Aunque no era esta la primera participación del violinista (Rotterdam, 1991) ni del pianista (Portland, EEUU, 1983) en el Festival de Marvão 2026, no asistí a su concierto anterior, el 26 de julio con la Orquesta de Cámara de Colonia, haciendo el Doble concierto para violín, piano y cuerdas de Mendelssohn. Ambos tienen curriculums y carreras profesionales impresionantes, y ciertamente no me decepcionaron. A lo largo de la primera parte de este concierto presentaron dos obras importantes del repertorio para violín y piano que no son habituales, posiblemente por su dificultad y en cierta medida 'extrañeza'.
La Sonata para violín y piano FP 119 (1942-43, revisada 1949) de está dedicada a -posiblemente por eso se toca tan poco en España- y fue escrita en plena 2ª Guerra Mundial. La crítica musical de la época no la apreció especialmente y el propio Poulenc no se sentía muy orgulloso de ella, y sin embargo a mí la obra me encantó, aunque no llegara a percibir el aire español que por lo visto tiene el 'Intermezzo' central, ni me pareciera tan trágico el final que alude al fusilamiento de Lorca.
Baar y Kim plantearon una versión dura, con un sonido muy cuidado lo que no significa que siempre fuera bonito. Las partes agresivas y casi feas -especialmente en el 'Presto trágico' de cierre- no faltaron, y además es una pieza que Poulenc compuso con la idea específica de evitar el tipo de obra donde el violín es una prima donna y el piano un acompañante, como era habitual en las sonatas para violín francesas del siglo XIX.
Pero Baar es un violinista impresionante (en el Festival de Marvão, supongo que por la influencia de Poppen, abundan los buenos violinistas), Ben Kim no le fue a la zaga, y el resultado fue muy satisfactorio, tanto desde el punto de vista técnico como expresivo. El tercer movimiento fue especialmente demostrativo de la coordinación entre Baar y Kim, llevan años tocando juntos (dos días antes, en este mismo festival, habían sido los solistas del Doble concierto para violín y piano de Mendelssohn), con Baar como más temperamental y expresivo mientras Kim mantiene muy eficazmente la estructura. El resultado es de una gran libertad al tiempo que fidelidad a la partitura.
La Fantasía en do mayor para violín y piano D. 93 (1827) de Franz es también poco habitual en conciertos, posiblemente por su gran dificultad técnica -el pianista la considera "la música más difícil jamás escrita para piano" y "más difícil que todos los conciertos de Rachmaninov juntos"- y porque no siempre suena schubertiana, de hecho el comienzo del 'Andante molto' inicial, con Kim creando una atmósfera casi 'impresionista' a base de cascadas de notas con mucho pedal, resulta extraña, casi un anticipo de Debussy o cuando menos Liszt. El segundo movimiento -basado parcialmente en uno de los lieder de Schubert, Sei mir gegrüßt D. 741- sonó precioso, juguetón y bastante beethoveniano pero tampoco parece encajar con otras obras tardías de Schubert. Y las disonancias del final del 'Allegro vivace' vuelven a resultar de difícil clasificación estilística: no hay que perder de vista que esta fue la última obra para violín y piano de Schubert y una de sus últimas obras en general, y que cuando la compuso ya tenía graves problemas de salud.
Cuando era pequeña no entendía los Lieder y no me gustaban, hasta que un profesor mío del conservatorio (Maximino Zumalave, luego convertido en director de orquesta) se paró a explicármelos, traducírmelos, y demostrarme las bellezas que puede mostrar un simple acompañamiento pianístico. Fue precisamente con de Robert , que exaltó mi alma romántica de adolescente, y desde entonces este sigue siendo uno de mis ciclos favoritos de canciones, especialmente 'Du Ring an meinem Finger'. Lo he escuchado en directo y en disco a muchas grandes cantantes pero no me pareció inferior a ninguna (incluida Elly a quien escuché hace justo cuarenta años, en uno de mis primeros conciertos 'importantes').
Con el acompañamiento muy atento de Ben Kim, Banse desarrolló una versión narrativa y coherente de este ciclo de canciones, sin grandes romanticismos pero intensa en su sobriedad. Especialmente emocionantes resultaron 'Du Ring' y 'Helft mir, ihr Schwestern' (como verán, me siguen encantando las historias de amor), aunque sin duda lo mejor del ciclo fue 'Nun hast du mir den erstern Schmerz getan', con un nivel de desolación y tristeza impresionantes, que sólo tímidamente intentó suavizar Kim en los acordes finales. Banse es muy expresiva, hasta el punto de que consigue que entendamos lo que está diciendo ... incluso sin saber alemán.
El público estuvo especialmente animado y aplaudidor en este concierto celebrado en la Iglesia de Santiago, pequeñita pero con una fascinante colección de santos, y de buena acústica para este tipo de conciertos 'íntimos', de modo que disfrutamos de dos bises, al final de la primera parte y de la segunda.
Y nuevamente de un público que se queda a charlar después del concierto, relajado y prolongando el placer de lo escuchado, algo que con nuestras prisas habituales parece una costumbre que ya se está perdiendo ... ¡pero en el Festival de Marvão no!
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