como era todavía costumbre en las obras de ese periodo). Qué susurros, qué potencia, qué claridad. Y qué agudo de las sopranos tan requetebién lanzado y tan sólidamente mantenido. Bravo a todos.

Sarah Kim toca el armonio con sensibilidad, y Anne Le Bozec da una lección magistral de cómo acariciar las teclas de un piano, cómo transmitir sentimiento y profundidad a través de un teclado: magnífica.

En cuanto al cuarteto de solistas, no puedo sino desear que hagan las formidables carreras internacionales que se merecen hacer, para que quien estas líneas lee pueda alguna vez disfrutar en directo de sus voces. Gabrielle Philiponet, con un precioso vibrato a la antigua que da personalidad a su voz, posee un hermoso timbre, facilidad en toda la extensión, y un auténtico temperamento de soprano lírica. También bonito el timbre de Nikolay Borchev, barítono martin de gran elegancia en la emisión y en el fraseo. Aude Extremo, que al inicio de su carrera podía entubar algo la voz, ha dejado esos pequeños defectos para quedarse con sólo sus (enormes) cualidades: unos agudos segurísimos, unos graves timbrados y solemnes, un hermoso color de contralto, un precioso fraseo, un buen volumen, y una inteligencia canora, que la situan entre lo mejorcito de los cantantes actuales.

Y hablando de «lo mejorcito de los cantantes actuales», ahí teníamos a Julien Henric, magnífico tenor que acababa de triunfar en Le roi d'Ys en Estrasburgo y Mulhouse. Qué timbre solar, qué fraseo magnífico, qué facilidad en graves y agudos ... En este Stabat Mater, Henric aborda su aria con una delicadeza progresiva hasta llegar a una mezza voce, culminando con un agudo en pianisimo que nos puso a todos los pelos de punta. Mi vecina de butaca y yo espontáneamente nos miramos con ojos de «¿Es posible lo que estamos escuchando?».

Como aperitivo -pero con mucho sentido, porque Saint-Saëns, aunque nacido en 1835, fue profesor de composición de Grandval, nacida en 1828- como aperitivo pues, habíamos tenido una breve obra de juventud de Saint-Saëns para órgano en que ya está presente todo el estilo del compositor: su fantasía para órgano nº1 en mi bemol mayor. Obra virtuosística, la organista Sarah Kim había sabido combinar el brío con la claridad en la exposición de motivos y su desarrollo.

El Palazzetto Bru-Zane, que es el alma mater de este concierto, ha exhumado recientemente otra gran obra de Clémence de Grandval, su ópera Mazzeppa, ejecutada en concierto y gravada en CD. Estoy impaciente de poder escucharla. En cuanto al concierto que nos ocupa, podrán ustedes reescucharlo en los podcasts de Radio France. De nada. 

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