España - Cantabria

Programa ruso

Roberto Blanco
Dimitri Shostakovich
Dimitri Shostakovich © DM
Santander, jueves, 22 de octubre de 2026.
Sala Argenta del Palacio de Festivales de Cantabria. Antón Arenski: Variaciones sobre un tema de Chaikovski, op.35. Dmitri Shostakovich: Concierto para piano nº1 en do menor, op.35. Sinfonía de cámara en do menor, op.110ª (Barshai arr.). Alexandra Segal, piano. Marcos García Vaquero, trompeta. Madrid Soloist Chamber Orchestra. Gábor Szabó, concertino y dirección. Homenaje 120º Aniversario del nacimiento de Shostakovich.
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Antón Arenski (1861-1906) fue un compositor y docente ruso poco interpretado y conocido en Occidente; prematuramente fallecido tras una etapa sumergido en el alcohol y el juego, fue alumno de Rimski-Korsakov y muy influido por Chaikovski, y en su faceta de profesor del Conservatorio de Moscú tuvo alumnos insignes como Scriabin y Rachmaninov. Con su obra Variaciones sobre un tema de Chaikovski dio comienzo la primera parte de un concierto interpretado por la agrupación Madrid Soloist Chamber Orchestra (MSCO) bajo la dirección del también violinista Gábor Szabó en la Sala Argenta del Palacio de Festivales de Cantabria. Las variaciones se basan en la pieza Leyenda perteneciente a las Dieciséis canciones para niños, op. 54 de Chaikovski. Esta pieza, que sirvió de base para las variaciones que conforman el segundo movimiento del Cuarteto de cuerda nº 2 en la menor de Arenski, fue después adaptada para orquesta de cuerda por el propio autor, y fue la que pudimos escuchar en este concierto en Santander.

La interpretación de la MSCO resultó especialmente cautivadora, sobre todo la segunda variación de carácter danzante con un ágil movimiento de las cuerdas agudas, y la variación pastoral que le siguió. Los pizzicatti de la cuarta variación fueron ejecutados con maestría y la variación final fue pura poesía, con el ingenioso tratamiento que construyó Arenski, dejando bien patente la destreza técnica de los instrumentistas.

Como homenaje al 120º aniversario del nacimiento de Shostakovich, se interpretó después su Concierto para piano nº 1 en do menor, op 35 que, compuesto en 1933 -un año antes de Lady Macbeth del distrito de Mtsensk, la obra que provocó la caída en desgracia del compositor ante el régimen soviético- refleja un estado de ánimo desenfadado, con un espíritu travieso y experimental.

A la MSCO se sumaron Alexandra Segal al piano y Marcos García Vaquero a la trompeta. Szabó, al igual que en el resto de la velada, dirigió desde el violín. El primer movimiento, Allegretto, fue interpretado con ímpetu, destacando la agilidad y rapidez de Segal al teclado así como la claridad virtuosística de la trompeta de García Vaquero. El movimiento central, Lento, mostró a una cuerda contenida ante el pasaje lírico de la trompeta, tras el cual el piano llevó hasta el Moderato para desembocar en el Allegro con brio con los electrizantes intercambios de piano y trompeta acelerando mediante acordes excéntricos que terminaron en el estallido final.

Hubo después dos bises de gran belleza musical y de lucimiento para los solistas del concierto: Vocalise para trompeta y piano del compositor ruso Kirill Molchanov, y Quejas o la maja y el ruiseñor con que se cierra la Suite Goyescas para piano de Enrique Granados.

Pero el verdadero núcleo emocional de la velada llegó con la Sinfonía de cámara en do menor, Op.110a de Shostakovich, el arreglo que hizo el director Rudolf Barshai para orquesta de cuerda del Cuarteto nº 8 de Shostakovich. Es sin duda una de las obras más personales del compositor, escrita en un momento de abatimiento vital. Íntima y personal, la obra está repleta de autocitas y marcada por su lema personal: el motivo DSCH que sustenta toda la obra representa las iniciales del compositor y se corresponde con las notas re-mi bemol-do-si en la nomenclatura musical germana.

La interpretación de la MSCO dejó clara la comprensión y penetración en esta obra. El sonido de la cuerda rebosó de profundidad y pasión. La sonoridad oscura y resonante conseguida en el Largo inicial, con los deslumbrantes solos de violín y violonchelo pintaron un momento de desolación absoluta. Y sin respiración nos dejó el Allegro molto que le siguió, un ejercicio de enorme intensidad y energía frenética que, en el tercer movimiento se convirtió en un vals histérico. Los dos movimientos finales destacaron después por la calidad de algunos pasajes solistas: el del concertino Gábor Szabó, que transmitió gran severidad, y el del violonchelista explorando el registro más agudo de su instrumento. El Largo final, reflexivo y desesperanzador resultó inquietante, concluyendo la obra en una atmósfera sombría que fue desvaneciéndose lentamente en un silencio abrumador.

No quiso despedirse la Orquesta sin ofrecer al público un bis: El frenético Allegro molto de esta impresionante Sinfonía de cámara de Dmitri Shostakovich. 

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