Estudios fonográficos

La colección música antigua española de Hispavox

Andreu Ripol
Las Cantigas de Santa María del Rey Alfonso X El Sabio Las Cantigas de Santa María del Rey Alfonso X El Sabio © 1971 by Hispavox
0,0005832

Hace más de setenta años, en 1953, fue creado el sello discográfico Hispavox, con sede en Madrid, en la Calle Torrelaguna, constituyéndose en una de las compañías pioneras en España de los discos de 33rpm y del sistema de microsurco. Su intención fue siempre la de proyectar al mundo la música española, y para ello, estableció dos líneas de producción. Una centrada en la música clásica y otra con dedicación al folclore nacional, sobre todo, el flamenco y la canción española. 

Se mantuvo como compañía independiente durante treinta años, produciendo y distribuyendo discos para multinacionales como CBS y WEA, gracias a las cuales consiguió introducirse en mercados internacionales tan potentes como Estados Unidos, Japón y Latinoamérica, por lo que se puede decir que logró el objetivo de expandir su producción de música española en estos lugares del mundo. En 1985 fue absorbida por EMI, quien se encargó de relanzar su catálogo desde una nueva perspectiva de mercado, que en aquella época la constituía la reciente aparición del cd como soporte principal.

En lo que se refiere a su aportación a la música clásica, creo que hay, al menos, dos aspectos importantes que de ningún modo deben quedarse en el tintero. Por un lado, el catálogo de zarzuelas, que nuestro sello fue formando en los años 50 y 60 y que, sin duda, puede considerarse como uno de los mejores de todos los tiempos. Las obras de Sorozábal fueron el principal objetivo del sello que, para las grabaciones de las mismas y de muchas otras zarzuelas de distintos autores, utilizó un elenco de jóvenes cantantes que se transformaron, en parte gracias al empuje del sello, en figuras de primer orden del panorama lírico. Ahí van nombres como Pilar Lorengar, Alfredo Kraus y Pedro Lavirgen.

Espero poder dedicar en otra ocasión un artículo sobre alguna de estas zarzuelas, pero para el comentario de hoy, me permitirá el lector que me sitúe de lleno en la otra gran línea de trabajo a la que se dedicó Hispavox en el ámbito de la música clásica. Se trata de la música antigua española, que vio editada una magnífica colección sostenida en el tiempo, ya que se inició a finales de los años sesenta y se fue agrandado hasta publicar sus últimos títulos ya en la década de los ochenta. 

La pieza clave para el éxito de esta colección fue la figura de Roberto Pla, uno de los más brillantes musicólogos que haya dado nuestro país. Hombre inquieto y de gran cultura (entre otras cosas se le atribuye la fundación del Coro de Cantores Clásicos, más tarde rebautizado como Coro de RTVE), Pla trabajó durante varios años como director artístico de Hispavox, responsabilizándose de varias producciones de zarzuela, así como de canto gregoriano con el Coro de Monjes de Santo Domingo de Silos, aunque su tarea de mayor envergadura fue la creación y puesta en marcha de la denominada “Colección de Música Antigua Española”.

No vamos a dudar de que la originalidad y calidad del repertorio, así como el alto nivel de los intérpretes, se constituyó en la clave del éxito de esta colección, pero no quiero omitir un detalle que creo tuvo también su peso en la imagen de la colección, y nunca mejor dicho, porque me estoy refiriendo justamente a la imagen, la imagen visual, basada en un trajeado negro elegante y con un toque de misterio en las portadas. Las reproducciones pictóricas y fotografías, siempre bien escogidas y relacionadas con el contenido del disco, acababan de otorgar el punto de interés necesario para que estos vinilos no pasaran desapercibidos en los expositores de las tiendas.

Dentro de la propia colección, despuntaron diferentes secciones y géneros, según la época y los instrumentos, en un intento de dejar aparcado ese concepto de “música antigua” que suele ser sinónimo de un cajón de sastre en el que vale lo mismo el canto gregoriano o las canciones trovadorescas del siglo XII que la música instrumental de los siglos XVI y XVII. Así pues, la colección siempre fue cuidadosa en la diferenciación de las épocas y los géneros musicales. 

Elaboró una línea de música para teclado (en especial, órgano), sacando a la luz obras de autores como Cabezón, Cabanilles o Correa d’Arauxo. También pudimos gozar de una magnífica selección de volúmenes dedicados a la música para vihuela y guitarra (con obras de Mudarra, Valderrábano, Narváez y Gaspar Sanz, entre otros), de las grandes obras religioso-vocales de Tomás Luís de Victoria, y de un doble álbum con la grabación completa del drama litúrgico sobre El Misterio de Elche.

Intérpretes de la talla de Antonio Baciero, Paulino Ortiz, Jorge Fresno y Ernesto Bitetti fueron los encargados de materializar con sus instrumentos las lecturas de estas obras.

Me ha parecido oportuno, para la segunda parte del artículo, comentar los cinco primeros volúmenes de la colección, aquellos que constituyen el meollo de la música medieval española, la que fue producida entre los siglos IX y XIV. En concreto, estos volúmenes fueron los siguientes: 1) Las Cantigas de Santa María de Alfonso X El Sabio, interpretadas por la Capìlla y Escolanía de Santa Cruz del Valle de los Caídos y el Atrium Musicae de Madrid. 2) Monodia Cortesana Medieval y Música Arabigo-Andaluza, interpretado por varios solistas vocales, Atrium Musicae y la Orquesta Marroquí de Tetuán. 3) La Música en Cataluña hasta el Siglo XIV, interpretada por la Capìlla y Escolanía de Santa Cruz del Valle de los Caídos y el Atrium Musicae. 4) Códice Calixtino y Antifonario Mozárabe, interpretado por el Coro de Monjes de Santo Domingo de Silos. 5) Códice de Las Huelgas, interpretado por el Coro de Monjas del Monasterio de Santa María la Real de Las Huelgas y el Atrium Musicae. Con el tiempo se editó un álbum de cinco elepés conteniendo estos títulos, que también fueron reeditados de forma individual en cd.

Ciertamente ninguna de estas obras fueron grabadas íntegramente, pero, aunque reducidas, su lanzamiento al mercado, en los años setenta, supuso todo un acontecimiento que permitió descubrir una serie de piezas vocales e instrumentales que sintetizan lo mejor de la producción musical en España durante el periodo medieval. Además de los grupos musicales mencionados, hay que citar la colaboración de grandes expertos en música antigua, como los hermanos Eduardo y Gregorio Paniagua (este último, fundador y director del grupo Atrium Musicae, falleció en enero de este mismo año), José Luís Ochoa de Olza e Ismael Fernández de la Cuesta, directores de coro, y solistas vocales como Carmén Orihuela, María Aragón, Lola Quijano y Jens-Uwe Eggers.

La mayoría de las grabaciones fueron efectuadas en la Colegiata de Covarrubias, en la provincia de Burgos, respetando de este modo el marco de un histórico templo castellano que presenta una magnífica sonoridad, eso sí, tal como se advierte en alguna de las contraportadas, amenizado en momentos puntuales por el canto de los pájaros, muy abundantes en el exterior de la iglesia, que llegaban a colarse por alguno de los ventanales. Créanme, he podido ser testigo directo de esta anécdota, escuchando los discos y, lejos de molestarme, el lejano y alegre piar de algún que otro pajarillo acompañando a la música, me ha parecido encantador.

Sobre las cantigas de Santa María incluidas en el disco, decir que no podía faltar la posiblemente más hermosa y conocida de todas, Santa Maria, strela do dia (n.º 100), interpretada por coro de niños, viéndose acompañada de una veintena más, escogidas en función de su variedad vocal; algunas con tenor solista, otras para barítono, para coro de niños, solo vocales, o también puramente instrumentales… en fin, una provechosa muestra de lo que constituye uno de los tesoros más valiosos de la música antigua de nuestro país.

El segundo volumen está centrado en los siglos XII y XIII, y dividido en varias partes: una selección de nubas arabigo-andaluzas, instrumentales y cantadas, otra selección, en este caso, de las Cantigas de Amigo de Martín Codax, las melodías más antiguas en su género y en lengua gallega, junto con las Cantigas de Alfonso El Sabio. El tercer bloque musical del disco lo constituye una recopilación de canciones trovadorescas provenzales y catalanas, de autores como Peire Cardenau, Guiraut de Riquier y Berenguer de Palou, que, de algún modo, tiene su continuación en el volumen tercero de la colección, que está plenamente dedicado a la música en Cataluña, e incluye una selección del Llibre Vermell de Montserrat, vivo ejemplo de la música medieval tardía, fechada en el siglo XIV.

Los Volúmenes cuarto y quinto aportaron a la mayoría del público de la época, el conocimiento de dos textos sacro-musicales muy significativos de los siglos XIII y XIV, el Códice Calixtino, surgido del numeroso y constante peregrinaje al sepulcro del apóstol Santiago, en Compostela, y el conocido como Códice de las Huelgas, cuyo nombre procede del monasterio cisterciense de Santa María la Real de las Huelgas, donde, probablemente, fue copiado en el siglo XIV, erigiéndose en uno de los ejemplos más enriquecedores del periodo conocido como Ars Antiqua. En el disco, la selección de piezas se encuentra interpretada por las propias monjas del monasterio burgalés, junto al grupo instrumental Atrium Musicae. 

Y un último detalle: el disco del Códice Calixtino incluye, además, una de las fuentes conocidas más antiguas de la música medieval, el llamado Antifonario Mozárabe de Silos, que data del siglo IX, interpretado por el propio coro de monjes del monasterio de Santo Domingo.         

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.
🎂 Mundoclasico.com cumple 30 años el 1 de mayo de 2026

Desde 1996, informamos con independencia sobre música clásica en español.

Para disfrutar plenamente de nuestros contenidos y servicios, regístrate ahora. Solo lleva un minuto y mejora tu experiencia como lector.

🙌 Registrarse ahora