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Festival de Marvão

Entre arreglos y pret à porter

Maruxa Baliñas
Gromes y Riem en Marvao
Gromes y Riem en Marvao © 2026 by Pilvax Films / Sara Timar / Festival de Marvao
Marvão, domingo, 2 de agosto de 2026.
Igreja de N. Sra. da Estrela. Fortissima. Hildegard von Bingen, O virtus Sapientiae, antífona. Johann Sebastián Bach, Prelúdio n.º 1 em Dó maior, BWV 870 (Arr. Julian Riem). Lera Auerbach, Prelúdio n.º 1 em Dó maior (de 24 Preludes) (Andante). Johann Sebastián Bach, Prelúdio n.º 10 em Mi menor, BWV 855 (Arr. Julian Riem). Lera Auerbach, Prelúdio n.º 4 em Mi menor (Allegro ossessivo). Johann Sebastián Bach, Prelúdio em Mi bemol menor, BWV 853 (Arr. Julian Riem). Lera Auerbach, Prelúdio n.º 14 em Mi bemol menor (Allegretto scherzando). Maria Szymanowska, Nocturno em Si bemol maior (Arr. Julian Riem). Luise Adolpha Le Beau, Sonata op. 17. Rebecca Clarke, Rhapsody. Nadia Boulanger, Trois pièces. Raphaela Gromes, violoncelo. Julian Riem, piano. 12 Festival Internacional de Música de Marvão FIMM
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La violonchelista alemana Raphaela Gromes (Múnich, 1991) y el pianista Julian Riem (Múnich, 1973) llevan años colaborando como dúo y han sacado cuatro discos juntos para Sony Classical, el último de ellos un disco doble, Fortissima, hace menos de un año, acompañado de un libro del mismo título. Dado que el título del concierto era precisamente Fortissima cabía suponer que se trataría de una presentación del disco, pero no: aunque pueda ser la base para este concierto, recoge sólo una de las piezas contenidas en el doble disco, la Sonata op. 17 de Luise Adolpha Le Beau. Otras dos obras provienen de un álbum anterior, Femmes (2023), que fue un gran éxito: O virtus Sapientiae de Hildegard von Bingen y las Trois pièces de Nadia Boulanger. Pero en general lo que presentaron Gromes y Riem fueron obras nuevas, acaso el germen de un nuevo disco. 

Así parece indicarlo el grupo de seis piezas, alternando un preludio de Bach y uno de Lera Auerbach, que ocuparon buena parte de la primera mitad del concierto. No es una novedad, pero sí una organización que funcionó muy bien: la querencia de Auerbach por la música de Bach y, en general, por la tradición es bien sabida y la combinación funciona muy bien.  

Los arreglos de Riem de los Preludios de Bach fueron bastante similares entre sí: Riem mantiene gran parte del Preludio original en el piano y sobre él crea una melodía de violonchelo que resalta los 'puntos importantes' de la armonía. Sencillo pero eficaz. Por su parte, los Preludios de Auerbach tienen desarrollos variados, no son bachianos pero conservan elementos fundamentales de su estilo. Así el Preludio nº 1 es una pieza meditativa que trabaja sobre todo el registro grave del violonchelo con algunos efectos en el sobreagudo; el Preludio nº 4 está lleno de tensión y de acumulación de sonidos, hasta el punto de resultar obsesivo; el Preludio nº 7 es el más bachiano pero con una carga de tensión que Bach no suele utilizar y con un lenguaje avanzado casi atonal, además de una especie de cita de La flauta mágica que no desentona del carácter barroco. 

La primera obra del concierto, la antífona O virtus Sapientiae de Hildegard von Bingen, fue un comienzo discreto del concierto. Obra corta y sencilla, sirvió para 'calentar' el ambiente, tanto para los músicos como para el público. Gromes hizo cantar al violonchelo y Riem acompañó discretamente. Por su parte, el arreglo de Julian Riem del Nocturno en si bemol mayor de Maria Szymanowska fue más bien una transcripción, porque se mantuvo con pocos cambios la combinación de melodía y acompañamiento virtuosístico del piano del original. 

La Sonata op. 17 de Luise Adolpha Le Beau (1850-1927), escrita para violonchelo y piano, fue la obra que más me interesó del concierto. Apenas conocía a la compositora y esta extensa Sonata me permitió disfrutar de su encantadora mezcla del rico estilo Belle Époque con ciertas reminiscencias del estilo Biedermeier schubertiano sobre todo en su 'Andante tranquilo' central. Acaso pueda ser considerada una obra convencional, pero es preciosa. 

La segunda parte del concierto comenzó con la extensa Rhapsody (1923) de Rebecca Clarke (1886-1979) una compositora que está empezando a tocarse con regularidad y lo merece. Su lenguaje es muy personal y no siempre de fácil clasificación porque a partes que podrían encajar en la Belle Époque le suceden otras de libertad armónica y casi renuncia a la tonalidad. 

El concierto finalizó con las Trois pièces (1911-13) de Nadia Boulanger (1887-1979), escrita originalmente para violonchelo y piano al igual que la Rhapsody de Clarke. Como en las obras anteriores Gromes se mostró como una violonchelista más expresiva que brillante, muy musical y con un fraseo natural muy agradable. Por su parte Riem volvió a comportarse como un acompañante más que como un partenaire de Gromes, muy eficaz y dando el apoyo necesario a Gromes para que esta desarrolle su versión con libertad. 

Un precioso final para un concierto en el cual la música de mujeres compositoras fue el hilo conductor de un programa ecléctico donde lo importante era la música, presentada con rigor y bien seleccionada. 

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