España - Cataluña

¿Grupo de familia?

Jorge Binaghi
Massenet, Werther. Regie de Loy
Massenet, Werther. Regie de Loy © 2026 by Sergi Panizo / Gran Teatro del Liceu
Barcelona, martes, 5 de mayo de 2026.
Gran Teatre del Liceu. Werther (Viena, 16 de febrero de 1892, Hofoper). Música de J. Massenet. Libreto de E. Blau, P. Milliet y G. Hartmann sobre Los dolores del joven Werther, de Goethe. Puesta en escena: Christof Loy (repuesta por Silvia Aurea De Stefano). Escenografía: Johannes Leiacker. Vestuario: Robby Duiveman. Iluminación: Roland Edrich. Intérpretes: XabierAnduaga/Matthew Polenzani (Werther), Kristina Stanek/Elmina Hasan (Charlotte), David Oller/Carlos Daza (Albert), Sofía Esparza/Leonor Bonilla (Sophie), Stefano Palatchi (Bailli), Josep Fadó (Schmidt), Enric Martínez-Castignai (Johann), y otros. Coro infantil ‘Vivaldi- Petits cantors de Catalunya’ (preparadora: Pilar Paredes) y orquesta del Teatro. Dirección: Henrik Nanasi
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De la anterior reposición de este título fundamental de su autor y del repertorio francés han pasado nueve años. Entonces habían pasado veinticinco. Y es que luchar contra el recuerdo de Alfredo Kraus era temible. Se consiguió lo imposible con uno de los mejores logros de la gestión anterior y la más equilibrada de todas las puestas de Werther que he visto en mi vida (aunque en lo individual queden el propio Kraus y Régine Crespin como recuerdos faro). Beczala (que bisó en dos ocasiones su gran aria), Antonacci, Altinoglu y la puesta de Decker (que vimos esa única vez) se encargaron del milagro.

Al menos el recuerdo del gran tenor tal vez esté vigente, espero, aunque ahora nueve años puedan parecer una enormidad de tiempo y la memoria sea algo más bien desaconsejado (los frutos los estamos viendo, y ojalá sólo fuera en el aspecto cultural o artístico), No hubo un aspecto en que la cosa mejorara ni mucho menos alcanzara aquello, salvo el único que repitió parte, que fue el incombustible Stefano Palatchi.

Pero empecemos por lo que hoy importa tanto: una nueva producción, cómo no. Que se había visto hace dos años en la Scala y no recuerdo si en alguna otra parte más (al menos sale más barato, pero creo que la de Decker era más compartida y costaba menos).

Aquí lo que hubo de bueno es que, como de costumbre con Loy, casi todo pasa fuera, y entonces el escenario aprovechable queda acotado a menos de la mitad delantera y el resto está cerrado por un recinto (que puede ser lo que ustedes quieran, aunque sea prácticamente invariable y esas puertas que se cierran y abren continuamente pongan algo nervioso al público). Por supuesto estamos modernizados (nada mal, sólo que el texto parece un tanto incomprensible para los patrones de hoy o ayer -anteayer a quién le importa-).

Massenet, Werther. Dirección musical: Henrik Nanasi. Puesta en escena: Christof Loy. Barcelona, Gran Teatre del Liceu, mayo de 2026. © 2026 by Sergi Panizo / Gran Teatro del Liceu.Massenet, Werther. Dirección musical: Henrik Nanasi. Puesta en escena: Christof Loy. Barcelona, Gran Teatre del Liceu, mayo de 2026. © 2026 by Sergi Panizo / Gran Teatro del Liceu.

Y lo que claramente exige soledad de a uno o dos aquí se transforma, en los dos últimos actos en un drama burgués familiar, en el que Sophie sigue desesperándose por no conseguir que Werther la tome en cuenta (ya desde el primer acto queda claro que rivaliza con la hermana para lo que no se vacila en hacerle cantar la frase del Bailli anunciando el regreso del prometido de Charlotte) y este último, Albert, además de ponerse violento de un modo que no condice con música y texto, termina desesperado leyendo las cartas que su esposa le arroja a la cara cuando, en abierta contradicción con lo que sabemos que sucede, le impide salir para evitar el suicidio del protagonista. Que ella misma ya proceda a arrumacos con Werther en el primer acto se da de narices con que el beso del tercer acto la desestabilice de tal modo, y nada hay que justifique que se presente con una botella de whisky medio vacía al principio del tercero, como es disparatado que Sophie cante su última frase en la habitación mientras los niños del coro terminen su canto interno con grandes risotadas.

El martirio de que luego de la muerte del poeta aparezcan todos los personajes dando vueltas alrededor de un pino navideño nada agrega y mucho quita. De la iglesia del segundo acto ni trazas, salvo la presencia de un comprimario vestido de pastor y otros que pasaban por allí (aunque el órgano se oía).

Dirigía Henrik Nanasi, que tanto me había gustado en su presentación aquí con Mozart, para rebajar mi entusiasmo con una dirección poco convincente en la malhadada última Tosca (pero entonces pensé que entre lo que tenía que ver y la reacción del público al espectáculo más un accidente que lo alejó pronto podían ser atenuantes).

Esta vez demostró que se complace en decibelios por sí mismos y aunque dirige mucho mejor las partes líricas desaprovecha o estropea las otras por exceso de sonido y una expresividad plana que sustituye la verdadera tensión con mucho ‘forte’. La orquesta de Massenet no es frágil, pero sí muy ‘francesa’…aquí en algunos momentos parecía querer demostrarse que emulaba a Wagner. El cuerpo del teatro (salvo una atroz pifia en la segunda representación en el sector de los metales) respondió bien, lo mismo que el coro de niños.

Del primer reparto puede indicarse casi como rasgo general el poco inteligible francés de la mayoría. Los mejores en ese aspecto fueron los señores y en particular Xabier Anduaga que debutaba en el rol. La voz es muy bella, en especial en el agudo (bien emitido aunque al sostener la nota el sonido termina abriéndose), pero el centro y grave resultaron exageradamente densos y oscuros (y opacos) para el personaje, sobre el cual tiene que trabajar mucho la parte escénica. Obtuvo un gran aplauso al final del aria del tercer acto y varios bravos al final.

Kristina Stanek fue la típica voz eslava entubada, que pareció despertarse -tarde- a partir de sus dos últimas frases en el tercer acto y en el dúo final donde su francés fue algo más comprensible. Sofía Esparza cantó una Sophie más rival de su hermana mayor que ‘petite soeur’, pero si de eso tiene especial culpa la concepción escénica, su voz, más bien de lírica, estuvo algo estridente en agudos y sobreagudos. Imposible en lo vocal y demasiado encogido en lo actoral David Oller en Albert, que el primer día se llevó algún abucheo al final de la representación (al menos tuvo un francés claro aunque excesivamente abierto). Muy correctos los dos borrachines, Josep Fadó como Schmidt y Enric Martínez-Castignani como Johann, y bien los enamorados en esa peculiar concepción que pese al romántico libro que leen no dejan de abrazarse apasionadamente cuando él está sobrio (en el segundo acto es el más borracho de todos: Cristòfol Romaguera y Marta Esteban).

Massenet, Werther. Dirección musical: Henrik Nanasi. Puesta en escena: Christof Loy. Barcelona, Gran Teatre del Liceu, mayo de 2026. © 2026 by Sergi Panizo / Gran Teatro del Liceu.Massenet, Werther. Dirección musical: Henrik Nanasi. Puesta en escena: Christof Loy. Barcelona, Gran Teatre del Liceu, mayo de 2026. © 2026 by Sergi Panizo / Gran Teatro del Liceu.

En el segundo reparto hubo resultados más parejos y superiores. El Albert de Carlos Daza no fue irreprensible (la voz sigue colocada muy atrás y el sonido resulta muchas veces engolado), pero de todos modos su acción y su canto convencieron más. Leonor Bonilla pareció, hasta el tercer acto, más contenida en su actuación como Sophie, y como su voz es más liviana y ligera cantó con facilidad los couplets y las notas agudas. El debut de Elmina Hasan en Charlotte resultó prometedor en todos los aspectos: tal vez no se trate exactamente de una mezzosoprano (pero el papel ha sido siempre patrimonio de mezzos y sopranos, como en otros casos, de modo que aquí importa menos), exhibió seguridad, muy buen francés, entendió el papel y sólo en el aria de las cartas el volumen (no sé si atribuirlo a los nervios de un debut o al sonido de la orquesta) pareció no muy grande. Fue aplaudida tras el aria de las lágrimas. El protagonista de Matthew Polenzani no es muy joven ni de timbre arrebatador, pero actúa con convicción, su francés es bueno, técnica y estilo son convincentes y su manejo de matices y medias voces fue excelente (él también obtuvo su buena ración de aplausos tras ‘Pourquoi me réveiller’). Y eso que al final hubo que luchar con los dos personajes mudos que ni música ni texto prevén, pero no se muestran inactivos durante el dúo.

Mucho aplauso al final de un público muy atento (quizá más que el del primer día aunque había más claros en la sala, que tampoco estuvo totalmente llena entonces). La lógica indica que con estas representaciones me he despedido de esta ópera en el Liceu, o quizás en absoluto, y lo que me llevo son el recuerdo de Kraus aquí y en el Colón, el de Crespin y Fournet en el Colón, y las funciones de 2017 que tuve la suerte de ver aquí. 

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