Pocas salas de concierto pueden presentar un Requiem (1837) de Berlioz, porque pocas tienen un escenario suficiente para incorporar toda la instrumentación que pide Berlioz. Pero el Royal Albert Hall, con su forma de circo, puede. Son más de 5.000 butacas a las que se unen la llamada 'arena', gente de pie que paga una cantidad pequeña por su entrada y se amontonan en la parte central de la sala.
En esta interpretación del Requiem de Berlioz el aforo se redujo porque el coro -los coros más bien-, ocuparon la parte de la sala que está frente al director de orquesta. Y también en butacas se colocaron dos de los cuatro grupos de metales [coros de viento-metal] a los que Berlioz reserva un papel propio y que deben estar 'fuera' de la orquesta, aunque sólo sea en los extremos del escenario. Al contrario que otros directores, Pappano no los…
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