Rudolf Serkin (1903-1991) es uno de los mejores representantes de esos pianistas de antes de la Segunda Guerra Mundial (aunque por supuesto siguieron en activo tras ella) que consideraban su arte como una auténtica religión, de la que el público tenía que ser admirador, creyente, nunca protagonista. Serkin se horrorizaría seguramente si oyera a uno de los musicólogos posmodernos, como Nicholas Cook, hablando del fenómeno musical como una interacción entre partitura, intérprete y público. Para Serkin existían unos dioses, muy humanos por otra parte, los compositores, a los que él humildemente servía como mediador, para que fueran entendidos por un público que sería meramente un receptor admirado.Por eso Serkin tocó muy poca música para piano de tipo virtuosístico, mientras destacaba como intérprete de la gran música germana clásica y…
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