El apellido de Kalashnikov se presta a broma y el programa que planteó reforzaba esta broma. Desde el comienzo de la Sonata para piano nº 21 en do mayor op. 53 “Waldstein", Kalashnikov se mostró si no peligroso, sí cuando menos agresivo. No cabe duda de que admira al Beethoven poderoso, ese que domina el piano como quiere dominarlo él también, y su comienzo de la Waldstein fue casi excesivo por potencia y grandiosidad. ¡Pero qué maravilla!
Quizá lo que más admiré de él fue su uso del pedal, que contribuye significativamente a ampliar el sonido pero nunca mezcla o satura. Técnicamente domina el piano con todo lo que este verbo implica: pulsación, equilibrio de las manos, potencia, agilidad de escalas y arpegios, y un toque personal que podía parecer a veces algo exagerado -el modo de retirar bruscamente las manos del piano en una nota…
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