La fascinación por la Commedia dell'arte parece haber sido una epidemia que afectó a todas las artes entre 1890 y 1930, quizá sus dos expresiones más universales hayan sido la ópera I Pagliacci (1892) y el personaje cinematográfico de Charlot (1914-1930), paradigmas de una moda que afectó a la pintura de Picasso, el teatro de Meyerhold y Benavente, la poesía de Apollinaire, T. S. Eliot o Mallarmé, y, desde luego, compositores tan diversos como Verdi, Bartók, Busoni, Debussy, Falla, Puccini, Schönberg, Stravinsky o Walton. Característica común a todas estas recreaciones es la tragedia, sea el payaso homicida de Leoncavallo, sea el patético hombrecillo de Chaplin, sea el Pierrot triste de Picasso.Diaghilev, la personalidad artística más importante de la época, no sólo no se mantuvo ajeno al culto a la Commedia, sino que su propia carrera…
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