Pasar de la escena con orquesta, colegas, coros, maquillaje, vestidos, a un escenario desnudo, con ropas más o menos elegantes pero 'civiles', un piano y un acompañante no es un paso fácil. Y un gran cantante puede serlo en uno de los dos ámbitos; si lo es en ambos, afortunado él (o ella) y quienes los escuchan. Suele suceder que los cantantes más 'dramáticos' no resulten los más distinguidos liederistas (aunque hay excepciones, como en todo: véanse los casos de Hans Hotter y Régine Crespin). Hoy en día no es raro ver excelentes artistas en uno u otro terreno que se lanzan al otro, sobre todo cuando -frente a los Goerne y los Quasthoff, para hacer dos nombres- hay muchos 'consagrados' que hacen del recital algo que está más cerca de la música ligera que de la clásica.Peter Mattei no llegó a esta situación: su programa fue consistente y…
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