Seguramente el título de esta reseña habrá
parecido vulgar a alguno, pero no. No le falta del todo razón porque he usado a
propósito la locución ‘popular’ en España, pero para referirme a muy otra cosa.
A saber: que con un par de cantantes de semejante tonelaje la reposición de la
ópera de Verdi, incluso en esta producción y con sus altibajos, cobra sentido. Sobre
todo cuando Beczala y Tézier fueron grandísimos, pero no los únicos que lo
hicieron bien. Aunque tan bien ya casi no estoy acostumbrado. Y menos dos al
mismo tiempo.
Si la sala estaba tan llena (aunque no agotadas
las entradas) se habrá debido a eso, en especial a que era la primera de las
funciones en las que se presentaba el tenor polaco. De aquel primer Faust en
concierto, tan bien recibido, el camino hasta este Radamès ha sido largo, y
entonces podría haber parecido…
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