A veces este tipo de transcripciones de obras célebres resulta desconcertante en un primer momento, porque nuestro oído -más bien nuestra memoria- está acostumbrado a otra sonoridad. No me ocurrió en estas dos Sonatas de Chopin y Brahms, que suenan perfectamente naturales a pesar de la diferencia tímbrica. Ciertamente el paso de violonchelo o de violín a viola no es demasiado diferente, pero es que además Causa y Berman lo hacen con tanta sencillez y seguridad que el resultado es 'normal'.
Porque eso es lo primero que me gustaría destacar de esta interpretación de Ettore Causa y de Boris Berman, la enorme musicalidad de las versiones, que convierten en un placer la escucha. Sobre todo, el movimiento final de la Sonata op 65 de Chopin, que creo que se ha convertido en la versión de referencia para mí.
Pero además, sin que Causa y Berman se hayan contituído en dúo formalmente (por lo menos hasta donde yo sé), ambos son compañeros en el departamento de música de la Universidad de Yale y, a juzgar por la conjunción entre ambos, deben tocar juntos frecuentemente. Todos tenemos en la memoria ejemplos sobrados de grandes músicos cuando tocan por separado, que sin embargo al juntarse 'la pifian' o cuando menos pierden interés: no es el caso de Causa y Berman, a los que se les siente como perfectamente unidos.
El folleto que acompaña al disco, firmado por Paul Berry, justifica las transcripciones para viola sin mucha complicación, explicando -y es totalmente cierto- que en el siglo XIX, cuando escribieron sus Sonatas Chopin y Brahms, era mucho más habitual escuchar las obras en arreglos que tal como el compositor las había escrito. Que los intérpretes de música de cámara, sobre todo los amateurs, los más abundantes, tocaban las obras con los instrumentos de que disponían o adaptándose a sus propias capacidades, de modo que las transcripciones eran muy habituales.
Centrándose ya en estas dos obras concretas Berry especifica que ambas obras conservan sus tonalidades originales y que las partes de piano se han cambiado mínimamente, y que lógicamente se mantienen las texturas y el diálogo entre los dos instrumentos prácticamente igual. Y sin embargo el resultado es algo distinto, porque la viola es un instrumento de sonido más delicado y esa delicadeza es la gran diferencia respecto al original, pero también porque hay notas del violín o del chelo que la viola no tiene y por tanto hay que cambiar, lo cual Berry justifica como que "hay que entender esos cambios no sólo como repuestas pragmáticas al registro de la viola, si no también como signos de la lectura específica de la partitura de Causa y Berman, ventanas hacia sus interpretaciones de dos Sonatas románticas icónicas".
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