La Orquesta Filarmónica de Estocolmo es una buena orquesta: su sección de cuerda, aunque no posee un colorido excepcional, funciona a la perfección y es enormemente precisa; los instrumentistas de viento madera, sin ser solistas excepcionales, hacen gala de una afinación pluscuamperfecta en los pasajes de conjunto; y el viento metal es ante todo seguro, que no es escaso cumplido para tal sección. Estamos hablando, por lo tanto, de un conjunto perfectamente funcional y capaz de abordar cualquier repertorio con buenos resultados. El problema, desde mi punto de vista, es la evidente tendencia al hedonismo sonoro de su actual director titular, Alan Gilbert. Con esto me refiero a que las versiones de Gilbert parecieron estar más centradas en la belleza del timbre de su orquesta que en la fluidez del discurso musical.Este aspecto fue muy claro…
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