Sala llena al sesenta por cien. En París son
la vacaciones escolares de primavera y muchas familias aprovechan para viajar o
pasar unos días en el campo. Y ni las obras ni los intérpretes del concierto tienen
tirón popular. Sin embargo, habrá sido este, sin ninguna duda, uno
de los mejores conciertos de toda la temporada parisina, tanto por la hermosura
de la obra interpretada como por la enorme calidad de la interpretación.
Obra muy hermosa, este Stabat Mater de
Clémence de Grandval, en que la compositora demostró que poseía una auténtica
personalidad. Las melodías siempre sorprenden, nunca van hacia donde uno creía,
y numerosos son los pasajes en que se difumina la frontera entre el recitativo
y el cantabile. Cierto, está ahí la herencia lejana de Rossini y su Pequeña
Misa Solemne (con una instrumentación muy similar), pero Grandval…
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