De entrada, una inusual imagen. Debido a los rigores del calor (el termómetro marcaba unos asfixiantes treinta y tres grados), los profesores de la Filarmónica de Viena entraban en el foso -para sorpresa de todos- en mangas de camisa. También en mangas de camisa y con paso firme y gesto serio, Thielemann hacía su aparición minutos después ante un aluvión de aplausos y bravos. Y es que Viena adora a Thielemann y quiere que vuelva con más repertorio germánico (ya están previstos, al parecer, un Parsifal y un Rosenkavalier). Thielemann, que sabe como hay que tratar a los vieneses, ha comentado en una reciente entrevista su intención de reducir sus apariciones operísticas (fuera de Berlín) a Bayreuth, Salzburgo y Viena. Tal deferencia ha hecho que sea (re)querido ahora mismo como pocos en la ciudad imperial.Thielemann es un director que a…
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