Francia

Olé

Francisco Leonarte
Riccardo Muti
Riccardo Muti © Todd Rosenberg Photography | CSOA
París, jueves, 18 de junio de 2026.
Maison de la Radio et de la Musique. Auditorium. Alfredo Catalani: Contemplazione. Giuseppe Verdi: Les Quatre Saisons (ballet de la ópera ‘Les Vêpres Siciliennes’). Piotr Ilich Chaicovski: Sinfonía nº4 en fa menor op 36. Orchestre National de France. Dirección musical, Ricardo Muti.
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Auditorio de la Casa de la Radio parisina prácticamente lleno. Al podio uno de los directores más prestigiosos, Ricardo Muti. Como era de esperar, es acogido con una ovación que Muti agradece someramente.

En el programa, dos obras italianas (sabido es que Muti es defensor de la poco conocida música instrumental italiana del XIX) y una sinfonía de Chaicovski.

Empezamos con una pequeña obra de Catalani, autor que sólo parecer pervivir en el repertorio gracias al aria «Ebben ne andró lontana» de su ópera La Wally 1. Y escuchando la obra del programa, Contemplación, escrita cuando el compositor apenas tenía 24 años, uno no puede sino lamentar que no esté más presente Catalani en las salas de concierto. Y nunca habíamos escuchado a las cuerdas de la Orquesta Nacional de Francia sonar tan bien, tan elegantes, con un sonido tan satinado, llevándonos por los vericuetos de Catalani, que parece hallarse en el cruce entre la Noche Transfigurada de Schoenberg y los Crisantemos de Puccini, a la vez brahmsiano y a la vez profundamente italiano, con un sello propio.

Llega después un ballet operístico, género impuesto en su día por la Ópera de París y al que Verdi se plegó de mejor o peor grado. Lo cierto es que este ballet Las cuatro estaciones, compuesto para Las Vísperas Sicilianas, nos parece una obra maestra en su género.

Después del entreacto vendrá la Cuarta de Chaikovski, de la que Muti dará una lectura de gran intensidad.

Durante todo el concierto Muti está atento a cada entrada, dibuja la música, alienta a los profesores de la orquesta. En ocasiones (y es gesto que pocos directores se permiten) para de dirigir, deja que sus músicos sigan sólos, estableciendo un clima de confianza entre el maestro y los maestros, una sensación de espontaneidad. Aliando rigor rítmico y variedad de intenciones, Muti da sentido a cada melodía, a cada acento.

Y sus solistas dan lo mejor de sí. Qué bonitos los solos del oboe, qué bueno el solo de fagot en la Cuarta, qué precisa y dulce el arpa. ¡Y qué impresionante el solo de clarinete en Verdi, cómo canta, con qué intensidad!

Al final del concierto, alguien sale con un micrófono y empieza a asestarnos un catálogo de frases vanas. Se trata al parecer de honrar al maestro con un título tipo «director emérito» o algo por el estilo. Pero a Muti, a su edad y con su carrera, estos honores debieran sobrarle. Blabla y distinciones que no me interesan lo más mínimo: me voy a mitad del discurso. No quiero que toda esa palabrería me quite el buen sabor de boca. 

Notas

1. Recordemos que La Wally era la ópera preferida de Toscanini, tanto que bautizó a su hija con ese nombre

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