Erwartung © 1979 by Decca London
Hace unos meses nos dejó para siempre Christoph von Dohnányi (1929-2025), un hombre que, por su apellido, ya pareció nacer encaminado al mundo de la música. Nieto del compositor Ernö Dohnányi, Christoph destacó como director de orquesta, en especial por su labor al frente de tres formaciones de personalidad muy distinta pero consideradas todas ellas de primer orden: la Orquesta Filarmónica de Viena, con la que realizó una gran cantidad de producciones operísticas; la Philharmonia Orchestra, de la que fue su principal director entre 1997 y 2008; y, sobre todo, la Orquesta de Cleveland, donde estuvo casi dos décadas como director titular.
dominó un amplio repertorio sinfónico, destacando, sobre todo, en la obra de los tres grandes compositores del postrromanticismo alemán y austriaco (, y ), y realizando aportaciones muy interesantes a la música contemporánea, como su incursión en las óperas de , donde la grabación de Der junge Lord se considera uno de sus logros más importantes. Otro disco especialmente bien valorado de Dohnányi, en relación con la vanguardia, es el que realizó a principios de los años noventa con , en el que se incluye el Concierto para violín de y el Concerto Grosso n.º 5 de .
De todos modos, tal como voy a comentar en el presente artículo, el suelo en el que nuestro hombre dejó una huella más profunda, sea quizás el de la música de la Segunda Escuela de Viena, donde para plasmar sus mejores interpretaciones y registros discográficos, contó con la complicidad de la que fue su segunda esposa, la magnífica soprano
Para empezar, hay que decir que Dohnányi fue uno de los primeros directores (de los tres primeros diría yo) que se atrevió a enfrentarse a ese par de huesos durísimos de roer que constituyen las dos óperas de Alban Berg, y ahí consiguió un significativo triunfo frente a dos campeones indiscutibles en esta “prueba reina” del olimpismo operístico del siglo XX. Frente a la emotividad de Karl Böhm y a la frialdad analítica de Pierre Boulez, las lecturas de Lulú y Wozzeck de nuestro director se podrían situar como un punto medio, aún diría más, un punto de encuentro, de mediación, entre dos visiones que parecen del todo contrapuestas y de casi imposible conciliación mutua. Una pieza clave en el logro de este equilibrio y esta sensatez musical en las complicadísimas óperas de Berg, la constituye la mencionada Anja Silja, que, tanto en el papel de Lulú como en el de Marie, muestra la elocuencia y el dramatismo de una voz de soprano de primera línea, tal como ya despuntó en sus inicios wagnerianos, pues no hay que olvidar que, con tan solo veinte años, ya causó sensación en Bayreuth, en especial en el papel de Senta en El Holandés Errante.
Dohnányi realizó grabaciones excelentes de la poco voluminosa pero muy sustanciosa obra orquestal de los miembros de la Escuela de Viena, entre las que destacaría, por encima de todo, un magnífico disco con la Pasacalle Op.1, la Sinfonía Op. 21 y las Variaciones Op. 30, entre otras obras, de Anton Webern. También se le reconocen brillantes interpretaciones de diversas obras sinfónicas de Schönberg, como el Pelleas y Melisande y las Variaciones Op. 31, además de la conocida orquestación schoenbergiana del Cuarteto con piano Op. 25 de Brahms. El disco en el que hoy quiero centrar mi interés está dedicado a Schönberg, claro que sí, y en él no puede faltar la presencia de la antes mencionada esposa y cómplice del director. Se trata del monodrama y de los Seis lieder Op.8, en una de las grabaciones donde la simbiosis entre solista y director alcanza una fortaleza y una emotividad difícilmente igualables.*
El elepé pertenece al sello Decca, aunque apareció con el logo de la serie London y, en concreto, como London Digital Recording, uno de los primeros registros digitales puros (las famosas DDD), que tuvieron su apogeo en los años ochenta y que todavía resultaban muy escasos en 1979, año en que se llevó a cabo la presente grabación. La verdad es que la toma de sonido es muy buena, posee amplitud y personalidad, y si a esto añadimos la portada, que reproduce la famosa pintura netamente expresionista Der rote Blick del propio compositor, resulta consecuente pensar que el disco tuvo una buena acogida cuando se lanzó al mercado, a principios de los ochenta.
Erwartung (que en castellano se traduciría como “la espera”) se constituye en un monólogo de media hora de duración en el que la voz de soprano alcanza cuotas de dificultad y dramatismo únicas en su género, con una enorme complejidad psicológica. Tal como explicó el propio Schönberg en su obra Estilo e Idea,
se trata de representar en movimiento lento todo lo que ocurre en un solo segundo de máxima excitación espiritual, alargándolo hasta llegar a la media hora.
Ciertamente la tensión que se alcanza parece casi alcanzar el paroxismo, a lo que contribuye el disonante acompañamiento orquestal.
Definida por algunos expertos como atemática, esta obra, compuesta en 1909, relata ese segundo que nos propone el autor en el que la protagonista deambula sola en la oscuridad, buscando la presencia de su amado, al que encuentra en forma de cadáver. A partir de aquí, ansiosa y angustiada, exterioriza una, a la vez trepidante y agria reflexión sobre la fidelidad y la soledad, así como acerca de su propio futuro. Por su cercanía en el tiempo, su escritura atonal y su marcado carácter psicológico, esta “pequeña gran ópera” ha sido aparejada a menudo con de , que vio la luz dos años después del monodrama schoenbergiano.
Muy diferentes son los Seis Lieder Op. 8, escritos cinco años antes que Erwartung, todavía de clara influencia wagneriana y, sobre todo, straussiana. No sé por qué, a mí personalmente me traen a la mente, cada vez que los escucho, los Vier letze Lieder de Strauss, y quizás no se parezcan demasiado, sobre todo teniendo en cuenta la profundidad de estos últimos, que fueron creados en 1948… ¡cuarenta y cinco años más tarde que los de Schönberg! En todo caso, estas canciones sobre textos de Petrarca, Heinrich Hart y del Des Knaben Wunderhorn, se muestran mucho más tranquilos, reflexivos y apacibles que el monodrama en un acto.
Cuando escuché el disco por primera vez, no conocía las obras (y apenas nada de la música vocal de Schönberg) y debo reconocer que lo compré atraído por su portada, la mencionada pintura del propio compositor. Ciertamente, quedé muy impresionado por Erwartung. Nunca hubiera imaginado semejante desproporción en el tratamiento vocal de la soprano; semejante violencia, semejante carácter desnudo e irritante. Tuve la sensación, desde las primeras notas, de que me hallaba frente a un thriller de terror psicológico. Se me puso la carne de gallina.
Sin duda, la interpretación de Anja Silja fue uno de los principales revulsivos para desencadenar mi incertidumbre frente a esa extraña composición. Silja consigue que el paroxismo y la angustia de su personaje traspasen los altavoces del tocadiscos e invadan el espíritu del oyente, pero, y he ahí el prodigio, al mismo tiempo mantiene firme el temple y la seguridad de su voz; maneja de la mejor manera posible el contraste que se constituye en telón de fondo de la obra: el “horror de la belleza” versus la “belleza del horror”.
¿Y qué decir de nuestro querido Von Dohnányi? Parece que lo hemos dejado de lado ante la divina (o demoníaca) presencia de la voz de su esposa, y quizás tenga que ser así, porque la gran protagonista de la obra es ella, la mujer atemorizada y enloquecida (he aquí el horror de la belleza) y, al mismo tiempo, la soprano de prodigiosa voz, que nos aporta la belleza del horror. Dohnányi sabe que el papel de la orquesta y el suyo propio no constituyen el rol principal de la obra, pero igualmente expresa una gran fuerza y tensión en esta compleja partitura orquestal, mientras que, al igual que Anja Silja, muestra una cara diferente en los lieder, para que estos mantengan su posición adecuada en el estilo del autor.
Ante todo, la pareja hechiza al oyente por su compenetración mutua, una auténtica simbiosis artística y espiritual. Sin duda, Silja y Dohnányi, de acuerdo con el título que hemos propuesto para este artículo, se constituyen en una pareja ideal para la interpretación de la música de Schönberg.
Schönberg: Erwartung Op. 17. 6 Lieder Op. 8. Anja Silja (soprano). Orquesta Filarmónica de Viena. Christoph Von Dohnányi (director). Grabación de 1979 de Decca-London Erwartung fue reeditado en 2012 en un doble cd junto a la ópera Wozzeck de Berg
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