Tras
veinte años, vuelve a Sevilla un título clave de la ópera francesa del XIX que,
en su anterior y primera visita al Teatro de la Maestranza, no llegó a
convencer (si exceptuamos la labor llevada a cabo con la ROSS por el simpar
Michel Plasson). En este caso, tanto la puesta en escena como el reparto se
cuidaron un poco más y, en general, la satisfacción del público la noche del
estreno permitió dar por saldada la deuda. No es fácil, por extensión de la
obra -mayor incluso si se hubiera presentado completo el ballet-, familiaridad
de los espectadores con la historia y demanda vocal, salir airoso de un
proyecto como el Romeo y Julieta de Gounod, pero, al menos desde lo
musical, se puede afirmar que se cumplió con holgura.
Comenzando
por una pareja de protagonistas entre los que parecía existir mucha química: la
soprano Nina Minasyan,…
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