El Museo de Bellas Artes de A Coruña organiza desde hace 25 años el ciclo 'Música para unha época', en el que ofrece programas monográficos vinculados a los diversos contenidos del museo que tras el concierto son visitados por el público asistente acompañados de un guía del museo. En esta ocasión, y relacionado con los fondos de arte gallego del siglo XX, el ofreció el programa 'Íntima', una panorámica de las modernidades musicales desde la Belle Époque hasta la actualidad, que abarca música de seis compositores, desde Reinhold (Kiev, 1875 - Moscú, 1956) hasta Jörg (Múnich, 1973), nacido casi un siglo después.
En las últimas semanas he tenido la oportunidad de publicar una serie de reflexiones sobre las variadas perspectivas de intérpretes nacidos en el siglo XXI a los que se ofrece la oportunidad de programar con bastante o mucha libertad. Los hermanos Sofía y Kiril Fasla Prolat toman el título del concierto de la obra homónima de Jurgis (Pykuoliai, Lituania, 1942), Íntima (2016), idóneo para calificar este álbum de piezas introspectivas en el que conviven el simbolismo de Glière, el japonismo de Josep Maria (Reus, España, 1967), el misticimo de Pēteris (Aizpute, Letonia, 1946) y nos da ocasión de contrastar la vívida nostalgia de Bohuslav (Bohemia, 1890- Suiza, 1959) con la amable ironía de Widmann sobre un paisaje sonoro del pasado, Valse Bavaroise (2008), aparentemente obsoleto.
Hace años algunos teóricos del arte valificaban a los modernismos de 'paraísos artificiales' lo cual parece una redundancia porque todos los paraísos conocidos son mitos desde el Génesis a esta parte. Hecha esta constatación, propongo considerar el programa Íntima como una visita guiada a media docena de paraísos concebidos por brillantes creadores a lo largo de los últimos cien años. Es decir, una visita a una sala del museo de la memoria musical. Como lo que importa es la mirada de los visitantes, las diatribas sobre la interpretación históricamente informada son en este caso irrelevantes pues de lo que se trata ahora es de cómo perciben, conciben y sienten estas músicas el Dúo Fasla Prolat, y cómo lo trasmiten al público.
Reconozco que yo mismo cometí el error de invocar las tradiciones interpretativas tras las Ocho piezas op. 39 (1909) de Glière, en la que eché de menos los portamentos y otros estilemas de la Belle Époque. Por fortuna, tomé conciencia de mi error y a partir de ese momento disfruté plenamente con la mirada de los Fasla-Prolat, que vinculan lúcidamente las miniaturas de Glière con las de Guix y nos permiten entender mejor a Juozapaitis.
Los hermanos Sofía y Kiril, aparte de ser mellizos, se han educado juntos y compartido su maduración profesional en las mismas escuelas, conjuntos instrumentales y orquestas, gracias a lo cual forman un sólido dúo de cámara, solidez enriquecida por sus contrastantes personalidades, sumadas -claro está- a su técnica sobresaliente. Esta conjunción de virtudes los convierte en candidatos a la excelencia, para lo que les queda todavía un recorrido largo y plagado de dificultades. Pero en la mochila de las provisiones guardan grandes cantidades de la imaginación y la curiosidad patentes en el diseño de este programa. Su desenvoltura y modestia en escena, su buen hacer y su empatía les ganó el favor del público que casi llenaba la sala del museo, al cual retribuyeron con Gulfstream (2010) de Victoria Poleva (Kiev, 1962), una obra plenamente moderna en la que conviven la memoria, el juego musical y la sensibilidad.
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