Dos nombres punteros del panorama musical catalán han compartido el escenario del Petit Palau, dentro de la temporada de cámara que organiza el Palau de la Música de Barcelona. Cosmos Quartet por un lado, y la pianista Alba Ventura por otro. Bueno, en realidad, el “cada uno por su lado” se ha dado sólo en la primera parte del concierto, donde Alba Ventura ha abierto la sesión interpretando las variaciones mozartianas, para después dejar paso al Cosmos con su aportación beethoveniana. En la segunda parte, bien lejos se quedó lo de “por un lado y por otro”, sino que tuvimos todo lo contrario, los miembros del cuarteto y la solista de piano, todos en un mismo lado, el del Quinteto Op. 44 de Schumann. Y como narraremos a lo largo de la reseña, bien juntos, bien unidos y bien compenetrados se nos mostraron en esta última obra.
Unas pocas líneas nos bastarán para plasmar una breve presentación de los intérpretes, ya que pocos lectores habrá que no hayan, como mínimo, oído hablar de ellos. Cosmos Quartet es una formación joven, con poco más de una década de vida, que en su todavía no larga existencia, ya ha sido capaz de hacerse un nombre entre los mejores grupos de cámara de la actualidad, mientras que Alba Ventura es una pianista que algunos conocimos ya en su etapa de niña prodigio, y que hoy se encuentra en el mejor momento de su madurez. Muy apreciados por los melómanos son sus recitales, así como sus colaboraciones con las mejores orquestas, directores y conjuntos de cámara. En el Palau de la Música la veremos actuar en varias ocasiones durante la presente temporada.
Y, como ya se ha mencionado, ha sido Alba Ventura, en solitario, quien ha puesto en marcha la propuesta musical de la velada. La verdad es que me encanta esta pianista. Además de poseer una técnica perfecta, digna de la mítica Academia Marshall (que ella dirige en la actualidad), es una intérprete versátil, sensible, segura de sí misma, que puede mostrar su cara más delicada (como sucedió con su increíble interpretación del Concierto Emperador de Beethoven, hace poco más de un mes, también en el Palau, tal como lo comentamos en su momento) o, como ha hecho con las Variaciones K. 265 de Mozart, sacar a relucir su máxima brillantez para exponer esta página aparentemente sencilla e infantil, que sin embargo, Mozart transformó, variación a variación, en una auténtica filigrana de virtuosismo.
En el Quinteto Op. 44 de Schumann, el arte de Ventura supo alcanzar de lleno aquello que reclama la genial partitura del compositor alemán: romanticismo a tope; pasión, turbulencias, contrastes tan extremos como mágicos, en fin, un desbordamiento de energía que abraza la obra desde la primera hasta la última nota. Pocas veces he escuchado una intervención solista en esta obra tan profundamente romántica, apasionada, con tanta facilidad para establecer los contrastes. Ciertamente, después de la audición, tanto de las variaciones mozartianas como de este quinteto de Schumann, me reafirmo por completo en la frase que he dejado escrita más arriba, en la presentación de los intérpretes: Sin duda, Alba Ventura se encuentra en el momento más dulce de su madurez como pianista.
Pero no olvidemos al otro gran protagonista de la noche, el Cosmos Quartet, que el haberlo dejado en segundo lugar no ha de entenderse como ningún tipo de menosprecio. Todo lo contrario. Para empezar, y aún habiendo tenido que sustituir a dos de sus miembros habituales, los cuatro instrumentistas catalanes nos han ofrecido una interesante versión del primero de los cuartetos llamados “de juventud” de Beethoven. En general, las seis piezas que conforman el Op. 18, y en concreto, la que se nos ofreció en la velada, poseen una cercanía todavía evidente al espíritu camerístico de Haydn, pero mostrando ya un despunte del estilo propio del Genio de Bonn.
Los miembros del Cosmos han acentuado este último punto, ofreciendo la obra desde un prisma mucho más decimonónico que dieciochesco. Los dos primeros movimientos, más largos y musicalmente jugosos, constituyen la clave de este Op. 18 n.º 1, y los hemos podido escuchar con su necesario trasfondo haydniano, pero pudiendo percibir a la perfección las innovaciones rítmicas y las osadías de sonoridad que el joven Beethoven ya fue capaz de inyectar en la partitura, gracias al planteamiento y a la transparencia que han plasmado los miembros del cuarteto en su interpretación.
¿Y qué decir del Quinteto Op. 44 de Schumann? Gracias a la aportación del Cosmos Quartet a la ya mencionada lectura de Alba Ventura, hemos podido vivir una experiencia de inmersión emocionante en las profundidades del Romanticismo, un Romanticismo camerístico, sí, pero que en esta obra casi alcanza la personalidad de la música sinfónica.
En muchos momentos surgen ecos del famoso Concierto para piano Op. 54, y de algunas de las obras instrumentales del autor. Ahí ha estado todo, plasmado por unos intérpretes, Cosmos Quartet y Alba Ventura, que han demostrado formar un tándem ideal para la música de cámara del Romanticismo. Lástima que tan solo un 60-70% del aforo de la sala hayamos gozado de esta magnífica velada. La música de cámara, por desgracia, sigue atrayendo poco público a las salas de concierto.
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