Reino Unido

El ADN de Beethoven

Xoán M. Carreira
Martin Fröst
Martin Fröst © Sony Music Entertainment
Londres, domingo, 16 de agosto de 2026.
Royal Albert Hall. Martin Fröst, Cradle Song. Jacob Mühlrad, HELIX (encargo conjunto de la BBC, estreno mundial). Jean-Philippe Rameau (orqu. Hans Ek), Dardanus – Gigue del Acto 5. George Frideric Handel (arr. Hans Ek), Dixit Dominus – ‘De torrente in via bibet’. Johann Sebastian Bach, Bulgarian gigue basada en la Suite francesa nº 5 BWV 816 – Gigue. Jean-Philippe Rameau (arr. Shai Wosner, orqu. Hans Ek), Les Indes galantes – Les sauvages. Göran y Martin Fröst, Nomadic Dances. Beethoven, Sinfonía nº 7 en la mayor. Swedish Chamber Orchestra. Martin Fröst, clarinete y director. BBC Proms 2026
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Martin Fröst (Uppsala, 1970) es una de las personalidades más relevantes de la música sueca (en el género 'clásico') no tanto por ser un clarinetista excepcional como por su singularidad performativa que convierte cada actuación suya en un espectáculo integral. 

En esta ocasión tituló Beethoven and Baroque su presentación en los BBC Proms con la Swedish Chamber Orchestra. En la segunda parte, la Sinfonía nº 7 de Beethoven, y en la primera siete obras, dos de autores de la primera mitad del siglo XVIII (Rameau y Haendel) y cuatro de autores actuales: Göran y Martin Fröst, Shai Wosner y Jacob Mühlrad, de quien se estrenó mundialmente HELIX (un encargo conjunto de la BBC y la Swedish Chamber Orchestra), una obra que fue bailada por Anna Garde, chelista principal de la Swedish Chamber Orchestra, quien también cantó. Según explica su autor, HELIX

explora la música de danza religiosa. El klezmer judío y las ragas hindúes fueron mis primeras fuentes de inspiración: fuí criado dentro de la tradición de la canción litúrgica judía. Con la interpretación de hoy de la Séptima sinfonía de Beethoven en mente, una secuencia de la sinfonía se entremezcla en los momentos culminantes de HELIX. Martin Fröst toma el papel de un 'cantor', su clarinete liderando a la orquesta en frases largas y declamatorias. La música se mueve por oleadas que construyen, destruyen y construyen otra vez.

A modo de preludio para HELIX, Fröst compuso una breve Canción de cuna que él mismo describe como

Una fugaz fantasía para clarinete sólo, Canción de cuna es un tapiz construido sobre el segundo movimiento de la Sinfonía nº 7 de Beethoven. También sirve como una introducción a HELIX de Jacob Mühlrad. 

La pretensión de que la primera parte del programa compartiera el ADN de la Séptima sinfonía de Beethoven logró su objetivo, pues las fuentes retóricas del espectáculo sonoro y visual de esta primera parte son las mismas que alimentaron la Séptima de Beethoven, los violentos contrastes de las Odas olímpicas de Píndaro y las metáforas fluviales en las Odas de Horacio. 

HELIX es un canto dionisíaco a la vida y a la fiesta, y una reivindicación del hedonismo. Una fiesta protagonizada por Fröst y Garde pero en la que también intervienen esporádicamente diversos músicos de la orquesta. Como es habitual en la música actual, Mühlrad recurre al museo de la historia de la música  para tomar en préstamo estilos, géneros, procedimientos y técnicas que combina según su arbitrio y necesidad, desafiando sin pudor el talento performativo de Fröst quien, por su parte, acierta en la selección de las breves  y vitalistas piezas que se interpretan a continuación de HELIX, cerrando la fiesta con las Nomadic Dances escritas en colaboración con su hermano Göran. 

En este contexto pocas veces he disfrutado tanto de la Danza de la Gran Pipa de la Paz de Rameau, que hace unos años volvió a estar de actualidad al servicio de una maravillosa coreografía de street dance

La excelencia de esta primera parte creó enormes expectativas sobre la interpretación de la Séptima sinfonía de Beethoven, una sinfonía política -mucho menos bailable de lo que creía Wagner- y cuyo carácter es bastante diferente del de las obras con las que comparte ADN. Como cabía esperar, Fröst no parece especialmente interesado ni por las querellas historicistas ni por lo debates filológicos, si bien como buen conocedor de las tradiciones interpretativas toma la opción de seleccionar las variables que más convienen a su personal perspectiva, que atiende desde luego a la vitalidad y no invisibiliza la retórica militar de los movimientos tercero y cuarto (en los cuales eché en falta el uso de contrafagotes opcionales según la práctica de Leipzig en vida de Beethoven). Sin desatender la tradición berlinesa consolidada por Furtwängler, Fröst asume la perspectiva báltica impulsada por Paavo Järvi que atiende preferentemente a la retórica en detrimento de las cuestiones formales y que recupera la división de la orquesta en tres coros: vientos, cuerdas, y -con una función de llamada heráldica- dos trompetas naturales y timbales históricos. 

La orquesta y Fröst nos ofrecieron una interpretación hermosa e impecable de los dos primeros movimientos, mientras que en los dos últimos surgieron algunos leves problemas de articulación y ritmo que afectaron a la claridad del discurso y a la transparencia tímbrica. Quizás Fröst debiera considerar la conveniencia de añadir a Carlos Kleiber en su cóctel de tradiciones para que este alcance una excelencia acorde con su enorme talento y sensibilidad. 

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