No, no me he equivocado en el título. Sucede que he estado releyendo las páginas que dedica a la obra Rubens Tedeschi en su libro I figli di Boris (EDT, 1990, Turín, cap. VIII, pág. 155-160), tan jugosas como las famosas naranjas, con motivo de la reposición (casi más bien estreno) del maravilloso título de Procofiev en su tercer trabajo para el mundo lírico. Sigo sin entender, y cuando veo una de sus óperas más aún, por qué no ha entrado a formar parte del repertorio junto con los títulos más famosos, ya que méritos más bien le sobran que le faltan. La versión en francés puede que, por lengua, resulte más bon enfant que en ruso (o incluso en italiano -lector, perdona, soy tan viejo que todavía recuerdo cuando Procofiev se cantaba en italiano, y era un buen precio para conocerlo y entender los textos de sus ‘jugosas’ óperas:…
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