El dedica bastante atención este año al cincuentenario de la muerte de Benjamin , un compositor cuyo fallecimiento quedó bastante desdibujado en España, que en ese momento todavía -y hasta hace pocos años- estaba dominada por las vanguardias académicas y tenía una especial manía a Britten, ya no sólo por su estilo musical sino también por su fuerte oposición al régimen franquista. Como además en ese momento había muy poca ópera en España, Britten era compositor casi de una única obra, la Guía de orquesta para jóvenes, o sea, una pieza didáctica y de encargo, de gran calidad pero para niños. Otro modo de minimizar un catálogo tan maravilloso como el de Britten.
Curiosamente para este homenaje del Festival de Marvão se han elegido mayoritariamente obras del Britten juvenil, veinteañero, algunas como la Simple Symphony de datación algo incierta porque aunque tiene como fecha oficial 1934, Britten la escribió por lo menos parcialmente en su infancia y primera adolescencia. Sólo algunas de las canciones de The Red Cockatoo and other Songs, una selección de canciones publicadas en 1994 recogiendo canciones que Britten no llegó a publicar por diferentes motivos (a veces simplemente porque no 'encajaban' en el ciclo para el que fueron escritas), y datadas entre 1935 y 1962, muestran un Britten posterior.
Es difícil destacar un momento concreto de un concierto que fue precioso de principio a fin. Carreira, que me acompañaba, se quedó enamorado de la versión para quinteto de cuerda de la Simple Symphony. Yo disfruté mucho de las canciones de On the Island op. 11, de 1937. Y ambos coincidimos en que quizá lo mejor del concierto fue la Suite para violín y piano op. 6 (1935). ¿Significa eso que ‘The Red Cockatoo’ y otras canciones no nos gustaron? Pues en absoluto, pero no es un ciclo compacto, sino canciones sueltas, algunas de las cuales son de gran calidad y otras, sin ser malas -no hay nada malo en Britten-, tienen un interés limitado.
La interpretación de On the Island op. 11 estuvo a cargo de una joven cantante española, la soprano (Madrid, 2002) que todavía está realizando sus estudios en la Escuela Reina Sofía, con , codirectora del Festival de Marvão. Isabel tiene una voz bonita, pero sobre todo una inteligencia musical valiosísima y casi extraña en una cantante tan joven. Empezó 'Let the florid music praise!' un poco envarada pero a partir de ahí fue creciendo hasta convertir la humorística 'As it is, plenty' final en un despliegue de buen humor que hizo sonreír a todo el público. El 'Nocturne' fue quizá la canción en la que más se lució, expresiva, delicada, musical.
La Suite para violín y piano op. 6 fue otro 'debut', el de Ruifeng Lin (China, 2000), con una carrera más amplia que la de Carla Isabel pero también finalizando sus estudios de violín en el Conservatorio de Shanghai. Fuerza, incluso pasión, musicalidad, fraseo impecable, y sobre todo reflexión e interiorización de la obra, unidos a la belleza intrísenca de esta Suite (cuesta creer que Britten tuviera sólo 21 años cuando la escribió), convirtieron su interpretación en un momento álgido del concierto. Y al finalizar los aplausos del público fueron entusiastas, incluso con gente en pie. El año pasado descubrí en este mismo festival a Kevin Zhu y me grabé su nombre. Este año la estrella del violín creo que va a ser Ruifeng Lin, por más arriesgado que sea decir esto tras oír sólo el primer concierto de un festival que va a presentar otros muchos violinistas.
Tanto el lucimiento de Isabel como el de Lin debieron mucho a la presencia al piano de Aleksandar (Belgrado, 1968), un pianista acompañante bregadísimo, capaz de adaptarse tanto a la brillantez de Lin como a la dulzura de Isabel, siempre comedido en su participación pero auténtica viga maestra de las interpretaciones.
Las canciones de ‘The Red Cockatoo’ and other Songs estuvieron a cargo del tenor Martin (Rum, Austria, 1984) a quien había escuchado en ópera -canta bastante en Frankfurt y Dresde- pero no como liederista. Lo primero que me llamó la atención fue su 'escuela británica' muy apreciable en un cantante austríaco y que se mueve en el ámbito germánico sobre todo. Al igual que sus compañeros se tomó muy en serio las canciones, al grado de intentar dar empaque a algunas que apenas lo tenían o incluso eran intrascendentes como 'Birthday Song for Erwin', un bomboncito para un amigo. Me gustó mucho la 'Cradle song (Sleep, my Darling, sleep)' que no es una canción de cuna como pensaba sino más bien una canción romántica, o sea, el sueño de un adulto, y 'When you are feeling like expressing', donde texto y música encajaban muy bien. La última, 'Um Mitternacht', no parece la mejor opción para cerrar el álbum por su extensión y ligero envaramiento, dentro de un grupo de canciones donde predomina la ligereza.
La versión para quinteto de la Simple Symphony, datada en 1934 igual que la orquestal, es por su frescura, claridad textural y de ideas una muestra del deslumbrante talento del Britten preadolescente, sólo comparable -Carreira dixit- al de los Mendelssohn. El 'Pizzicato' es el único número que suena mejor en la versión orquestal, pero el resto de los movimientos lucen aún más en esta versión de quinteto que pivota sobre la parte del contrabajo, tan bien interpretada por Florian (el hijo de Christoph). Asimismo el , cuyo curriculum y premios le permiten disfrutar del préstamo del Cuarteto Stradivarius de la Nippon Music Foundation, se mostró como un cuarteto brillantísimo, perfectamente conjuntado, y con una ligereza que fue otro momento de alegría en un concierto donde no escasearon.
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