Italia

Muti en Rávena: Política, arte y religión

Agustín Blanco Bazán
Muti y Cantare amantis est
Muti y Cantare amantis est © 2026 by Marco Borrelli
Rávena, martes, 2 de junio de 2026.
Pala de Andrè. Cantare amantis est. Segundo viaje a través de la música coral guiado por Riccardo Muti. Obras de Mozart, Bellini, Boito y Verdi. Maria Grazia Schiavo (soprano). Coro participativo. Riccardo Muti y Davide Cavalli (piano). Festival de Ravenna 2026
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Entre la variadísima paleta artística que todos los años colorea el Festival veraniego de Ravenna, el de este 2026 ha vuelto a convocar en la Pala de Andrè, la enorme Arena cubierta en las afueras de la ciudad, una multitudinaria aglomeración de coristas (3546 entre profesionales y aficionados) de toda Italia para dos días de ensayos bajo el adagio de Cantare amantis est, una expresión de San Agustín, que asocia el canto con el amor y la plegaria.

Animador de este encuentro es Riccardo Muti, (“el Maestro” en la jerga local) que dirigió esta multitud a través del Ave Verum de Mozart, Ave Signor de Boito, Casta Diva de Bellini, y Requiem de Verdi. Lo hizo con explicaciones históricas sobre cada obra, arengas de filosofía artística, y también desde un piano que compartió con Davide Cavalli, un excelente solista acompañante. Y, algo inesperadamente, incluyó una pieza emblemática de la Republica Italiana que el dos de junio, el segundo día de este espectáculo, festejaba los ochenta años de su fundación.

Fratelli d’Italia y Don Minzoni

En Roma esta fue una celebración de rampante militarismo durante la cual el himno nacional fue entonado por un tenor con voz de trompeta, un poco en la tradición norteamericana. “¿Por qué un solista? ¿Por qué imitar a los americanos, eligiendo una especie de Tribuno de la Plebe, cuando se trata de un himno expresivo de una masa coral que deber representar a todo un pueblo?”, preguntó Muti a su multitud. “¿Y por qué este tiempo de marcha?” continuó. “esta pieza no es una de esas marchitas que dan mal nombre a la música italiana con ritmo de ‘zumpa zum´ o ‘taratatá’…Esto es un HIMNO, a redondear con legatissimo y sin apuros. Y así se lo hizo redondear a sus coristas, a través de diversas repeticiones que transformaron la pieza en una especie de asertivo y trascendente coro a lo Verdi.

Complemento de este mensaje de insoslayable sugestión política fue la decisión del Maestro de dedicar este festival coral a la memoria de Don Giovanni Minzoni, un cura promotor de las artes y el activismo artístico juvenil martirizado a golpes por fascistas locales en 1923. “La felicidad de vuestros rostros es grito de vida” reza una frase de Don Minzoni estampada junto a su firma en la camiseta azul distribuida por el Festival y usada por todos los coristas en el estadio y en las calles y locales de la ciudad durante los días que duró esta convocatoria. En medio de ella Muti se proclamó como un espíritu crítico abierto a cualquier forma de pensar pero reticente a cualquier ideología extrema, de derecha o izquierda.

Esta extroversión pedagógica asombrará tal vez a quienes se limitan a seguir la carrera internacional de este artista de gesto severo en los podios orquestales de Londres, Viena o Salzburgo. Pero en Ravenna es posible advertir el humor escondido detrás de esta severidad, y también experimentar una misión pedagógica rebosante de entusiasmo y comunicatividad: así comparte en Italia el Maestro con sus conciudadanos la razón de su formación profesional y una ética artística asociada con la filosofía humanística que en esta ocasión le permitió asociar a San Agustín con Giovanni Minzoni.

Como en el caso del himno, los demás ensayos se desarrollaron en la misma tónica de diálogo y socarrona protesta que Muti utiliza como estrategia para proclamar una misión muy suya, la de reafirmar el aporte de Toscanini y, entre otros, su propio maestro Antonino Votto, como un legado interpretativo esencial para el quehacer musical italiano.

El ensayo de Casta Diva se centró numerosas repeticiones del pasaje coral de Casta diva che in argenti. Particularmente enfáticas fueron las instrucciones rítmicas para evitar lo que el Maestro execra como el marcado estilo “organillo de plaza” que tan erradamente muchos creen ver en la ópera italiana. El mega coro, unas veces al unísono, y otras dividido según la cuerda, tuvo que esforzarse para cumplir instrucciones como la de pronunciar el “Ca” en la primera palabra marcando bien la “C” pero sin abrir mucho la “A” para evitar calarla, o la necesidad de graduar dinámicas evitando tendencias al forte, y distinguiendo el sottovoce de la mezzavoce. “¡No olviden que las dinámicas son el fundamento de la música! Y esta pieza es un ejemplo de como la música italiana está intrínsecamente asociada con cada sílaba de la palabra, sin sinfonismos paralelos o independientes. Y es una pieza particularmente original, porque expresa una cierta melancolía pastoral en clave mayor. Pero por favor…¡no hagan rallentandos que no están en la partitura sino que a veces salen por culpa de algunos directores que por ser muy viejos no pueden mover la batuta en tiempo!“ Un momento de Italianità diversa pero estimulante pareció divertirlo particularmente: “¡Ah, en esta frase he escuchado las vocales de toda la Italia!” exclamó Muti ante las diferentes fonéticas proyectadas en uno de los tutti de este coro pan-itálico.

En el Ave signor de Mefistofele, el director dedicó varios minutos al coro de niños (la corista más joven tenía seis años), instruyó por separado a los coros de sopranos a cargo de las dos falanges celestiales, e insistió en el marcado staccato aún en los balbuceos en piano para marcar bien los crescendi culminantes.

La soprano Maria Grazia Schiavo, que había acompañado al coro en Casta Diva volvió a integrarse a él para el Andante final del Requiem de Verdi. Muti advirtió que los pianísimos marcados como ppp no deben inducir pasividad coral sino ser acompañados vocalmente con claro énfasis de aprehensión y petición: “El Requiem de Brahms es fundamentalmente consolación, beatitud, certeza de la felicidad de los muertos. El de Verdi es una pregunta y un pedido y es la palabra la que guía el cambio de tonalidad. Aquí la música está al servicio de la palabra.”

Volare, Ave Verum

Ninguna crónica sobre la multitudinaria experiencia coral desencadenada por Riccardo Muti en la Pala de Andrè puede dejar de aludir a lo más importante, a saber, una atmósfera de vivacidad e intercomunicación masiva, similar a la de un evento deportivo, que caracterizó esta inspirada congregación de voces bajo la égida de un artista capaz de transmitir su oficio con entusiasmo carismático. Para dar una idea de esta atmósfera, cabe agregar que las piezas ensayadas fueron mezcladas constantemente, a veces pasando inesperadamente del Requiem al himno nacional y de este al Ave Signor, con Casta Diva en el medio.

¡Pero me quedan aún dos piezas a comentar! Mientras esperaban a su Maestro, los coros, con la espontaneidad típica de las hinchadas de fútbol culminaron su griterío de saludos recíprocos con una gloriosa entrega del Volare de Domenico Modugno para contrastar abrupta y conmovedoramente minutos después con el Ave Verum mozartiano impuesto por Muti como comienzo de programa.

Muti: “Canten adentro de cada nota, ascendiendo al comienzo a través de esos dos Ave … un poco pensando que son toda la humanidad … En el ‘esto nobis’ redondear bien la ‘o’ ¡Si nos sale bien se lo mandamos al Papa!”

Sobre el final de las dos jornadas Muti ensambló todas las piezas en un “Concerto” a través del cual éstas se sucedieron sin interrupción. Y frente a la alusión al Papa no pude dejar de recordar la ocasión en que León XIV otorgó a Muti el Premio Ratzinger 2025. Parece que Muti se encontró muchas veces con Ratzinger no solo en el Vaticano sino también en Múnich y Salzburgo. En el último de sus encuentros el Maestro insistió en sus diatribas contra los directores de escena que desfiguran las óperas de Mozart. “Dejemos descansar en paz al pobre Mozart” le contestó el ya jubilado Benedicto XVI.  

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