Servida por la Hong Kong Sinfonietta bajo la dirección de su titular desde 2023, el incombustible maestro Christoph Poppen, la gala final con que el domingo 2 de agosto cerraba por todo lo alto la edición número 12 del Festival de Música de Marvão en el patio de su castillo se convirtió en un auténtico desfile de la gran mayoría de los intérpretes, la gran mayoría jóvenes pero consolidados valores, que habían participado en los diversos conciertos previos, lo que venía a suscribir el perfil de cercanía y continuidad del certamen, así como su marcado carácter residencial para los artistas de todas las especialidades musicales.
Formación hongkonesa y director, fundador y alma mater del certamen junto a su esposa la soprano Juliane Banse, ya nos habían ofrecido un concierto el viernes anterior en las ruinas Ammaia con el estreno europeo de la ecléctica partitura concertante para armónica, piano jazzístico y orquesta de Alice Yeung además del concierto para trompeta de Haydn, dos arias de Mozart y la Sinfonía número 2 de Beethoven, lo que permitió comprobar el rodaje de una agrupación de compacto y sólido sonido en la interpretación del gran repertorio junto a la nueva creación.
Esta “Gala de Encerramento”, que hubiera sido muy apropiado denominarla también Gala de Solistas, iba a congregar hasta once de ellos, pero el propio Poppen anunció al público antes de comenzar que la violinista germana Veronika Eberle -que curiosamente no había participado en ninguno de los conciertos previos de la semana- tuvo que cancelar su participación por enfermedad, con lo que se cayeron del programa dos páginas de las 13 inicialmente previstas: el movimiento final de la Sinfonía concertante para violín y viola de Mozart y el tiempo lento del Concierto para violín número 1 de Bruch.
El primer capítulo mozartiano, de quien el maestro alemán es uno de sus especialistas, dio comienzo con una ágil y bien articulada obertura de Las bodas de Fígaro que precedió al aria de Tamino “Dies Bildnis ist bezaubernd schön” del primer acto de La flauta mágica que contó con el tenor Valentin Lee, cuyo bello timbre vocal, muy lírico y perfectamente adecuado al estilo mozartiano, nos recordó su actuación del día 30 de julio con el Dichterliebe schumanniano, lo que fue toda una muestra de refinamiento expresivo. El Concert-Étude del compositor ruso Alexander Goedicke volvió a resultar beneficiado de la musicalidad y carácter extrovertido del veterano trompetista Reinhold Friedrich, cuidadoso en la línea melódica como lo fue con Haydn en Ammaia. Tras ello el violinista Ruifeng Lin, protagonista de un recital privado el viernes 31 destinado a patrones y periodistas en la finca biológica de aceite llamada Quinta Azeitona, pudo volver a mostrar su prodigiosa técnica y sonido pulido en la Polonesa de concierto de Henryk Wieniawski, un autor que incluyó en esa misma cita. Sinceramente nos quedamos con ganas de escucharle en los Aires gitanos que posteriormente se iban a ofrecer en versión para armónica.
La jovial violonchelista Raphaela Gromes volvió a reivindicar la creación femenina como había hecho esa misma mañana en su concierto “Fortissima” insuflando viveza rítmica y dolce cantabilità al tríptico Bohémienne, Romance et Tarantelle de Pauline Viardot-García -uno de las pocos ejemplos en el festival de compositores españoles junto a Pablo de Sarasate- una partitura contrastante en sus tres partes con una destacada escritura virtuosística que fue ofrecida en arreglo del compañero de viaje de la solista alemana en el mencionado recital en Nuestra Señora de la Estrella, el pianista Julian Riem. Acto seguido, la dupla formada por dos artistas de enorme musicalidad, el clarinetista y asesor del festival Horacio Ferreira y el violista Nils Mönkemeyer, afrontaron con íntima compenetración y vuelo lírico el tempo lento, Andante con moto, del Doble concierto para ambos instrumentos de Bruch, todo un hallazgo en la producción del compositor alemán del que fue una lástima que el 'Adagio' de su célebre concierto violinístico no elevara artísticamente la caída de la tarde en Marvão, con los volátiles habitantes de la fortaleza bastante comedidos durante toda la velada.
Como en Ammaia cantando Mozart, el bajo-barítono Rafael Fingerlos exhibió su empaque vocal y elegancia canora en la canzone napolitana a ritmo de habanera Dicitencello vuje con pentagramas de Rodolfo Falvo y letra de Enzo Fusco. Igualmente en las ruinas romanas, Cy Leo fue muy aplaudido en la obra de Yeung, y su lectura del estupendo arreglo de los Aires bohemios de Sarasate del que desconocemos la autoría -quizá del propio Leo- dejó claro que la armónica cromática en honor a su nombre es, como puede ser el acordeón, un instrumento polifónico capaz de adaptarse con versatilidad a las exigencias de la original parte de violín, tanto la más cantabile del lassú húngaro como en el vivace final, emitiéndose todas y cada una de las notas en un nuevo ejercicio de deslumbrante prestidigitación por parte del armonicista hongkonés.
La última parte de la gala estuvo centrada exclusivamente en el terreno de la lírica, empezando por el aria de soprano “Einer wird kommen” de la opereta vienesa El zarévich de Franz Lehár defendida por la consorte de Poppen, una voz la de Banse de contornos oscuros que, al margen del lied puro y duro, se mueve con holgura y suprema elegancia en un repertorio que la artista domina a la perfección y que dejó con ganas de más. Qué delicia sería escuchar el “Vilja” de La viuda alegre, "Meine Lippen sie küssen so heiss" de Giuditta por citar sólo dos ejemplos del mismo autor. No estaría de más que Frau Juliane considerara brindar un recital íntegramente dedicado a la opereta, y desde estas líneas le lanzamos el guante como quien no quiere la cosa.
El dúo de Nadir y Zurga “Au fond du temple saint” de Los pescadores de perlas de Bizet, aquí tocados con piano en vez de arpa los toques arpegiados que se incluyen en la instrumentación evocando la visión de Nadir, mostró una buena coordinación entre el tenor Martin Mitterrutzner y de nuevo bajo-barítono Fingerlos, éste de destacada firmeza vocal y un tanto menos cómodo y entonado el primero que en las canciones de Britten que cantó el 27 de julio. Este canto a la amistad fiel nos hizo evocar el de Carlo y Possa del Don Carlo verdiano, y nos dejó pensando de qué forma el compositor de Busetto se dejó inspirar por Bizet, ambos plasmando el sentimiento amical mediante inolvidables y arrebatadoras melodías. La obertura de Ruslan y Ludmila de Glinka, que hizo lucir ampliamente la capacidad virtuosística de la orquesta, clausuró el programa de la gala, que ante los entusiastas aplausos reunió a los cantantes en el escenario para entonar por turnos un particular brindis a 4 de La traviata.
Así finalizaba un festival musical que durante diez días consigue reivindicar la excelencia musical así como dinamizar y revitalizar el turismo rural en una pequeña e histórica localidad fronteriza, un idílico puente entre Portugal y España, y que ha sido toda una enriquecedora experiencia estética para el que esto firma, quien ya espera con ilusión e impaciencia la edición número 13. Y no, no somos en absoluto supersticiosos.
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