Portugal

Echo Rising Stars

Echo Rising Stars 2026 (2): Energía incansable

Maat Saxophone Quartet
Maat Saxophone Quartet © 2026 by Fábio Poço / Casa da Música
Oporto, sábado, 23 de mayo de 2026.
Casa da Música. Sala 2. Blackbird. Maat Saxophone Quartet: Daniel Ferreira (saxofón soprano), Catarina Gomes (saxofón alto), Pedro Silva (saxofón tenor), y Mafalda Oliveira (saxofón barítono). Hildegard von Bingen (arreglo, Daniel Ferreira), O Virtus Sapiente. Lili Boulanger (arreglo, Daniel Ferreira), Nocturne & Cortège. Henriëtte Bosmans (arreglo, Adrian Tully), Cuarteto para cuerdas. George Gershwin (arreglo, Johan van der Linden), Rhapsody in Blue. Paul McCartney (arreglo, Camiel Jansen), Blackbird. George Gershwin/Nina Simone (arreglo, Camiel Jansen), Porgy, I is your woman now. Aleksandra Vrebalov, Four Faces, Four Wings. Echo Rising Stars 2026
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Los miembros del Maat Saxophone Quartet, nacidos en el siglo XXI como la mayoría de sus compañeros del programa 'ECHO Rising Stars', apenas comprenden cuestiones como la Guerra Fría, la Caída del Muro de Berlín, la Revolución Cultural de Mao y otros hitos fundamentales como el Flower Power o el Mayo Francés. Esto no significa que tengan una relación traumática con la historia, sino todo lo contrario. Del mismo modo que no consideran conflictivo el género de las personas creadoras o que en determinados momentos Catarina Gomes (saxo alto) deje su instrumento para cantar. 

Y esto no se contradice con que, como se anuncia en el programa: 

Las voces pioneras de las mujeres en la música son el tema central de este recital del Cuarteto de Saxofones Maat [...]. En un programa titulado "Blackbird", el grupo explora un recorrido que abarca desde el canto medieval de Hildegard von Bingen hasta la música contemporánea de Aleksandra Vrebalov, pasando por figuras como Lili Boulanger y Henriëtte Bosmans. Este núcleo dialoga con obras de George Gershwin, Nina Simone y Paul McCartney, ampliando la celebración para incluir a todas aquellas que han desafiado las convenciones. Mediante el movimiento escénico y una propuesta performativa, Maat presenta un manifiesto sonoro por la igualdad y la libertad creativa, reinventando la tradición del cuarteto de saxofones.

Su propuesta ofrece un recorrido por diversos territorios de la espiritualidad, sin que ello parezca implicar una posición de religiosidad y menos aún de sistemas de creencias formales. A juzgar por lo que oímos en Casa da Música, la espiritualidad forma parte del paisaje de sensibilidad de este conjunto portugués y se integra naturalmente en su utópico 'manifiesto sonoro'. Resulta reconfortante comprobar que para el Maat en los discursos de Hildegard von Bingen, Lili Boulanger o Nina Simone la efusión retórica resulta más relevante que los estilemas, de un modo semejante a la fascinante simbiosis entre la obra de Miguel Ángel y Bill Viola

Por otra parte, la perspectiva panteísta / pangeísta de su 'manifiesto' contamina lúdicamente los cambios de naturaleza tímbrica y textural de las obras de Henriëtte Bosmans (Cuarteto para cuerdas)Gershwin (Rhapsody in Blue) o Paul McCartney (Blackbird) convirtiendo unas obras para cuarteto de cuerdas, para piano y banda, o una canción pop, en música 'corporal' para instrumentos de soplo. Quizá por eso, al contrario que los otros participantes del ECHO Rising Stars, convirtieron su concierto en una serie de arreglos propios y ajenos. Por otro lado, y en mayor grado que en otros encargos del ECHO Rising Stars, Four Faces, Four Wings de Aleksandra Vrebalov (Novi Sad, Serbia, 1970) es una brillante síntesis de la cosmovisión identitaria del Maat. En palabras de la propia compositora: 

Four Faces, Four Wings, escrito para el cuarteto de saxofones Maat, reimagina a los cuatro músicos con sus saxofones curvados como un único instrumento con cuatro caras y cuatro alas centelleantes. Su belleza ardiente y su energía incansable, conjuradas y liberadas a través del soplo y del movimiento, evocan una iconografía bíblica: el querubín de Ezequiel descendiendo con poder y ruído para aturdirnos y hacernos oír el mensaje divino. 
Mientras escribo esta nota de programa, en el verano de 2025, nuestro planeta arde en múltiples conflictos transcontinentales. Si un ángel increíble apareciese hoy con un mensaje para la humanidad, sería un clamor por la paz

Una versión sonora de la iconografía bíblica del querubín de Ezequiel que nos hizo evocar la intensidad emocional de la tarde anterior, cuando visité la exposición Vejación del Espíritu [Museo de Serralves hasta el 1 de noviembre, víspera del día de difuntos]. Vrebalov es una compositora competente con un excelente dominio de los instrumentos de su oficio y en Four Faces, Four Wings muestra un amplio conocimiento de las tradiciones discursivas y retóricas de los últimos siglos. Pero Vrebalov nació en 1970, después del fin de la historia de la música (1757 1-1968), y antes de irse a EEUU en 1995 pasó cuatro años sumida en la terible Guerra de los Balcanes. 

De modo semejante al de Anselm KieferVrebalov ha renunciado a la concepción metafísica del arte configurada por Platón y ambos nos ofrecen un discurso kantiano: así como la obra de Kiefer es de el que y para el que mira, el arte sonoro de Four Faces, Four Wings pertenece a los que la escuchamos y de quienes la interpretan. Nada que ver con las supersticiones historicistas de la Belle Époque ni con las prédicas mesiánicas de las Vanguardias. Es música para la emoción y la memoria de quien la escucha, y su belleza es producto del decoro, por encima de cualquier consideración canónica o escolástica. 

Estas características se notaron desde el primer momento. El concierto comenzó con la sala totalmente a oscuras hasta que apareció Daniel Ferreira (saxofón soprano) tocando a solo y poco a poco se fueron escuchando notas pedal desde diferentes partes de la sala mientras los otros tres componentes iban avanzando hacia el escenario, cada uno vestido a su propio estilo. Inmediatamente comenzaron con una versión muy libre -un arreglo de Daniel Ferreira- de O Virtus Sapiente (s. XII) de Hildegard von Bingen, que incluso tuvo sus toques de jazz. 

También de Daniel Ferreira eran los dos arreglos de Nocturne (1911) y Cortège (1914) de Lili Boulanger, que sonaron nuevamente con una gran libertad, con unos ritmos anacrúsicos impecables y unas frases compartidas entre los instrumentos tan bien calculadas que parecían salir de un sólo instrumento y no del cuarteto completo

El Cuarteto de cuerdas (1927) de Henriëtte Bosmans (Ámsterdam, 1895-1952), en un arreglo de Adrian Tully, no intentó imitar el sonido de las cuerdas sino crear un sonido propio, y de la Rhapsody in Blue de Gershwin (arreglo de Johan van der Linden) cabe destacar que -siendo en principio la obra que más se podría adaptar al saxofón- sonó relativamente tranquila, más melódica que rítmica. 

Para el arreglo de Blackbird de Lennon / McCartney el contrabajista de jazz y arreglista Camiel Jansen hizo casi una obra nueva: partiendo de que el 'blackbird' es el mirlo, incorporó abundantes sonidos de pájaros, mirlos, hasta el punto de que la canción de los Beatles se oyó poco y fragmentada. Algo semejante a lo que ocurrió con el arreglo de Nina Simone de Porgy, I is your woman now de Porgy and Bess de Gershwin, arreglada a su vez por Camiel Jansen, donde la voz de Catarina Gomes -fundiéndose con los saxofones de sus compañeros- sonó más a cantante inglesa hippie o folk, tipo Sally Oldfieldque a Simone o la música negra. 

Como bis, y tras el éxito obtenido por la difícil y virtuosística Four Faces, Four Wings, el Maat ofreció un arreglo propio de una canción popular en Portugal, que no identificamos (podría llamarse algo así como Amazing snow), nuevamente con la voz de Gomes. Como explicó Ferreira, el Maat Quartet tocan juntos porque quieren comunicarse, entre sí y con el público, y hacerlo juntos. Por eso en cada ciudad de la gira terminaron sus conciertos con una obra que fuera muy popular en la ciudad donde actuaban. 

El Cuarteto de saxofones Maat es apadrinado por la Casa da Música de Porto, la Fundação Calouste Gulbenkian de Lisboa y la Philharmonie de Paris. ¡Buena elección!

Notas

1. En 1757 publicó el Padre Martini el primer volumen de su 'Storia della Musica', con el cual creó este concepto

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