Aunque este año el Festival Internacional de Música de FIMM dedicó bastantes conciertos a la música vocal, el grueso del festival sigue siendo la música de cámara, los cuartetos especialmente, con un buen número de conciertos que presentan tanto repertorio 'clásico' -no siempre del más habitual- como música más actual o atípica.
Y este concierto del 31 de julio a las 4 de la tarde fue uno más. Y eso es mucho cuando hay buenos intérpretes, ambiente agradable, y un público interesado.
El nació en 2017 y es uno de los cuartetos jóvenes más prestigiosos: ha ganado premios importantes en concursos y por sus grabaciones, ha sido 'Artista residente' del (2022-23), etc. Su versión del Quinteto de cuerdas en do mayor D 956 (1828) de Schubert, acompañados por la violonchelista, también coreana, Yoosin Park, fue muy atractiva. En primer lugar por la conjunción entre los miembros del quinteto, pero aún más por el sonido mimado, por la naturalidad del fraseo, por el control de los cambios dinámicos, y porque tienen una visión de lo que quieren hacer y lo hacen. Si tuviera que destacar un momento de la interpretación, me quedaría con el tercer movimiento del Quinteto, el 'Scherzo. Presto - Trio. Andante sostenuto' porque les permitió ser apasionados, con un sonido más lleno, y con una parte central meditativa que hicieron muy bien. El 'Allegretto' final tuvo un comienzo un poco desajustado, pero luego el Novus String Quartet hizo una versión espléndida en la que los temas pasaban de unos instrumentos a otros con toda naturalidad, se mantenía la idea de conjunto y hasta parecieron 'crecer' hasta convertirse en una orquesta de cámara y no un simple quinteto. La coda final simplemente impresionante.
El Octeto para cuerdas en do mayor op. 7 (1900) de requirió la unión del segundo cuarteto, el , que dos días antes había interpretado en la Iglesia de Santiago -en el marco del Festival- los tres Cuartetos de cuerda op 41 de Schumann. Es un cuarteto más reciente, se creó en 2019, y casi tan premiado como el Novus String Quartet, y la unión de ambos funcionó bien, aunque en algunos momentos hubo esporádicos desajustes, inevitables tratándose de dos cuartetos distintos.
El Octeto op 7 de Enescu es una obra extensa, de más de media hora, y juvenil (Enescu tenía menos de 20 años), por lo que acusa la grandiosidad y complejidad que a menudo buscan los compositores jóvenes, ansiosos por demostrar todo lo que saben hacer. Los Novus y los Arete, dotados de una gran técnica, no tuvieron dificultad alguna en este apartado, pero en el 'Lentement' la expresividad común tuvo momentos mejorables, algo que no ocurrió en los movimientos rápidos, el 'Très fougueux' y sobre todo el 'Mouvement de valse bien rythmé' donde sonaron brillantes, incluso contundentes.
La acústica de la Igreja de N. Sra. da Estrela, que no favorece tanto a las voces, resultó sin embargo muy adecuada para para este Octeto, que sonó nuevamente a música orquestal y no de cámara. El numeroso público mostró el habitual entusiasmo ante los intérpretes, pero en esta ocasión no hubo bises.
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