Abu Hassan © 1959 by EMI
Si hemos de elegir entre las grandes marcas discográficas de toda la vida, aquella que haya elaborado el mayor y más variado catálogo de grabaciones de ópera, creo que deberíamos decantarnos por el sello británico (La Voz de su Amo, como se le llamaba en España).
Para empezar, tuvo en sus manos, y bien agarrado, el que quizás haya sido el más preciado tesoro en el terreno operístico, esto es, la exclusividad de las grabaciones en estudio de , todas sus óperas y recitales, que proporcionaron al sello una fama extraordinaria, seguramente sólo comparable a la que obtuvo gracias a su simbiosis con Herbert Von .
Pero la Callas no fue el único caballo ganador de EMI; precisamente, en su catálogo operístico constan algunos títulos legendarios del propio Karajan, como Los maestros cantores de Nüremberg, Tristán e Isolda, Pelleas y Melisande, El caballero de la rosa y Hansel y Gretel. También dispuso de las mejores interpretaciones de óperas y canciones rusas del gran , así como de referencias insuperables en el universo mozartiano, como el Cosí fan tutte de , Las bodas de Fígaro de o La flauta mágica de .
Otro acierto del sello británico fue su apuesta por las operetas locales, como las de en Inglaterra o las vienesas de los Strauss, , y . En esta línea, EMI elaboró un interesante catálogo de óperas alemanas que desenterró títulos poco conocidos de grandes compositores (sirvan como ejemplo Alfonso y Estrella de Schubert, Genoveva de Schumann y Euryanthe de Weber) y, por otro lado, divulgó obras líricas de gran calibre de autores poco conocidos, como , o .
Formaban parte de este voluminoso y apasionante catálogo operístico, lo que me he permitido denominar, de forma familiar e informal, las “mini-óperas” (o, si se quiere, “óperas de bolsillo”), piezas cortas, intermezzos, singspiels, muchas de ellas a caballo entre la ópera y la opereta, presentadas en un solo disco, con unas portadas muy elegantes (como puede comprobar el lector en la reproducción que acompaña a este comentario) y que se centraban en el repertorio austriaco y alemán, aunque no exclusivamente, como lo demuestra una de sus grandes curiosidades, el intermezzo en francés Le Devin du Village, cuyo autor es nada menos que Jean-Jacques .
En lo que se refiere al repertorio alemán, decir que este catálogo de “mini-óperas” dio a conocer una buena colección de obras menores, pero, como mínimo, encantadoras y divertidas todas ellas. Descubrimos pequeños tesoros de Mendelssohn, con la grabación de Heimkehr aus der Fremde [Regreso a casa después de un viaje al extranjero], y sobre todo, la irónica Die beiden Pädagogen [Los dos pedagogos] una comedia satírica sobre los métodos clásicos de educación. O de Schubert, con su diminuta Der vierjährige Posten [Cuatro años en el puesto de guardia], de poco más de media hora de duración, o la comedia de enredo Die Zwilligsbrüder [Los hermanos gemelos], en la que el gran Fischer-Dieskau interpreta dos papeles, los hermanos Franz y Friedrich Spiess. También se podían encontrar títulos de autores como Eugen , Albert Lortzing, y retrocediendo en el tiempo, alguno anterior al Romanticismo, como es el caso de Gluck y su Die betrogene Kadi [El juez engañado], una divertida ópera en un acto, cantada en alemán. Estos títulos fueron reeditados en cd en los noventa por el sello CPO bajo la licencia de EMI Classics.
Uno de los requisitos fundamentales de estas grabaciones fue cuidar el máximo nivel de calidad de sonido (algunas de ellas se grabaron con el sistema SQ Cuadrafónico) y, sobre todo, el reparto atractivo de cantantes y directores. La mayor parte de la plantilla artística de EMI fue contratada también para interpretar estas pequeñas óperas, lo que otorgó una gracia y brillantez indiscutibles a la hora de la escucha.
El terzetto habitual que constaba en las portadas de los discos era el formado por Helen , Nicolai y , a los que se solían añadir Edda , Anneliese , y el mencionado Dietrich Fischer-Dieskau. La batuta la compartían Heinz , Otmar , Janos y Wolfgang , con la aportación de en la mencionada ópera de Rousseau, que posee un curioso elenco artístico, ya que, además del inagotable Nicolai Gedda, se encuentran en el reparto la soprano y el barítono , así como la orquesta propia de Louis de Froment y el que fuera legendario coro de los años cincuenta y sesenta, Choeurs Raymond Saint-Paul.
Quizás habrá notado el lector que conozca esta colección de “mini-óperas”, la ausencia de mención en los párrafos anteriores de dos de ellas, dos títulos esenciales del catálogo. Me he permitido omitirlos hasta ahora porque, por tratarse de dos óperas especialmente interesantes, he decidido darles un mayor protagonismo y dedicarles un análisis un poco más profundo en la segunda parte del artículo. Me estoy refiriendo a Abu Hassan de Weber y La Guerra Doméstica de Schubert, que paso a comentar brevemente.
Sin exagerar, se podría decir que Abu Hassan se constituye en la más divertida de las óperas de , un auténtico derroche de síntesis teatral, imaginación musical y evocación irónica de los personajes. Como la mayoría de las pequeñas óperas que hemos venido mencionando, apenas supera los tres cuartos de hora de duración (diálogos hablados incluidos). Compuesta y estrenada en 1811, se encuadra en el ecuador de la producción weberiana, y puede considerarse como un puente entre las primeras óperas del autor, todavía de constitución muy juvenil (entre las que cabría destacar Peter Schmoll y Silvana) y las tres obras maestras de madurez, Der Freischütz, Euryanthe y Oberon, todas ellas compuestas al menos una década más tarde, durante los últimos cinco años de vida del compositor.
De acuerdo con la moda de la época, Abu Hassan se estructura como un singspiel cantado en alemán, y de estilo turco, siguiendo los pasos de algunas grandes óperas anteriores muy populares, especialmente las de Mozart y Gluck. El libreto, de Franz Karl Hiemer se inspira en un relato de Las mil y una noches, fresco y desenfadado, en el que se utiliza la infalible fórmula de los aspirantes a bon vivant, los acreedores despiadados y las farsas en las que aparecen falsas identidades y defunciones simuladas.
Como también solía ser habitual en este género de “ópera turca”, la figura del máximo mandatario oriental (califa, en este caso, magnánimo y generoso) se presenta como un rol hablado. El gran Wolfgang Sawallisch, una de las más brillantes batutas de la segunda mitad del siglo XX, inmenso conocedor y promotor de la música de Schubert y Weber, dirige un magnífico trío de solistas formado por Edda Moser, Nicolai Gedda y Kurt Moll.
En cuanto a La guerra doméstica, creo que se la puede calificar como uno de los mejores trabajos operísticos schubertianos, teniendo en cuenta que a Schubert nunca se le dio demasiado bien la música escénica en general y la operística en particular, a diferencia de “su” indiscutible género vocal, que es el lied. Quizás los números más logrados de esta ópera sean aquellos que se asemejan más al género liederístico, como la Romanza de Hélène (n.º 2), que parece haber heredado el espíritu mozartiano de Las bodas de Fígaro matizado por la paleta colorística de las melancólicas canciones del autor, o, sobre todo, las dos pequeñas arias que preceden al ensemble final. La del conde, en la mayor, parece presagiar el ánimo de la opereta francesa, mientras que su respuesta inmediata, la arietta de la condesa, en la menor, posee un inconfundible aroma de lied.
La obra tiene un origen no exento de cierta polémica, pues Schubert y el libretista, Ignaz , hubieron de renunciar al nombre original, Die Verschworenen, cuyo significado literal, Las conjuradas, pareció de mal gusto a la censura de la época. De ahí que, finalmente, esta pugna conyugal entre caballeros cruzados que sólo viven para la guerra y desatienden las aspiraciones amorosas de sus mujeres, y éstas últimas, que deciden rebelarse contra la falta de amor y atenciones de sus marciales maridos, pasara a denominarse Die häusliche Krieg, un título menos comprometido, que conserva de todos modos el espíritu claramente romántico del argumento.
Edda Moser y Kurt Moll repiten papeles estelares en esta ópera, en la que sorprende no encontrar al eterno Nicolai Gedda, sustituido en esta ocasión por Adolf , quien, con su carácter italiano, otorga un matiz a la vez apasionado y divertido al rol del tenor principal. La dirección corre a cargo de , un auténtico maestro en el terreno de la ópera alemana, en especial del singspiel y la opereta, que en muy contadas ocasiones se le ha podido escuchar dirigiendo música puramente orquestal porque, como acabamos de decir, sus aguas naturales se encuentran en el océano operístico.
Quizás el único defecto que puede observarse en esta grabación sea la ausencia de obertura, ya que no se utilizó la versión autógrafa completada y preparada por Fritz Racek, ni tampoco la que se solía utilizar habitualmente, procedente de una de las primeras obras de Schubert, Des Teufels Lustschloss.
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