Un pequeño teatro en la casa de un dueño rico, con
invitados cenando en restaurantes caros o con un frondoso picnic en el parque
campestre adyacente a la sala. Un lugar ideal, entonces, para recrear esta obra
de Strauss y von Hofmannsthal sobre las desdichas de artistas encargados de satisfacer a un millonario y sus invitados con
un espectáculo lírico marginal.
Marginal
a la cena y a programados fuegos de artificio que presionan la decisión del dueño
de casa de juntar el agua con el aceite. En este caso, la reyerta de bambalinas
sobre si un número de commedia del arte debía
preceder o seguir el drama central de la Ariadne abandonada por Teseo en Naxos,
debe dar finalmente paso a la orden del anfitrión de juntar comedia y tragedia … en
un solo espectáculo.
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