Como corresponde a un festival producido por una radiotelevisión pública, el estreno de obras nuevas forma parte del perfil identitario de los BBC Proms. Esta vieja tradición nos da la clave de un ácido comentario de Sir Thomas Beecham sobre la excesiva reverberación de la inmensa sala en que se celebran los Proms:
El Royal Albert Hall es la sala favorita de los jóvenes compositores porque les proporciona la rara oportunidad de escuchar dos veces su obra.
Desde la perspectiva actual los BBC Proms juegan un papel informativo importante, tanto para los que asistimos a los conciertos como para los que escuchamos sus emisiones desde las emisoras públicas de nuestros países. Las orquestas y directores participantes se toman muy en serio realizar nuevos encargos o el estreno en Gran Bretaña de obras de creadores actuales significativos, de diversas etnias y variados estilos.
Siguiendo la corriente internacional, los BBC Proms programan música actual destinada a complacer las expectativas de los intérpretes y los públicos de nuestros días, lo cual contrasta vivamente con el hábito de muchos festivales españoles de encargar estrenos -por motivos patrióticos o de fanatismo estético- a creadores conservadores cuando no rancios de músicas académicas y obsoletas autoetiquetadas como 'vanguardia'.
En el año del centenario de John Coltrane, el Concierto para clarinete ‘If love will not swing wide the gates’ (2024-25) de Gabriel Kahane (Venice Beach, California, EEUU, 1981) nos ofrece un grato viaje por las músicas más vitales y emotivas de los últimos sesenta años.
El clarinete solista nos guía por las fascinantes sonoridades del bebop, el free-jazz, las músicas no-occidentales, la música kleztmer, los experimentos de los años 1970 de los compositores - intérpretes más virtuosos y, desde luego, por los paisajes musicales más entrañables / radicales del musical del pop-rock, de la música latina e incluso pinceladas del punk o del metal, lo cual es viable cuando se cuenta con un solista de la talla de Anthony McGill (Chicago, EEUU, 1979), que ha conseguido triunfar en una edición de los Proms en la que participaron clarinetistas míticos.
La BBC National Orchestra of Wales es una formación espléndida, de gran ductilidad y empaste, que lució un bello sonido bajo la dirección de Ryan Bancroft (Lakewood, California, EEUU, 1989), que se crece en estas circunstancias. Kahane escribe al respecto:
Cuando Anthony McGill y yo comenzamos a hablar de un concierto para clarinete coincidimos en un concepto acerca de la tortuosa relación entre las comunidades negras y judías en el siglo XX: en la música y en los derechos civiles, atravesando momentos de alianzas y otros de horrendos prejuicios. Yo reuní una lista de lecturas y comencé mi investigación.
Casi al instante caí de cabeza en un dilema: no hay, por supuesto, una única comunidad judía como tampoco hay una única comunidad negra. [...] Abandoné los conceptos extramusicales y comencé a escribir intuitivamente, pensando sólo en el glorioso sonido que sale del instrumento de Anthony, el cual es en sí mismo un canal para su amplio corazón y mente. Lo que surgió fue una obra en tres movimientos continuos con un intermezzo y cadenza entre el segundo y el tercero, todo enmarcado por una introducción y coda lánguidas y especulares.
En agradecimiento a las ovaciones, Kahane se sentó al piano y nos cantó, junto con McGill uno de sus temas más populares: A Little Love.
Aaron Copland abrió el programa con su Suite de Billy the Kid (1938-39), un ballet coreografiado por Eugene Loring, en una ejecución -que no interpretación- modélica de Ryan Bancroft, conseguida sin duda en unos ensayos meticulosos y minuciosos que fructificaron en una concertación ejemplar y un bello sonido. La BBC National Orchestra of Wales se siente muy a gusto con Bancroft, su director principal desde 2020, y esta era una ocasión especial pues se trataba de uno de los últimos conciertos de Bancroft antes de su despedida.
La música de Copland exige transparencia y que 'el aire circule: en sus propias palabras "que los instrumentos avancen sin darse codazos". Bancroft lo consigue, pero la música de Copland también requiere una articulación y fraseo naturales y espontáneos, así como una sutileza rítmica y un hedonismo que Bancroft no alcanza a conseguir. Por ese motivo no esperé a escuchar la Petrushka (versión de 1947) de la segunda parte del concierto y salí disfrutando del recuerdo del estreno de Kahane.
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