Entre su ‘Blanche Du Bois’ y su ‘Rusalka’ londinense, la diva norteamericana tuvo tiempo para venir a cerrar el ciclo de recitales de canto con un concierto extraordinario, que lo fue en todas sus acepciones. Ignoro cuánto más se mantendrá así, pero por lo que he escuchado hace dos días se encuentra en su apogeo. Muy bien acompañada por Hartmut Höll (que ataca con cierta brusquedad algunas piezas, sobre todo Strauss) y por el flautista Bruneel para una larga, difícil y poco interesante composición de Previn de 2000 (The giraffes go to Hamburg, cuya única bondad residió en asistir a un festival de técnica y timbre de la soprano), empezó -como corresponde y muchos olvidan- con un Händel que sirve para calentar la voz, pero también para algo más. "Di', cor mio" de la Alcina con la que hechizó a París y Chicago dio la medida de lo que estoy…
Comentarios