I never Asked to Fall in Love - You made me Feel like This © 2026 by Tracey Emin / Tate Modern
Entre el 27 de febrero y el 31 de agosto, se presentó en la Tate Modern una exposición dedicada a Tracey Emin (Croydon, UK, 1963) con el título de Tracey Emin. A Second Life. No me quedó claro a qué "segunda vida" se refiere el subtítulo. Acaso alude al modo en que Tracey Emin volvió al arte después de una crisis vital que incluso la alejó de la pintura durante varios años. O su segunda vida es la actual, cuando después de haber sido una de las pintoras más escandalosas de una generación, los Young British Artists -que fue muy escandalosa- se ha convertido en una 'Royal Academician', y Dama del Imperio Británico, entre otras condecoraciones.
No es fácil comentar esta exposición, que me afectó mucho incluso personalmente. Como comenté en un mensaje privado familiar respecto a las exposiciones de ese día en la Tate Modern, que incluyó también una exposición de Ana Mendieta y otra de Frida Kahlo: "Exposiciones de arte tristes. Frida Kahlo era la más optimista". Las experiencias vitales de Tracey Emin han sido duras, pero mientras la mayor parte de la gente opta por 'olvidar' o por lo menos ocultarse a una misma las cosas más terribles que le han ocurrido, Emin las convierte en materia artística, las trabaja, las explica visualmente.
Y no se trata de que las amplíe o hurgue en ellas, porque muy pocas veces se le puede acusar de 'amarillismo'. Simplemente detalla, cuenta cuidadosamente los hechos pero sobre todo cómo los vivió. Y si en su famosa My bed (1999) podría haber cierto exhibicionismo, no lo hay en la mayoría de los cuadros y objetos que se han seleccionado para la exposición, supongo que con su 'visto bueno'.
Si miran ustedes la página web de la Tate Modern respecto a esta exposición, si abren el vídeo de Youtube que anuncia la exposición, lo que más llama la atención es precisamente la sobriedad de las imágenes. De hecho, viendo el trailer de la exposición, se podría pensar que Emin es una artista que hace cosas con luces de neón. Pero no es así en absoluto. Lo que ocurre es que la Tate Modern tiene que ser necesariamente muy discreta respecto al contenido de la exposición, como lo estoy siendo yo al hablar de ella, porque como en pocas ocasiones se puede poner el aviso de que "estas imágenes pueden herir gravemente su sensibilidad". O como avisa la Tate Gallery ya antes de entrar en la exposición, incluso antes de comprar la entrada:
Esta exposición incluye obras de arte que exploran la vida y las experiencias personales de Tracey Emin. Contienen referencias a sexo antes de la edad legal, violencia sexual, aborto provocado y espontáneo, y enfermedad grave con peligro de muerte.
Pero si el arte es ante todo emoción, creación, expresión, saldrán dolidos de esta exposición, pero también emocionados y conmocionados. Y con ganas de apoyar / consolar a Tracey Emin y a aquellas mujeres que han pasado por experiencias semejantes, y que a lo mejor están mucho más cerca de nosotros de lo que pensamos, porque estas son experiencias muy frecuentes, porque desgraciadamente lo que cuenta Emin no es algo excepcional, y John Donne nos lo explicó hace más de cuatrocientos años:
Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la masa. Si el mar se lleva un terrón, todos quedamos disminuidos. La muerte de cualquier persona me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente, nunca preguntes por quién doblan las campanas: doblan por ti.
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